Las películas de supervivencia se están transformando en un género en sí mismo. En él podemos englobar desde títulos como Gravedad, de Alfonso Cuarón, hasta el más reciente El corazón de la bestia, con Brad Pitt, y esta semana se suma a la lista La caída de la ballena, en la que el protagonista no está en el espacio, tampoco en una desierta Alaska sino… en el estómago de una ballena.
El asunto es así. Jay (el muy demandado Austin Abrams, que de The Walking Dead y Euphoria pasó a la pantalla grande recientemente con La hora de la desaparición y Resident Evil: Noche cero) se lanza a las profundidades del océano en California en busca de los restos de su papá Mitt (Josh Brolin).
Mitt era un experto buceador, que sufría de un terrible cáncer y que decidió, en vez de entregar su cuerpo a un tratamiento, lanzarse al mar con pesas y morir en el mar.
Como se imaginarán, Mitt era de esos típicos hombres rudos del mar, muy sabio en lo suyo, pero que no conectaba con Jay. Por más que deseaba pasarle sus conocimientos, lo hacía de manera torpe y en vez de lograr empatía con Jay, bueno, terminó siendo todo lo contrario.
Austin Abrams, dentro de la ballena. Igual que Pinocho. Fotos Disney
Y ahí lo tenemos ahora al joven Jay, que regresa a la casa en la costa y sin contárselo a nadie, se lanza a buscar después de un tiempo los restos de Mitt, cuyo cadáver nunca fue hallado.
Y como decíamos al comienzo, por esas cosas de la vida y de la novela de Daniel Kraus -ganador del Pulitzer no por Whalefall-, Jay termina tragado por una ballena de 60 toneladas. Como Pinocho, sí, porque se lo engulle entero, sin mordeduras.
Jay tiene oxígeno en su tanque para sobrevivir 60 minutos entre las tripas del enorme cachalote. Y allí adentro “convivirá” con otros especímenes que también forman parte de la alimentación de la ballena.
Austin Abrams y Josh Brolin, hijo y padre en la película basada en un best seller.
No todo es agobio ni asfixia, porque el director Brian Duffield, entre tanto sufrimiento y gritos de pedido de auxilio de Jay -como si alguien pudiera escucharlo dentro de la ballena, más que el camarógrafo y el sonidista-, va mechando con flashbacks en los que se reconstruye la relación padre e hijo.
Y esa relación es central en el filme. Las lecciones que Mitt parecía que no había llegado a inculcar en él, en algún lugar prendieron.
La caída de la ballena no es precisamente una película para aquéllos que no aguantan estar en un lugar cerrado, además de que seguramente no sientan como un lugar placentero el estómago de la ballena. Las vicisitudes por las que atraviesa Jay son tantas y tan variadas que podríamos enumerar algunas, pero para qué hacerle perder al lector y futuro probable espectador el beneficio de la sorpresa.
Jay (Austin Abrams) antes de ingresar al océano, y ser devorado por la ballena del título.
Elisabeth Shue (Adiós a Las Vegas, El hombre sin sombra) es la abnegada madre de Jay, quien también tiene dos hermanas. Pero la película prefiere no ramificarse y centrarse en esa relación padre e hijo para construir esta historia de supervivencia por momentos increíbles y, por otros menos, querible.
“La caída de la ballena”
Buena
Drama /Thriller. Estados Unidos, 2026. Título original: “Whalefall”. 106’. De: Brian Duffield. Con: Austin Abrams, Josh Brolin, Elisabeth Shue, John Ortiz, Emily Rudd. Salas: Cinemark Abasto, Palermo, Dot y Unicenter, Cinépolis Recoleta, Avellaneda y Houssay, Showcase Norcenter, Belgrano, Haedo y Rosario.
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