Hay quienes dicen que el mejor Diego Maradona fue el de Argentinos Juniors. Otros se inclinan por el de Napoli, Boca o la Selección argentina. Los más osados sostienen que el más fabuloso de todos los Diegos fue el de Cebollitas. Con Lionel Andrés Messi pasa algo parecido. Argentina y Barcelona se disputan el privilegio de haber visto al Leo más brillante. Pero en Abanderado Grandoli, el primer club de la Pulga en Rosario, se animan a levantar la mano y sacar pecho: ellos lo vieron cuando apenas tenía 4 años y todavía no era Messi.

“No sé si fue el mejor o no, la verdad es que éramos muy chicos. Leo jugó con nosotros desde los 4 hasta los 7 años. Lo que sí recuerdo es a mi papá siguiendo atento la carrera de él porque los padres de nuestra categoría no dudaban en que iba a ser jugador de Primera. Según mi viejo, hacía cosas impresionantes jugando con nosotros. En mi memoria tengo algunos flashes y no mucho más. Ya de grandes, con mi viejo estuvimos atentos al día de su debut en Barcelona porque para él era como una especie de profecía. Igual, la realidad es que todos en Grandoli aseguraban que Leo iba a llegar”, le cuenta a Clarín Ezequiel Assales, primer socio de Messi en la categoría 1987 de Grandoli.

La historia de Grandoli y Messi es conocida. Y empezó con un pedido de la abuela Celia Olivera de Cuccittini, la misma a la que el rosarino le dedicó cada uno de sus goles como profesional. El humilde club de barrio rosarino fue el lugar donde empezó todo. Allí estaban la nona y su nieto mirando un partido de la categoría 1986. Como al equipo le faltaba un jugador, Leo entró a la cancha gracias al pedido insistente de su abuela ante el entrenador Salvador Aparicio, que dudaba en aceptar la invitación por el diminuto tamaño del jugador. Y el pequeño Messi no solo tuvo una actuación sobresaliente, sino que además hizo el gol del triunfo. Desde ese momento, todos en el barrio supieron que entre ellos había un prodigio.

“Era darle un pase a Leo y esperar a que él haga todo. Es tal cual aparece en los videos, que gambetea a todos los que se le cruzan. Marcaba mucha diferencia desde chiquito, porque apenas teníamos 5, 6, 7 años. Íbamos por los clubes jugando y no nos ganaba nadie; se juntaba gente a verlo. Una de las cosas que recuerdo era que la 10 era siempre para Leo. Ahí es cuando el padre muchas veces hacía de técnico. Los recuerdo como gente súper normal y sencilla. Jorge no era de gritar ni de dar muchas indicaciones: nos acompañaba. Era igual a lo que es Leo ahora. En nuestro equipo atajaba Emanuel Biancucchi, que era un año más chico. Después, a los 7 años, ya se fue a Newell's”, amplía Assales.

Para Messi, la vida de futbolista siguió en Newell's y después partió a Barcelona para empezar a formarse como uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Tal vez, en el destierro catalán, simplemente reafirmó aquello que ya había demostrado en Grandoli: que su destino era de gloria y de magia.

Messi junto a Assales en Grandoli y con Jorge como entrenador.

“A Leo no me lo crucé más, pero seguí toda su carrera con ese orgullo un poco pavo de saber que fui uno de sus primeros compañeros. Muchos de los primeros partidos los miraba con mi viejo. Era y sigue siendo emocionante. Me queda la cuenta pendiente de verlo en cancha: jamás pude ver un partido de él como profesional. También me gustaría encontrarlo algún día y poder sacarme una foto junto a mis hijos”, explica Ezequiel.

Assales, que trabaja de operario de un laboratorio de productos de diagnósticos en Rosario, es además entrenador de la categoría 2015 en Grandoli. "Estoy hace 3 años", cuenta con orgullo. Y sigue: "Mis hijos Bastian y Lionel también juegan ahí. ¿No hace falta decir por qué le puse Lionel a mi segundo hijo, no?".

De Grandoli no existen videos en alta definición, estadísticas ni muchos trofeos para demostrarlo. Pero hay recuerdos. Los de un chico de 4 años que recibía la pelota, gambeteaba a todos y hacía que los padres dejaran de mirar el partido para analizarlo a él. Quizás nunca puedan ponerse de acuerdo sobre cuál fue el mejor Messi y hasta tal vez sea una insolencia asegurar que el mejor Leo fue el de los 6 años. Pero hay algo que nadie podrá quitarles a los chicos de Grandoli, como Assales: ellos lo vieron primero. Antes de Barcelona, antes de la Selección, antes de los Balones de Oro y de la gloria. Cuando todavía era Leo y el mundo no sabía que estaba frente a un elegido. Cuando recién lo empezaron a apodar la Pulga.