Jugar una semifinal del mundo contra Inglaterra paraliza a cualquier argentino, viva donde viva. Pero estar en territorio rival duplica la apuesta. Esa paradoja de la distancia y del destino cruzó de lleno el día de Rodrigo Chamorro. Oriundo del barrio porteño de San Cristóbal y residente en Londres desde septiembre pasado para estudiar una maestría, Rodrigo amaneció en el ojo de la tormenta mundialista.
Y no tardó en comprobarlo. No era un día más para Rodrigo y decidió salir a la calle vistiendo la camiseta argentina. A la mañana, cuando caminaba por Kings Cross rumbo a la University College of London —donde cursa sus estudios—, la indumentaria celeste y blanca se convirtió en un imán para las miradas y recibió una primera señal de cómo venía la jornada. “Me comí diez insultos en pocas cuadras”, contó. Escuchó frases como “Fuck you”, “Go Home” y una que le quedó especialmente grabada: “Las Falklands son nuestras”. El clima era hostil.
Rodrigo Chamorro con la camiseta argentina en las calles de Londres.
Con la calle en contra, el instinto de supervivencia futbolera se activó de inmediato. Rodrigo descartó la idea de ver el partido solo y, después de su cursada, viajó 45 minutos hasta Kennington para refugiarse en un Fan Fest argentino. No era el único que tomaba recaudos. En los grupos de compatriotas que residen en Londres ya se compartían consejos: copar los bares temprano porque colapsaban y, sobre todo, no olvidarse de llevar un buzo en la mochila. Un camuflaje clave para tapar los colores a la hora del regreso por si el ambiente se volvía espeso.
Una vez que se encontró con los suyos para ver el partido, el panorama se tranquilizó. Pero no por mucho tiempo. El primer tiempo del Argentina-Inglaterra fue áspero y las más de doscientas personas congregadas en el Fan Fest lo vivieron con el corazón en la garganta. El panorama empeoró con el gol de Gordon, que enmudeció por momentos a los hinchas argentinos. Pero la reacción de la Selección Argentina hizo explotar por los aires la tensión contenida y el exilio se borró de un plumazo.
Rodrigo Chamorro celebrando en el Fan Fest argentino en Londres.
“Fue un delirio”, resumió Rodrigo sobre el desahogo colectivo luego del gol de Lautaro Martínez. Y el final del partido desató un carnaval que se estiró por una hora y media entre cantos, abrazos y un pogo furioso de argentinos que, por un rato, hicieron de ese rincón londinense una esquina de Buenos Aires.
Pero la fiesta tenía hora de vencimiento y la calle londinense seguía estando ahí afuera. La retirada exigió un baño de realidad: tocó ponerse el buzo "camuflaje" sobre la camiseta, bajar los decibeles y salir en silencio para evitar cualquier cruce hostil.
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La emoción de los hinchas
Ya en el subte, de regreso a su casa, a Rodrigo le tocó presenciar en la Victoria Line la postal que terminó de resumir la jornada. En medio del silencio del vagón, vio a varios hinchas ingleses llorando desconsolados por la derrota. En ese momento, a miles de kilómetros de su casa y viajando de incógnito en el transporte inglés, a Rodrigo se le dibujó una sonrisa imposible de camuflar. Es que esta noche vivió, al igual que los 47 millones de argentinos, un momento que recordará durante toda su vida.
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