Mientras contempla el atardecer de Nordelta, donde hoy reside, Mariano David Dalla Libera se toma un café y rememora sus épocas como jugador. Aunque mantiene intacta su locura, muchas cosas cambiaron desde aquel polémico clásico rosarino en el que se despidió del fútbol. Distendido y sin casete, el Loco repasa su trayectoria en una charla con Clarín que fluye entre recuerdos y cierta nostalgia por el fútbol de antes y la vida "sin tanta tecnología".

Dalla Libera pasó buena parte de su infancia en el club Textil de Los Polvorines, donde el fútbol era el centro de la vida social. "Nosotros nacemos de los clubes de barrio", reflexiona. Fue allí donde tuvo como formador al padre de Norberto 'Beto' Alonso, quien más tarde le abriría la puerta de las divisiones inferiores de River Plate.

"Fue una infancia divina. Como en todos los clubes de barrio se festejaban los 15 de la hermana, terminábamos los partidos y nos quedábamos a pasar toda la tarde, festejábamos los carnavales. Era otra historia, otra niñez", agrega. En las inferiores de River compartió categoría con Néstor Pipo Gorosito, quien terminó siendo el capitán de esa camada, y Néstor Adrián De Vicente, un amigo al que todavía recuerda con dolor, a 15 años de su muerte.

"Nosotros nacemos de los clubes de barrio". Foto: Maxi Failla

Mariano reconoce que tiene mala memoria para las fechas y hasta se sorprende cuando escucha algunos datos de su propia carrera. Sin embargo, recuerda muy bien a cada uno de sus compañeros de aquella categoría 1964 con la que dio el salto a Primera División en plena huelga de futbolistas. "La semana pasada me llamó Pipo y me decía: 'Loco, pensar que hace 50 años nos conocemos y hoy tenemos 62', estaba medio melancólico", bromea, fiel a su estilo.

Alejandro Montenegro, Carlos Karabin, Fabio Nigro… Dalla Libera empieza a enumerar a sus antiguos compañeros. "Es lindo porque es una amistad de hace 50 años. Toda esa división todavía tenemos un chat y seguimos adelante, menos Adrián", recuerda. De Vicente tenía 46 años cuando murió en un accidente de tránsito en la autopista Panamericana. "No falleció, lo mataron porque se lo llevaron puesto. Él venía muy despacio", afirma.

"Mi relación con él era de hermandad. Dormía en la casa de él, él en la mía. Compartimos cumpleaños de la hermana, de él, de nuestros padres. Era una relación de hermandad, como la mayoría de esa categoría. Nos íbamos de vacaciones, me acuerdo, a Valeria del Mar. Cinco padres de compañeros compraron un lote e hicieron una casa, que todavía está en Pinamar. Para nosotros era como Disney", relata.

El debut en Primera División llegó el 10 de julio de 1983. River presentó un equipo de emergencia por la huelga de futbolistas y cayó 3-0 ante Unión de Santa Fe. "Teníamos edad de quinta división, creo. Fue una mezcla. Se hizo cargo Martín Pando, que era nuestro formador, con nuestros técnicos inferiores. Hubo una mezcla entre la categoría 63 y 64", recuerda.

Y sigue: "Gorosito, Troglio.. Todos talentos increíbles. El Negro Montenegro... No recuerdo los resultados, pero no hicimos tan mal papel, o no nos mataron a goles en ninguno. Teníamos leyendas del club que eran unos técnicos increíbles, como Pando, Pedernera, Delgado y Dominichi".

Mariano David Dalla Libera con Clarín. Foto: Maxi Failla

"Hay un grupo de WhatsApp de ese River. A Antonio lo cargan porque parece un búho, es para hacer jodas. Yo les puse el otro día que me iba a poner peluca. ‘Me dicen que son inteligentes, tengo que pagar dos lucas, me voy a poner esa peluca, pero no es peluca, me la pegan, me puedo bañar, transpiro, todo y no pasa nada’, se cagaban de risa. Como de chicos, pero ahora con inteligencia artificial", cuenta mientras exhibe las conversaciones.

Mariano pasó por River, Platense, Racing, Huracán, Estudiantes y Newell's, entre otros. Según cuenta, en todos los planteles encontró un factor común. "Tuve la suerte de formar buenos grupos. Cuando formás un buen grupo de laburo, es difícil que te vaya mal. Te predisponés de otra manera, vas con ganas", explica.

Hoy Dalla Libera considera que la tecnología es uno de los principales enemigos de la convivencia en los planteles. "Desde que nació esta porquería del celular, y ni hablar de la inteligencia artificial, que ¡no sé a dónde cuernos vamos a ir a parar!, yo vivo añorando nuestros recuerdos, ¡nuestras infancias sanas, amigables! La pasamos bien y se extraña. No existían casi los celulares, hoy quedas pegado en todos lados. En esa época, no existía".

El buen clima es la clave para que un proyecto funcione, pero no es lo único. "Lo de Platense fue mágico porque había jugadores de primer nivel y teníamos dos arqueros de selección, uno era Luis Islas y el otro era Hernán Cristante que venía del Toluca de México, de Selección. Después Tate Carracedo, 'Cravero', Baena que después fue a Madrid. Teníamos jugadores increíbles... El Bichi Fuertes".

Durante su paso por Platense conoció a Eduardo Chacho Coudet, con quien construyó una amistad que se mantiene hasta hoy. "Ahora es vecino mío y amigo, somos compadres. Yo soy padrino de los chicos de él, él de los míos. Lo conozco desde hace 30 o 40 años. Desde ahí, siempre juntos. Hoy los tengo acá al lado, siguen estando al lado. ¡Qué pesados, no se me van más! ¡Y encima me retiró del fútbol! ¡Ahora voy a ir a la casa, lo voy a re putear, porque cada vez que me acuerdo, lo puteo!", bromea.

"Tuve la suerte de formar buenos grupos". Foto: Maxi Failla.

Como ocurrió con el Chacho, encontró compañeros de locuras en cada club por el que pasó, pero también construyó grandes sociedades dentro de la cancha.. "Racing fue otra cosa. Con el Turco García, con Cacho Borelli, Teté Quiroz, Roa, Nacho… El Turco es un buen chico, tiene mucho corazón. No se merece pasar las cosas que ha pasado. Ojalá se le den las cosas porque se lo merece. Está loco. Creo que me ha superado ampliamente".

"El club era un desastre, pero el plantel era increíble. Podríamos haber salido campeones, pero fue ese campeonato raro que se paró, quedaron cuatro fechas, después fuimos a pretemporada para volver y nos terminó ganando River por un punto", relata. "No quiero decir que hubo cosas raras, pero bueno, no se nos dio", reniega.

Uno de esos momentos fue su recordada expulsión ante Ferro Carril Oeste, que prácticamente le costó al Racing de Carlos Babington el título del Torneo Apertura 1993. "Yo era una pieza fundamental en ese equipo. Mil veces me lo reprocharon los hinchas, pero ya es una herida curada. Que te saquen una amarilla por festejar un gol, es algo que no puedo creerlo. Me echan, después nos empatan, pero nosotros ahí éramos campeones. Entonces vos decís, hay una mano negra, pudo haber sido", señala.

"Me gustaba armar los grupos. Fui capitán de varios equipos y no lo digo por creerme nada. Los técnicos te ponen en esa posición porque te ven como un líder positivo. Nunca me gustaron las divisiones. De Estudiantes de La Plata, ni hablar. Con el Bocha Ponce, Craviotto, un sinfín de talentos y de personas. Tengo grandes recuerdos de todos, de Newell's, donde largué el fútbol", reflexiona.

"Hay un dicho que yo usaba mucho que era, 'el que viene acá, entra a este vestuario y viene con cara de cola, no le gusta cómo se trabaja y no le gusta cómo es nuestro grupo, tiene la puerta abierta para irse a otro lado donde pueda ser más feliz', pero no se iba nadie, se adaptaban todos. Me gustaba la joda. Que daba resultado, daba resultado”, se defiende.

"Lo de Platense fue mágico". Foto: Maxi Failla

Cuando Eduardo Coudet apenas llevaba dos partidos en la Primera División de Platense, participó de una de las tantas bromas del plantel: se llevaron el micro del club con varios jugadores a bordo durante un asado en el club. Mariano fue parte: "Hacíamos jodas sanas. Fuimos a entrenar a Palermo con Platense, y bajaba el gordo a tomar mates, entonces le afanamos el micro y nos fuimos con el plantel con el micro. Nos divertíamos, jodas de esas. Así puedo contar un montón. Nos matábamos de risa".

"Una vez con River, a Galíndez, no sé si fue con el Bambino o con Griguol después, en la pretemporada, le pateamos una pelota de un décimo piso... Y Galíndez la fue a buscar, olvidate.. Nunca la encontró porque eran calles en bajada", recuerda entre risas.

Si de algo está convencido es que ninguno de sus compañeros se negaba a sumergirse en la locura colectiva. "Los chistes, las jodas, quedan ahí en la intimidad del plantel y se disfrutan. Al que no le gustaba lo dábamos vuelta porque cuando tenés una mayoría que va por este camino te tenés que adaptar", relata.

"Había varios locos. Eran complicados. No voy a dar nombres porque se van a enojar, pero no eran carmelitas descalzas. No, no, no. A mí me mandaban al frente siempre porque, qué sé yo, siempre fui este, pero teníamos varios cómplices. Las cosas no las armaba uno solo, pero disfrutamos. En esa época sin estos (los celulares), se podía", insiste.

El capítulo final de su carrera llegó en el histórico clásico rosarino del 23 de noviembre de 1997. Rosario Central ganaba por 4-0 en el Gigante de Arroyito cuando el encuentro fue suspendido porque Newell's quedó en inferioridad numérica. Uno de los cuatro expulsados fue el propio Dalla Libera, que vio la roja luego de cometer una falta sobre Eduardo Coudet.

"Hacíamos jodas sanas". Foto: Maxi Failla

"Fue el último partido de mi vida, muy raro. Echaron a cuatro, cinco, pero no lo quiero repetir mucho, porque ahora me voy a seguir acordando y lo voy a agarrar del cuello. Lo toqué, porque lo toqué. ¡Te juro que no le pegué! Lo toqué. ¡Pero él es un payaso! Dio 24 vueltas carnero y me echaron", relata.

"Tuve que salir por la autopista corriendo a Buenos Aires. No jugué más. Me quedaba un año de contrato en Newell's, no volví más. Estaba cansado. Las rodillas ya me venían molestando bastante, me infiltraba a veces para jugar". La decisión de colgar los botines no fue fácil. "Hay que retirarse con una buena imagen, porque cuando vas en declive no tiene sentido. Si vos creaste una imagen, ya está", sostiene.

"No me retiré, me retiró porque me echaron. Manejé esos 300 kilómetros y le dije a mi señora: 'Mañana nos vamos a Estados Unidos, no juego más'. Me llamaba el presidente por teléfono y me decía:‘Te vamos a intimar a que vengas’. Y yo le decía: ‘Mandame lo que vos quieras, no juego más al fútbol ¿querés que yo vaya, me siente en la cancha, tome sol y te cobre el contrato?' Lo entendió".

A lo largo de su carrera profesional disputó algunos de los clásicos más importantes del fútbol argentino. Su favorito, después del Superclásico entre River y Boca, es el rosarino. Su favorito, por fuera del cruce porteño por excelencia, es el clásico rosarino. "Si sacamos River-Boca, está Newell’s-Central. Una semana antes y una después nos teníamos que ir a concentrar a San Nicolás, era pesado".

"Vivo añorando los viejos tiempos". Foto: Maxi Failla

"El clásico rosarino es terrible. Más antes, cuando jugábamos con las dos hinchadas, eso estaba muy bueno, realmente muy bueno. Después está Independiente vs. Racing, qué sé yo, Huracán vs. San Lorenzo, pero ¡si me das a elegir uno lindo, pesado, piola, es el clásico rosarino!", cuenta. "Es el que más me gustó".

Actualmente, Mariano ya no va a la cancha. Prefiere mirar los partidos en la tranquilidad de su casa, acompañado por una picada de salame y queso. Además del fútbol, es fanático de los deportistas que representan a la Argentina, cualquiera sea la disciplina. "No estoy para caminar 800 cuadras para ir a ver un partido".

"No nos damos cuenta de que somos una máquina de sacar talentos deportivos. En hockey, estamos allá arriba. Tenemos a Colapinto en la Fórmula 1, en el fútbol tenías a Messi y vamos a tener otros más. En el tenis, en el top 10 tenés. A nivel deportivo tenemos una camada de deportistas increíbles y siempre nos vivimos quejando, ¡es una locura!", reniega.

"A veces me peleo y soy muy poco de las redes. Te da bronca cómo criticamos a deportistas que se desloman por dejarnos bien parados en el mundo. Si viajo a veces a Estados Unidos y coincido con el Abierto de Tenis de Miami, eso me gusta. Si estoy allá al Inter también voy a verlo", cuenta.

Dalla Libera fue contemporáneo de Diego Maradona e incluso llegó a recibirlo en su casa. "Tengo la camiseta firmada por él después de un partido en cancha de Boca que en cualquier momento creo que la voy a subastar, no, no, esa es una reliquia, está bien, en el museo de casa", bromea. "Era inspirador. Jugué varias veces contra él, tuve toda la vuelta de él y la suerte de tener un cierto carisma con él", recuerda.

"El clásico rosarino es tremendo". Foto: Maxi Failla.

"Esa época yo vivía en Don Torcuato, justo en la entrada a Hindú Club, y él entrenaba ahí con Boca. Paró en casa, con Guillermo Coppola, tomamos algo… No tengo nada para decir, era un crack". Aun así, reconoce que Messi despertó algo diferente en él. "Este muchacho rompió todos los esquemas. Creíamos que era demasiado con Diego, ahora es demasiado con este, qué sé yo".

"Amo a mi viejo, lo extraño, pero no lloré cuando partió y se me cayeron lágrimas por este pibe, ¿podés creer? Messi me sacó lo que me dicen mis amigos, que soy muy parecido a Pinocho porque no tengo corazón, y ¡este chico me hizo brotar las lágrimas! No me da vergüenza decirlo, es increíble, le deseo lo mejor. En mi casa lloramos por el viejo, y no lo conozco, no conozco al papá, no tuve la suerte de conocerlo", expresa.

Después de colgar los botines, Mariano tuvo la oportunidad de dirigir a Platense y la aceptó. Fue una experiencia que, según reconoce, no repetiría. "Me equivoqué por darle una mano a Platense, un equipo que yo quiero mucho, y le debo mucho. Sin haber terminado todavía la carrera de técnico, fui en el peor momento, donde no podíamos entrar en la cancha porque el club estaba clausurado", relata.

Su campaña en la Primera B Nacional de 2008 terminó con un balance de una victoria, un empate y nueve derrotas. "Era un desastre. Con todos los chicos, no había casi profesionales. Fue mi debut y despedida como técnico de fútbol. Me salió hacerlo por cariño y por retribución. Fui con Marcelo Broggi, que había sido compañero mío y como él sí tenía terminada la carrera podía entrar a la cancha. Yo no", reconstruye.

Hoy, celebra el ascenso del Calamar y su participación en la Copa Libertadores. "Hoy no es más como decíamos antes, ‘te gano con la camiseta’. Bienvenido sea Platense y todos los clubes que la pelean como Platense, que puedan estar en Sudamericana, en Libertadores, porque también eso le va a dar económicamente un plus para que puedan reforzarse cada vez mejor, arreglar mejor las canchas, hacer mejores tribunas. Tiene que ser así", expresa.

"Somos una máquina de sacar talentos deportivos". Foto: Maxi Failla

"No nos ayudaban ni cobrábamos, eso no lo sabía mucha gente. El hincha es pasional y quiere resultados. Fue así. Soy un loco, no me importa nada ni el qué dirán. No vivo del qué dirán, vivo de lo que hago como persona y cómo trato de educarme y educar a mis hijos. No pienso volver a dirigir. Te agradezco, gracias, pero no", remarca.

Su breve experiencia como entrenador también le sirve para analizar la salida de Eduardo Coudet de River. "Hablamos, pero no de las situaciones deportivas. Lo sintió mucho, yo creo que lo está sintiendo porque él ama a River y nadie creía que no se iban a dar los resultados. En el fútbol perdés tres partidos y estás afuera", reflexiona.

"Voy a dar un ejemplo estúpido. Batistuta no la metía en tres partidos y ya lo criticaban. ¡No podés criticar a Batistuta o lo querés sacar porque no hizo gol en tres partidos! Tenés que ver el contexto general. Hay veces que no le llega la pelota, hay veces que no se da. Hoy el fútbol es resultado. Si perdés, lamentablemente te tenés que ir", vuelve a renegar.

Pasaron casi 29 años desde su retiro. Alejado de los medios, recuerda las consecuencias de la exposición y la vez que se convirtió en el primer eliminado del certamen de cocina televisivo MasterChef 2021. "Hace poco me llamaron para esta nueva del cantando con el famoso. Le dije, ‘yo no puedo cantar ni en la bañadera’, pero en realidad no fui por miedo a esta exposición", explica.

"Son crueles, te dicen cualquier cosa. A mí me entra por acá y me sale por acá, pero lo viví y lo sufrí en MasterChef. Mis hijos sufrieron, mi mujer, la familia sufre cuando te critican de esa manera. Prefiero quedarme acá tomando café". Al mismo tiempo, volcó su entusiasmo al deporte motor. Comenzó como acompañante de René Zanatta en el Turismo Carretera y llegó a competir como piloto en la categoría TC Pista.

"Me equivoqué por darle una mano a Platense". Foto: Maxi Failla

"Fui copiloto de Zanatta y en esa carrera quedamos en el podio, terceros. Así arranqué y después creo que a la quinta o sexta fecha le dije ‘mira, René, yo te acompaño, pero me picó el bichito y me gustaría manejar a mí. Quiero, quiero correr yo ahora’", recuerda.

"Fui al taller de Sergio Guarnaccia, que corría en Turismo Carretera. Tenía un Falcon ahí desarmado, lo armamos y empecé a correr en el TC Pista con Ford. La primera carrera quedamos cuartos, anduve bien. Corrí dos años hasta que en casa me dijeron ‘se terminó esta locura’, porque era peor que el fútbol. Me iba los jueves y volvía el domingo", cuenta.

Actualmente, su vida transcurre en el ámbito familiar y empresarial. Después de superar un grave problema cardíaco por el que debió ser operado, mantiene una vida activa. "Estaba cortando el pasto en Pinamar, siempre me gustó. Empecé a transpirar frío y ahí me caí. Fue lo último que me acuerdo. Me dio un paro. Cuando me desperté, gracias a Dios, se ve que saltaron vecinos, estaba ahí tirado porque no llegué a donde estaba mi familia", relata.

"Me rehabilitaron y me trajeron para Buenos Aires, al Instituto Cardiológico de Buenos Aires donde me salvaron la vida. Me operaron, ¡me abrieron al medio como un chancho! Me cambiaron las válvulas. Hoy estoy como a los 30. Estoy bárbaro", expresa.

Administra un emprendimiento de tiempo compartido en el exterior y disfruta de su papel de abuelo, aunque la distancia lo separa de algunos de sus nietos. "Tengo una hija que vive en Barcelona, Antonella, que es la más grande. Después tengo otra viviendo en Miami, que es la que nos parte el corazón porque tengo los tres nietos Valentino, Santino y Faustina en Miami. Y los dos varones que son más vagonetas que están acá con nosotros", cuenta.

"Hice lo que me gusta y no lo que queda bien". Foto: Maxi Failla

Dalla Libera conserva intactos los recuerdos de su carrera y una convicción que lo acompañó durante toda su vida. "Hay que hacer lo que a uno le gusta y no lo que queda bien. Yo creo que hice eso. Hice lo que me gusta y no lo que queda bien. Te pueden criticar por una cosa u otra, a mí me gustaba. Sin faltar el respeto a nadie, disfruté".