No hay estadio en el mundo que tenga más historia que el imponente Azteca. No hace falta compararlo con el Camp Nou, el Santiago Bernabéu, Wembley, Old Trafford, Anfield, el Maracaná, el Centenario, la Bombonera o el Monumental. El dato estadístico es lo que se hace tan gigante como sus estructura: ya albergó 19 partidos de Copa del Mundo y el conteo sigue. No hay cancha que pueda igualar esa gesta. Solo el Maracaná de Río de Janeiro se acerca, con 15 duelos mundialistas.

Pero tiene otra marca imbatible el Azteca: se convertirá en el primer estadio en inaugurar tres Mundiales distintos. Lo hizo en 1970 (México 0-0 Unión Soviética) y en 1986 (Italia 1-1 Bulgaria); lo volverá a hacer ahora con el choque entre México y Sudáfrica.

Existen en el planeta estadios que albergan partidos y otros que se hacen naturales en el futbolero promedio. El Azteca pertenece definitivamente a esa segunda categoría. Es un museo a cielo abierto donde se mezclan (lo dicen las paredes, también) las hazañas de Pelé, las genialidades de Diego Maradona y algunos de los capítulos más trascendentes de la historia de los Mundiales.

Hugo Broos, el entrenador de Sudáfrica en el Estadio Azteca. EFE/ Isaac Esquivel

Cuando la pelota vuelva a rodar, el mítico escenario (que tiene un nuevo nombre comercial al que la FIFA tapó con un enorme cartel) tendrá una nueva oportunidad para ampliar una leyenda que parece inalcanzable. Entre las ediciones de 1970 y 1986, el Azteca recibió 19 encuentros, incluidos dos partidos inaugurales y dos finales. Una cifra impresionante que crecerá hasta 24 durante la próxima Copa del Mundo y que lo consolidará aún más en la cima de un ranking histórico.

Pero el peso del Azteca no se explica únicamente con estadísticas. Su verdadera dimensión está en los recuerdos que guarda, los mismos que se perciben al caminar por sus alrededores. Sí, se respira fútbol y gloria en las cercanías del estadio. Allí, el 21 de junio de 1970, por ejemplo, Pelé levantó la Copa Jules Rimet al frente de un Brasil que para muchos sigue siendo el mejor equipo de todos los tiempos. Aquella selección maravilló al planeta con un fútbol ofensivo y espectacular que tuvo su obra maestra en la final ante Italia, cerrada con el inolvidable gol de Carlos Alberto tras una secuencia colectiva perfecta.

Pelé en la cima del mundo, en el Azteca. (AP)

Dieciséis años después, el mismo césped fue testigo de otra historia inmortal. Diego Maradona convirtió al Azteca en el escenario de su obra cumbre durante México 1986. Allí eliminó a Uruguay en octavos de final, brilló contra Bélgica en semifinales y protagonizó el partido más famoso de la historia de los Mundiales frente a Inglaterra. En apenas 4 minutos, marcó la Mano de Dios y el Gol del Siglo, dos acciones que siguen alimentando debates, documentales y libros cuatro décadas más tarde.

La final de aquel torneo también tuvo como escenario al Azteca. Argentina venció 3-2 a Alemania Federal en un partido inolvidable que se resolvió con el pase magistral de Maradona para Jorge Burruchaga. Diego levantó la Copa y selló una imagen eterna, comparable únicamente con la de Pelé en ese mismo estadio.

Pero la historia del Azteca no empieza ni termina con Pelé y Maradona. Allí se disputó el célebre Italia-Alemania Federal de 1970, conocido como “El Partido del Siglo”, una batalla futbolística que terminó 4-3 para los italianos tras un suplementario repleto de emociones.

Maradona, eterno, con la copa en el Azteca. (AP)

Construido para albergar más de cien mil espectadores y concebido como la gran joya del fútbol mexicano, el estadio de Santa Úrsula sigue siendo un símbolo de grandeza. Y ahora, refaccionado y modernizado, volverá a abrir sus puertas para recibir a una nueva generación de futbolistas que buscarán dejar su huella.

Quizá aparezca una nueva estrella. Tal vez nazca una nueva leyenda. Lo único seguro es que el Azteca volverá a estar allí, observando la historia desde el mismo lugar donde vio tocar el cielo a Pelé y a Maradona. Porque algunos estadios organizan partidos. El Azteca, en cambio, organiza eternidades.