El 28 de junio de 2025, en Charlotte, un rayo cayó a ocho millas del Bank of America Stadium y provocó que el partido entre Chelsea y Benfica por los octavos de final del Mundial de Clubes durara cuatro horas y 37 minutos. Lo que ocurrió entonces podría repetirse varias veces en la Copa del Mundo. El clima amenaza con convertirse en uno de los grandes protagonistas del torneo que organizan México, Canadá y Estados Unidos, país que albergará 11 de las 16 sedes y tiene estrictos protocolos para eventos deportivos afectados por tormentas eléctricas y fenómenos meteorológicos extremos.

La preocupación no es menor. A diferencia de otros grandes eventos deportivos, la FIFA no contempla en su reglamento un límite de tiempo a partir del cual un encuentro deba suspenderse definitivamente. Cada caso se analiza de manera individual, una situación que podría generar complicaciones logísticas en un torneo con 48 selecciones, 104 partidos y un calendario ajustado.

El problema está vinculado a una normativa que la FIFA está obligada a respetar en Estados Unidos. Según el protocolo nacional para tormentas eléctricas, cualquier evento deportivo debe detenerse inmediatamente si se detecta actividad eléctrica dentro de un radio de ocho millas (12,8 kilómetros) del estadio. En ese momento, los futbolistas deben abandonar el campo de juego y refugiarse en los vestuarios, mientras que los espectadores son trasladados a zonas seguras dentro del recinto.

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La cancha, bajo el diluvio, en la previa de Argentina vs. Islandia.

A partir de la última descarga detectada comienza una cuenta regresiva de 30 minutos. Si durante ese período no vuelve a registrarse actividad eléctrica, el partido puede reanudarse. Sin embargo, cada nuevo rayo reinicia el reloj desde cero. En la práctica, una tormenta persistente puede mantener detenido un encuentro durante varias horas.

Eso fue exactamente lo que ocurrió hace casi un año. El duelo entre el equipo de Enzo Fernández y el de Ángel Di María y Nicolás Otamendi estuvo interrumpido durante cerca de dos horas debido a una tormenta en las inmediaciones del estadio y terminó convirtiéndose en uno de los partidos más largos de la historia reciente del fútbol internacional. "Es una broma", protestó entonces Enzo Maresca, por entonces entrenador del conjunto inglés.

La experiencia del Mundial de Clubes dejó una señal de alerta para los organizadores. Durante ese torneo hubo varios encuentros afectados por condiciones meteorológicas adversas, una situación que podría repetirse en la Copa del Mundo debido a las características climáticas de varias de sus sedes.

Miami aparece entre las sedes que más preocupan a los especialistas. La ciudad de Florida registra durante junio y julio frecuentes tormentas eléctricas asociadas al calor y la humedad. Atlanta, Houston y Kansas City también figuran entre los puntos con mayor riesgo de interrupciones por actividad eléctrica durante el verano.

Consciente de ese escenario, la FIFA aseguró que trabaja junto con autoridades meteorológicas y organismos de emergencia de Estados Unidos, Canadá y México para monitorear las condiciones en tiempo real. El organismo informó además que realizó simulacros específicos para eventos climáticos extremos y que cuenta con protocolos de contingencia para responder ante posibles interrupciones.

Pero las tormentas eléctricas son apenas una parte del problema. Si las interrupciones amenazan con alterar el desarrollo de algunos partidos, el calor extremo aparece como una preocupación todavía mayor para futbolistas, entrenadores y especialistas en salud. De hecho, la FIFA ha decretado pausas de hidratación de tres minutos (cooling break) en cada uno de los 104 partidos del Mundial 2026: el árbitro deberá detener el juego a los 22 minutos de cada tiempo para que los jugadores puedan recuperarse físicamente.

Desde hace meses, distintas organizaciones vienen advirtiendo sobre las condiciones en las que podrían disputarse algunos encuentros del Mundial. El torneo se jugará entre junio y julio, pleno verano en Norteamérica, y varias sedes registran habitualmente temperaturas superiores a los 30 grados, combinadas con altos niveles de humedad que elevan considerablemente la sensación térmica.

El caso de Miami es el más citado. Allí, un partido programado durante la tarde podría desarrollarse bajo condiciones consideradas de estrés térmico elevado para los deportistas. Pero no es la única ciudad bajo observación. Dallas, Kansas City -donde la Scaloneta jugará durante la fase de grupos-, Houston y Monterrey también aparecen entre las sedes donde el calor podría convertirse en un factor determinante.

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Diluvio en Auburn a horas del amistoso de la Selección.

La propia FIFA reconoció el desafío. En un comunicado difundido el mes pasado, el organismo explicó que monitoreará las condiciones meteorológicas en tiempo real mediante herramientas específicas como el índice WBGT (Temperatura de Globo de Bulbo Húmedo), utilizado internacionalmente para medir el impacto combinado de la temperatura, la humedad, la radiación solar y el viento sobre el cuerpo humano. También seguirá de cerca el Índice de Calor, que calcula la temperatura percibida por las personas.

El tema ya había generado debate durante el Mundial de Clubes de 2025. En varios partidos disputados durante la tarde, jugadores y entrenadores se quejaron de las altas temperaturas y reclamaron una revisión de los horarios. Incluso algunos futbolistas describieron las condiciones como las más exigentes que habían experimentado en sus carreras.

Los expertos sostienen que el problema no se limita al rendimiento deportivo. La combinación de calor extremo y humedad puede aumentar el riesgo de deshidratación, agotamiento e incluso golpes de calor, especialmente en encuentros de alta intensidad física. El desafío alcanza también a los miles de hinchas que pasarán horas en los alrededores de los estadios antes de ingresar a los partidos.

Aunque la FIFA confía en que sus protocolos permitirán minimizar los riesgos, la experiencia reciente demuestra que hay factores imposibles de controlar. Si hace un año un rayo convirtió un partido de octavos de final del Mundial de Clubes en una jornada de casi cinco horas, ahora el organismo sabe que el principal adversario del torneo más importante del fútbol podría llegar desde el cielo.