La postal es impactante. A pocos horas del inicio del Mundial, el corazón de Ciudad de México está tomado por miles de docentes que acampan desde hace dos semanas frente a la Plaza de la Constitución. Entre carpas, lonas, banderas y pancartas, la protesta amenaza con colarse en la gran fiesta que la FIFA imaginó mostrarle al mundo.
Los alrededores del Zócalo lucen irreconocibles. Caminar por la calle Isabel La Católica es como hacerlo por Florida y Lavalle en plena hora pico, aunque con una diferencia sustancial: hay que esquivar cientos de carpas tipo iglú, cubiertas con lonas para resistir la lluvia y sostenidas por una maraña de cables que atraviesa las veredas.
Los reclamos de los maestros mexicanos, agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), no son muy distintos de los que se escuchan en Argentina y en otras partes del mundo. La magnitud y la unidad de la movilización, en cambio, sí llama la atención.
"En este momento, acampando en la ciudad, debemos ser alrededor de 15 mil", le cuenta a Clarín Wilber Sánchez, instalado en una de las tantas carpas. Y agrega: "Nosotros somos de Oaxaca y trajimos a la capital al 20 por ciento de los maestros. El otro 80 por ciento se quedó en nuestro estado sosteniendo las medidas de fuerza. El paro es masivo y contundente".
Cientos de docentes marcharon el martes camino al Azteca, sede de la jornada inaugural del Mundial de fútbol 2026. EFE/ Madla Hartz
El temor a que la protesta gane visibilidad durante la inauguración del Mundial mantiene en alerta al gobierno de Claudia Sheinbaum y también a la FIFA que preside Gianni Infantino. "Las actividades las definimos en la Asamblea Nacional de representantes. La marcha del martes en las inmediaciones del estadio se decidió la noche anterior. Siempre decimos que nuestra lucha es pacífica. Las demandas fueron reconocidas por la presidenta cuando estaba en campaña y ahora nos dice que no es posible cumplirlas", sostiene Sánchez. Y profundiza: "El salario que tenemos es raquítico. Seguiremos en la lucha porque todavía hay mucho por resolver. No se trata solamente de una cuestión salarial: también reclamamos mejores condiciones laborales, infraestructura y equipamiento para las escuelas".
Una de las banderas en contra del Gobierno mexicano y el Mundial. EFE/ Madla Hartz
"Presidenta, si no hay solución, no rodará su balón", es uno de los lemas que más se repite entre los manifestantes. ¿Qué piden? Exigen un aumento salarial del 100 por ciento, el regreso al régimen de pensiones públicas -para poner fin al sistema privado de retiro- y la derogación de la reforma educativa.
Desde el Gobierno mexicano aseguran que las negociaciones avanzan y mantienen la esperanza de que el conflicto se destrabe antes de que empiece a rodar la pelota en el partido inaugural entre México y Sudáfrica. "No habrá problemas. La inauguración se desarrollará tal como está prevista y no vamos a caer en ninguna provocación", afirmó Sheinbaum.
"No al Mundial del despojo", dice un grafitti. EFE/ Madla Hartz
Una muestra de lo que podría ocurrir el próximo jueves se vio el martes al mediodía, a pocas cuadras del estadio Azteca. Los docentes bloquearon carriles de la Calzada de Tlalpan en dirección al estadio y generaron importantes complicaciones para cientos de automovilistas que circulaban por una de las principales arterias del sur de la capital.
La pelota todavía no empezó a rodar, pero en las calles de de México ya se juega otro partido: el de miles de docentes que se ven necesitados de aprovechar la vidriera más grande del planeta para hacer escuchar sus reclamos.
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