Muy lejos está de ser la figura carismática que por estos tiempos necesita el tenis femenino pero a Elena Rybakina eso no parece importarle demasiado. La kazaja es desde el lunes la 30° jugadora que llega al número 1 del mundo en la historia. Lejos quedaron aquellos tiempos en los que se formó en su juego con el ex top ten Andrei Chesnokov y físicamente con Irina Kisileova, una campeona mundial de pentatlón, y en los que completó una carrera junior con sendas semifinales en Australia y Roland Garros y el tercer puesto de la clasificación. Ahora todos hablan de ella. De ella y de su tenis.

Antes de ir a un análisis de su juego, hay que aclarar que Rybakina se vio muy favorecida porque no defendía nada -o muy poco puntos-hasta Flushing Meadows. La temporada la arrancó con el título en Australia y como tenía todo para sumar se fue acercando de a poco a Aryna Sabalenka hasta que la superó en Nueva York. Pero ahora le vendrá lo más difícil a la nueva reina del tenis. Porque el año pasado, después de Flushing Meadows, ganó los títulos de Ningbo y el Masters y llegó a las semifinales de Tokio. Por eso ahora tendrá bastante por lo que esforzarse.

Por eso también es difícil decir que habrá número 1 para rato. Lo más probable es que Rybakina, Sabalenka, Jessica Pegula y Coco Gauff planteen de acá hasta fin de año una lucha muy intensa por ese primer lugar del ranking. Hoy la diferencia entre las cuatro es de 2.657 puntos y la 1 tiene más para defender que sus tres adversarias.

Pero ¿por qué es la mejor Rybakina en estos días? Porque saca mejor que todas, porque devuelve muy bien y porque viniendo de atrás en esa persecución a Sabalenka jugó muy suelta y sin responsabilidades. Y se aprovechó de ello. Pero ahora el desafío pasará por mantener esa tranquilidad. Tiene un tenis superlativo con su altura, además. Desde su 1,84 metros es la más alta entre las top ten y "desde ahí arriba", si le funciona el servicio, es muy difícil devolvérselo. También mejoró su movilidad, un aspecto clave en su juego, y el drive -siempre fue su punto débil-, que antes lo jugaba cruzado y lo tiraba paralelo sólo desde adentro de la cancha, lo mejoró y se lo ve más fluido y más suelto.

Se viene un momento en la historia del tenis femenino en el que todo indica que el número 1 cambiará de manos muy seguido. Y tal vez ahí se encuentren los otros atractivos que le faltan al circuito.