Siguen los mata-mata del Mundial 2026 y los partidos, como se viene viendo, cambian por completo. Ya no alcanza con jugar bien o haber hecho una gran fase de grupos -vale con ver lo que le pasó a Brasil contra Noruega y ese monstruo que es Haaland-. Ahora un detalle te deja afuera. Argentina lo sintió frente a Cabo Verde y ahora le toca un rival totalmente distinto.
Egipto no juega como Cabo Verde. Es otro equipo africano, pero con otra idea. Sale más, intenta jugar, no tiene esa costumbre de meterse atrás durante 90 minutos y resignar la pelota. Y muchas veces eso termina favoreciendo a los equipos grandes. Cuando un rival te sale a jugar aparecen espacios. Y Argentina, cuando encuentra espacios, se siente mucho más cómoda. Le cuesta más cuando tiene que romper un bloque de diez jugadores defendiendo cerca del área. Por eso creo que el partido de este martes puede ser muy diferente al anterior.
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¿Por qué Argentina llega fortalecida al cruce con Egipto?
Escucho que mucha gente pide cambios después del sufrimiento contra Cabo Verde. Yo no lo veo así. Salvo alguna modificación obligada por cuestiones físicas, no imagino a Scaloni cambiando demasiado. Igual, yo estoy lejos y es él quien convive todos los días con el plantel y sabe cómo están los jugadores. Lo que decida, seguramente será lo mejor para la Selección.
Scaloni está convencido de una idea desde hace muchos años. Sabe cómo juega su equipo y que Argentina no cambia el ritmo solamente por Messi. Hay un funcionamiento colectivo muy trabajado y no creo que lo modifique ahora, justamente frente a un rival que le puede ofrecer un escenario más favorable.
Foto: EFE/ Alberto Estevez
Además, el partido tendrá un atractivo especial con el duelo entre Messi y Salah, dos de las grandes figuras que todavía nos regala este Mundial. Ojalá el que termine festejando sea Lionel, porque eso significará que Argentina sigue en carrera.
Para cerrar, hay otro tema que empieza a pesar cada vez más cuando llegan estas instancias: los penales. Argentina estuvo muy cerca de tener que definir así el partido anterior y, créanme, ningún jugador quiere llegar a ese momento.
Lo digo por experiencia. Me tocó errar un penal contra Yugoslavia en el Mundial de Italia 90, después de que Ivkovic se lo atajara a Maradona. Lo curioso es que el día anterior habíamos hecho un torneo de penales en el entrenamiento. La final fue entre Diego y yo. Pateamos 17 cada uno y terminé ganando. Al otro día, cuando había que patear de verdad, fue otra historia.
Por eso siempre digo que los penales se entrenan, claro que sí. Pero una cosa es hacerlo en una práctica, entre compañeros y relajado. Otra muy distinta es caminar hasta el punto penal con 80 mil personas alrededor y un país entero esperando que conviertas. Ahí ya no alcanza solamente con la técnica. Lo que hace la diferencia es la personalidad, el carácter y la capacidad para convivir con esa presión. Ojalá Argentina resuelva antes el partido contra Egipto. Porque los 120 minutos cansan las piernas; los penales, en cambio, desgastan la cabeza.
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