Córdoba está revolucionada. Y el estado de convulsión no se debe esta vez a movimientos sociopolíticos que quedaron en la memoria colectiva del país. Esta vez, es el fútbol el que mueve los cimientos de una ciudad que agita pasión y a la que una final le quita el sueño. De un lado está Belgrano, que tiene por delante el partido de su vida ya que está a las puertas de hacer historia en búsqueda de su primer título en Primera División. Y del otro, River, el gigante con sed de venganza, que intentará no solo volver a gritar campeón, sino también no potenciar a esa bestia celeste que hace 15 años lo condenó a jugar una temporada en la segunda categoría.
Desde las 15.30, en un Mario Kempes repleto, con 50 mil personas (25 mil de cada hinchada) en las tribunas y un operativo policial de más de 1.100 efectivos, se define el Torneo Apertura. Si empatan en los 90 minutos habrá alargue y en caso de persistir la igualdad, penales.
La Docta vive estas horas previas a la gran final con un ritmo acelerado y en estado de éxtasis permanente. El banderazo de los hinchas de Belgrano en Alberdi así lo confirma y el recibimiento de los de River a sus jugadores a la hora de la cena, anoche, también.
Están los de Belgrano, que cuentan las horas para que llegue el partido y sueñan con una vuelta olímpica que no solo sería histórica para ellos, sino también para el fútbol del Interior. Están los de los otros equipos cordobeses, sobre todo los de Talleres e Instituto que le prenden velas a los jugadores de la banda roja para que eviten el festejo celeste.
Y están los de River, los que viven aquí y los que llegaron por tierra y aire con el deseo de volver a festejar un título, algo que no sucede desde marzo de 2024, justamente en el Kempes, cuando el equipo entonces dirigido por Martín Demichelis le ganó a Estudiantes la Supercopa Argentina. Y hace 3 años que no gana uno de Liga. Ser campeón además le otorgará la clasificación a la Copa Libertadores 2027, algo que también está en juego, y que le quitaría esa necesidad para el segundo semestre. Para Belgrano, en su caso, sería la primera vez que accedería al máximo torneo continental, después de jugar dos veces la Sudamericana.
Si bien no se trata de una revancha, hay una sensación de que si River festeja, se vengaría un poco de Belgrano. Es que el morbo está presente. Y aunque nada cambiará lo sucedido en la Promoción 2011, cuando el Pirata terminó de empujar al Millonario al descenso, que River le imposibilite al conjunto cordobés obtener su primera estrella en el fútbol argentino, le haría de algún modo saldar cuentas con su rival. En cambio, si el que gana es Belgrano, a River la derrota le removería esa herida, a pesar de haber quedado en el pasado tras la impresionante reconstrucción futbolística e institucional que tuvo tras aquel desgraciado episodio, con 19 títulos en poco más de una década.
En Belgrano hay tres ilustres que vivieron lo que para ellos fue una epopeya en el Monumental. El Ruso Zielinski, quien conduce nuevamente el barco como DT; Juan Carlos Olave, otrora arquero, ahora ayudante de campo; y el Mudo Franco Vázquez, juvenil en aquel tiempo, un experimentado en la actualidad. Además, en este momento tiene jugadores con sentido de pertenencia, como Lucas Zelarayán y Emiliano Rigoni, también surgidos del club. Y lo preside una gloria de la institución, Luis Fabián Artime, quien dejó una frase en la semana que marca lo que se vive en Alberdi, la cuna celeste, que está ante el encuentro más trascendental de sus 120 años. “El partido va a ser el más importante no solo de Belgrano... Tenemos la posibilidad de entrar en la historia del fútbol cordobés y del Interior", afirmó el Luifa.
Y es así. Porque hasta el momento, ningún club de los indirectamente afiliados pudo ganar un torneo de Primera División del fútbol argentino. Con la excepción de las copas que ganaron Tiro Federal (Ibarguren, 1920); San Martín de Tucumán (República, 1944); Atlético Tucumán (Campeones, 1960); Patronato (2022) y Central Córdoba (2024), Copa Argentina y Talleres (Conmebol, 1999 y Supercopa Internacional, 2025), nunca un club nucleado en el Consejo Federal pudo conseguir un título de Liga. Uno de los que más cerca estuvo fue otro conjunto cordobés, Talleres, que el 25 de enero de 1978 perdió una histórica final (la del Nacional 1977) con Independiente, a pesar de terminar jugando 11 contra 8.
Hay argumentos futbolísticos de los que Belgrano puede tomarse para pensar en la hazaña. Si bien no cuenta con la fortaleza defensiva (tiene a su mejor defensor, Lisandro López, en duda) de otros equipos de Zielinski, ya que mostró dificultades en los cierres y coberturas, cuenta con un equipo fuerte, de gran resistencia, con un arquero sólido como el uruguayo Thiago Cardozo, buen pie de mitad de cancha hacia adelante, con Rigoni, Zelarayán y González Metilli y un centrodelantero potente que es Lucas Passerini.
Es un equipo que si bien busca mucho a su referente de área por arriba y apuesta a las segundas pelotas, tiene también una versión más arrabalera, que le pone una pausa a sus acciones cuando Zelarayán pone la pelota bajo la suela o junta pases con sus laderos de ataque. El Chino es la figura del equipo.
En ese sentido, la propuesta de Belgrano choca con el rock and roll que propone Coudet. Su equipo está inmerso en la intensidad, la presión asfixiante, el ritmo alto y frenético y los ataques directos.
La formación del Chacho se sostiene en las manos del arquero Santiago Beltrán, la gran aparición de este 2026, en la figura de Marcos Acuña, que llega entre algodones, en el equilibrio de Fausto Vera y en el despertar de Facundo Colidio, figura en los dos últimos encuentros. Pero tiene varias bajas de peso como Gonzalo Montiel, Sebastián Driussi y Aníbal Moreno, que estará en duda hasta último momento. Tampoco a Matías Viña, por si se cae Acuña. Además, cuenta con el ímpetu de los pibes, los “vietnamitas”, que ayudaron a Coudet a pasar de Vietnam a jugar una final por un título, impensado tras el temblor que provocó la salida de Marcelo Gallardo, luego de un segundo ciclo lleno de frustraciones.
Era difícil imaginar este escenario para River hasta hace pocas semanas. Pero en los Playoffs encontró el camino de la redención. Con más resultados que juego, pasó del “que se vayan todos”, a pensar en que era posible la vuelta olímpica. Eliminó milagrosamente a San Lorenzo tras empatar en el descuento del alargue y estar doble match point abajo. Después superó con claridad a Gimnasia y jugó un gran partido para vencer a Central, un candidato. Todos los encuentros fueron en el Monumental.
Belgrano también logró un gran impulso en los Playoffs. Primero dejó en el camino a su clásico rival, Talleres, en el Kempes, lo que lo envalentonó para después ganarle a Unión en Alberdi y consiguió una milagrosa clasificación en La Paternal frente a Argentinos tras empatar en la última jugada del tiempo regular y ganar por penales tras levantar un triple match point. Una particularidad: de los cuatro partidos, incluida la final, habrá jugado tres en Córdoba en diferentes condiciones: de visitante, de local y neutral. Cosas del extraño fútbol argentino.
Hay un antecedente reciente entre ambos ya que compartieron la Zona B de la fase regular, en la que River terminó segundo, con 29 puntos y Belgrano, quinto, con 26. Fue el 5 de abril cuando, en Núñez, los de Coudet golearon 3 a 0, en uno de sus mejores partidos del semestre y en uno de los peores de los de Zielinski.
Nadie se quiere perder esta gran final. Pero en el Kempes solo habrá 50 mil personas, 25 mil de cada lado. Se vivirá en cada rincón de Córdoba y del país entero. Hasta el Potro Rodrigo, el cantante cuartetero, también estará con su alma presente, justo en el día que cumpliría 53 años, alentando desde algún lado a su Pirata cordobés, que buscará darle alegría a la ciudad.
Es que mientras River va por la vendetta y busca una nueva conquista, a un día de su aniversario 125, para alcanzar los 73 títulos y los 38 de Liga, Belgrano va por su propio Cordobazo.
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