Cuarenta años atrás del partido que jugarán Haití y Brasil en el Mundial 2026, el dictador centroamericano, Jean-Claude Duvalier, dejó el país en manos del Ejército y puso fin a más de tres décadas de dictadura perpetrada por una dinastía que pasaría a la Historia como una de las más brutales de todos los tiempos.
Dos años antes de la huida de Baby Doc, una revuelta había empezado a tomar forma en Haití a causa de la crisis económica y el hartazgo frente a la represión del régimen que había iniciado su padre, François Duvalier (Papa Doc). A comienzos de 1986, cuando la situación ya no daba para más, el Gobierno de Estados Unidos presionó a Duvalier para que abandonara el poder y este huyó a Francia en un avión cedido por ese país.
François Duvalier, graduado en Medicina en la Universidad de Haití, es uno de los ejemplos más claros de dictadores que solidificaron su poder por medio del culto a la personalidad.
Sus primeros cargos en el Gobierno fueron como Director General del Servicio de Salud Pública Nacional y, posteriormente, como Ministro de Sanidad y Trabajo.
En 1957, cuando el gobierno militar tambaleaba, a Duvalier se le presentó la oportunidad de candidatearse a presidente. El pueblo lo consideraba uno más; era "el campeón de los pobres". Y no tardaría en lograr su objetivo.
François, de pie. Jean-Claude, sentado. Foto: AFP
Frank Dikötter, autor del ensayo “Dictadores: El culto a la personalidad en el siglo XX" (editado en español por Acantilado), lo describe en sus inicios como un joven “tímido y estudioso” que revindicaba que “la verdadera alma haitiana era negra y su religión, vudú” (muchos años después, en un discurso público, diría que los haitianos eran “negros superiores a los del resto del mundo”).
El poder fue volviendo a Duvalier cada vez más violento y místico. Por medio del jefe de Estado Mayor del Ejército, Antonio Kébreau, su gobierno intimidaba, encarcelaba y deportaba a quienes se oponían. Silenciaba diarios y disolvía sindicatos. Las libertades fueron desapareciendo poco a poco hasta que no quedó ninguna.
Duvalier creó una milicia propia para usarla de contrapeso con la regular. Eran conocidos como “tonton macoutes” (“hombre del saco” o “coco’). Usaban pistolas y se vestían como gángsters, con trajes lujosos de sarga azules, gafas oscuras con montura de acero y sombreros Homburg de color gris.
"Baby Doc", el hijo de François Duvalier. Foto: REUTERS
Al final, Duvalier gobernó en solitario desde su escritorio de caoba, con un arma siempre a mano y guardias atrás de la puerta. Le bastaba con tener controlados objetivos estratégicos.
En enero de 1971, todavía en su cargo y cuando ya estaba muy enfermo y desmejorado, nombró sucesor a su hijo, Jean Claude. Poco después, el 21 de abril, murió de causas naturales.
En este contexto, el fútbol
Durante la dictadura de Duvalier había un jugador de fútbol haitiano que defendía los colores de la Selección de Estados Unidos. Se llamaba Joseph Edouard Gaetjens, Joe, y su final fue a tono con la oscuridad que atravesaba su país.
Gaetjens sorprendió al mundo en el mundial de Brasil 1950. Anotó el único gol en la recordada victoria de Estados Unidos ante la poderosa Inglaterra, que llegaba como favorita. Fue un cabezazo inesperado. BBC News definió ese momento como “una de las mayores sorpresas en la historia de los Mundiales”.
Una postal del partido entre Inglaterra y Estados Unidos en Brasil 1950. Foto: AFP
En 1954, al finalizar su carrera, regresó a Puerto Príncipe, la capital haitiana, donde se estableció con su esposa. Abrió una tintorería y volvió a jugar para el equipo amateur local, el Étoile Haïtienne. Pero su tranquilidad duraría poco: tres años después, Duvalier llegaría al poder, y con él los ya mencionados macoutes.
Como adelantamos, la historia de fama y éxito de este jugador de culto daría un vuelco trágico.
Aunque él no estaba involucrado en política, sus hermanos sí, por lo tanto era un objetivo. Al Jazeera señala en un informe que en la tarde del 8 de julio de 1964, dos agentes macoutes se presentaron en la tintorería del exfutbolista y lo arrestaron. Lo metieron a la fuerza en el asiento de atrás de un auto a punta de pistola y lo llevaron a la prisión de Fort Demanche, una cámara de tortura y muerte ubicada en uno de los sectores más marginales de la capital.
Desde entonces, nunca más se supo de él. Casi todo aquel que iba a Fort Demanche no salía. O era fusilado, o moría de hambre, o contraía enfermedades fatales.
Seis años después de su detención, el gobierno haitiano admitió ante la familia de Gaetjens que había fallecido. Se había convertido en uno de los 3.000 que fueron a esa cárcel y no salieron.
Joe Gaetjens es alzado en hombros en Estados Unidos vs Inglaterra, en el Mundial 1950. Foto: AP
La causa exacta de su muerte motivó todo tipo de leyendas. Hay una versión que dice que, pocos días después de su traslado, el propio Duvalier irrumpió en la prisión y en un ataque de ira disparó personalmente contra Gaetjens. “Creo que es posible. ¿Por qué no?, Él (Duvalier) era un asesino”, dijo a Al Jazeera Mathilde Flambert, la hermana menor de Gaetjens.
El sitio oficial Haití.org indica tibiamente: “Se cree que su desaparición fue orquestada por el régimen de Duvalier”.
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