El Invencible Arena de Rosario respira una atmósfera particular, cargada de emoción y un fanatismo desmedido. Las tribunas están repletas de niñas que, tomadas de la mano de sus padres, clavan la mirada en el tapiz con fascinación. En uno de los codos del estadio, una bandera con el rostro de las cinco gimnastas que representan al país se agita al compás de gritos ensordecedores: son las familias del seleccionado argentino. La gimnasia rítmica se convirtió en uno de los eventos más convocantes de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 y el fervor popular arropó a un conjunto nacional que, detrás de la búsqueda de la perfección y el glamour, esconde sacrificio y trabajo a pulmón.

Lara Aimeri, Pilar Cattaneo, Milena López Lescano, Franca Miravet Piva y Camila Schaffer integran el equipo nacional. Lo que esa marea de pequeñas fanáticas que las idolatran desde las gradas desconoce es que las mismas gimnastas gestionan las redes sociales del grupo, oficiando de productoras, editoras de video y creadoras de contenido para conseguir sponsors y ganar visibilidad.

El equipo nacional de gimnasia rítmica participó de los Mundiales de Río de Janeiro 2025 y Frankfurt 2026. Foto: @arg_seniorteam

A través de esas mismas plataformas difunden su alias (equipoarg) para todo aquel que desee darles una mano e incluso venden sus propias mallas, cintas y varillas para obtener fondos. A base de ese esfuerzo autogestivo y financiero, lograron romper largas sequías de ausencia del país en los grandes torneos: compitieron en el Mundial de Río de Janeiro del año pasado y en el reciente Mundial de Frankfurt 2026.

Sin embargo, el precio de hacerlo en casa no se compara. "Es como que nuestro deporte se vive todo muy a flor de piel. Es entrar con taquicardia a la alfombra y fingir que no hay miles de personas mirándote y, así y todo, poder disfrutar los dos minutos y medio", le confiesan a Clarín todavía con las pulsaciones a mil.

En el tapiz rosarino, el equipo presentó la rutina de cinco pelotas y la mixta de tres aros con dos pares de mazas. Aunque finalizaron sextas en ambas modalidades y no lograron acceder a la final -la mayor alegría nacional de la especialidad la aportó Celeste D'Arcángelo con su medalla de bronce en el all around-, el resultado fue anecdótico.

"Incluso con errores, tratar de vaciarnos en la alfombra fue el objetivo con el que vinimos acá. Ojalá que se haya podido ver", agregan con una sonrisa de oreja a oreja, mientras de reojo no dejan de mirar, sorprendidas, a las tribunas.

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El Invencible Arena de Rosario estalló en aplausos de reconocimiento al equipo argentino de gimnasia rítmica.

"Es muy lindo saber que la gente que más queremos está en la tribuna apoyándonos. No siempre pueden venir y estamos muy contentas de que ahora sí pudieron, sobre todo quienes se involucran mucho en el proceso y lo siguieron muy de cerca", relatan.

Ese ida y vuelta con el público rosarino les generó un torbellino interno. Lo primero que se les vino a la mente ante la multitud fue claro: "Orgullo. Satisfacción. Sentir que alguien reconoce todo y que puede disfrutar tanto como nosotras este deporte es lo que más nos llena".

Y es que el camino hasta llegar a esa alfombra sudamericana requirió mucho sacrificio. "Nosotras hacemos gimnasia desde muy chiquitas, algunas desde los 3 años. Entrenamos todos los días y tuvimos que sacrificar toda nuestra etapa adolescente para esto. Hubo años y oportunidades en las que estuvimos cerquita de rendirnos, pero siempre priorizamos la pasión. Lo de hoy es una devolución muy linda por parte del público y de la gente", admiten.

Reconocen que en un deporte amateur en Argentina, sostener el alto rendimiento recae en el entorno íntimo, enfrentándose a realidades dispares.

"Nadie más que nosotras sabe lo que nos costó poder estar al nivel de potencias como los otros países, que tienen estructura donde entrenar, apoyo del país para viajar y lo que sea", sentencian, exponiendo la diferencia de recursos.

"Es mucha inversión en este deporte y las familias hicieron un esfuerzo muy grande para que nosotras podamos estar acá. Así que estamos muy contentas de que nuestro país nos haya brindado poder ser locales en un torneo tan importante así", admiten.

Posiblemente abandonen Rosario craneando nuevo contenido para sus redes, pero antes de hacerlo la escena a un costado de la lona se vuelve de película.

Las niñas no quisieron irse sin su foto con sus ídolas en gimnasia rítmica.

Decenas de nenas se acercan muy tímidas para pedirles una foto y abrazar a quienes, con sus mallas brillantes, lucen como sus ídolas absolutas. Tras regalarles ese momento inolvidable, las gimnastas se funden en un abrazo apretado con sus familias. Y las lágrimas se convierten de inmediato en las grandes protagonistas de la tarde, justo antes de abandonar por completo la escena con la satisfacción de un nuevo objetivo cumplido.