La Filarmónica de Berlín, una de las orquestas más prestigiosas e influyentes de la historia de la música clásica, regresa a Buenos Aires para presentarse en el Teatro Colón después de 26 años. La visita forma parte de una gira internacional de tres semanas, del 5 al 25 de octubre, que incluye Nueva York y distintas ciudades de Sudamérica, con escalas en Colombia, Brasil y la Argentina.
La etapa sudamericana de la gira quedará documentada en una producción audiovisual para la televisión pública alemana.
La gira tuvo un cambio importante de solista: el pianista Daniil Trifonov, previsto originalmente, debió cancelar su participación por una lesión y fue reemplazado por el islandés Víkingur Ólafsson, que hará su debut en la Argentina. Con él, la Filarmónica de Berlín interpretará el Concierto para piano y orquesta n.º 1 de Johannes Brahms, junto con Así habló Zaratustra, de Richard Strauss, en los conciertos del miércoles 21 y el viernes 23. Para la presentación del jueves 22, el programa cambia de eje y reúne las Variaciones Enigma, de Edward Elgar, y la Sinfonía n.º 4 en fa menor, de Piotr Ilich Chaikovski.
Fundada en 1882, la orquesta construyó una identidad sonora inconfundible a través de directores fundamentales como Wilhelm Furtwängler, Herbert von Karajan, Claudio Abbado y Simon Rattle, cuyas distintas concepciones artísticas marcaron su evolución. Desde 2019, su director titular y director artístico es Kirill Petrenko, al frente de una formación reconocida por la riqueza de sus colores, su virtuosismo y su capacidad para conjugar la personalidad de cada intérprete con una poderosa identidad colectiva.
En ese contexto, la conferencia de prensa internacional reunió virtualmente a periodistas de distintas partes del mundo con tres representantes clave de la institución: Andrea Zietzschmann, directora general de la Fundación Filarmónica de Berlín; Petrenko, y Eva-Maria Tomasi, violinista e integrante de la junta directiva de la orquesta. La conversación permitió conocer no solo la visión de Petrenko sobre el sonido y la tradición de la agrupación, sino también cómo una institución con una historia extraordinaria busca preservar su legado y, al mismo tiempo, mantenerse viva, abierta a nuevas generaciones y en permanente transformación.
Dice Petrenko: "Para mí Buenos Aires es uno de los momentos destacados de la gira”. Foto Prensa Teatro Colón.
La palabra de sus protagonistas
“Para mí Buenos Aires es uno de los momentos destacados de la gira”, dijo Pretenko a Clarín, refiriéndose a su actuación en el Teatro Colón. “Pensar en la tradición del Teatro Colón y en todos esos grandes directores que pasaron por allí, especialmente durante la guerra y en los años posteriores, como Erich Kleiber y, por supuesto, Daniel Barenboim, Martha Argerich, junto con tantos otros músicos extraordinarios que actuaron en esta sala, me llena de emoción. Para mí es un honor inmenso. Estoy realmente entusiasmado y quiero dar lo mejor de mí para estar a la altura de esa tradición y formar parte de ella”.
La Filarmónica de Berlín cerrará su gira en Buenos Aires, donde permanecerá una semana. Para Kirill Petrenko, que visitará por primera vez la ciudad, la estadía será también una oportunidad para descubrirla: durante la conferencia de prensa, expresó su entusiasmo por conocer Buenos Aires y su deseo de dedicar algunas horas a recorrerla.
La historia de la Filarmónica de Berlín está ligada a directores que dejaron una marca profunda. Para Petrenko, asumir esa herencia implica una relación particular con Herbert von Karajan, cuya presencia sigue siendo tangible incluso en los espacios cotidianos de la institución.
La visita al Colón forma parte de una gira internacional de tres semanas, del 5 al 25 de octubre, que incluye Nueva York y distintas ciudades de Sudamérica.
“Siento el peso de esa historia cada vez que entro en mi despacho, que también fue el de Karajan. Veo la silla en la que se sentaba y, naturalmente, eso tiene un significado especial”. El director mencionó que estudió sus grabaciones, en particular las del ciclo de El anillo del nibelungo, y analizó sus articulaciones e indicaciones dinámicas. Sin embargo, no busca reproducir ese modelo, sino dialogar con él desde el presente. “Se trata de recrear esa tradición y, al mismo tiempo, introducir algo nuevo, algo que nazca de mí, de mi propia sensibilidad”.
Las comparaciones con sus antecesores no lo inquietan: “Esa historia forma parte del pasado. Nosotros estamos en el presente y estamos construyendo el futuro”.
Eva-Maria Tomasi, integrante de la orquesta hace 33 años, también reconoce la impronta de los distintos directores titulares. Claudio Abbado promovió una concepción más horizontal del trabajo musical: “Yo nazco de ustedes, nazco de la orquesta; tocamos todos juntos”. Simon Rattle, por su parte, amplió el repertorio hacia la música antigua y contemporánea e impulsó el desarrollo de propuestas educativas para chicos y jóvenes. La tradición, así, no consiste en conservar intacto un legado, sino en someterlo a nuevas preguntas.
El secreto de un sonido
Una de las responsabilidades de Petrenko es preservar el sello sonoro de la orquesta sin convertirlo en una fórmula aplicable a cualquier repertorio. “La Filarmónica de Berlín tiene un sonido característico, muy rico en colores, que conserva cierta oscuridad como rasgo principal, en sintonía con la tradición de las antiguas orquestas alemanas”.
Andrea Zietzschmann es la directora general de la Fundación Filarmónica de Berlín y hace unos días conversó con Clarín. Foto Prensa Teatro Colón
Ese timbre, explica, debe transmitirse a las próximas generaciones, pero también adaptarse a las exigencias de cada compositor: “No tenemos un sonido único que adaptamos a todos los compositores: hay que tocar a Haydn como Haydn, a Chaikovski como Chaikovski y a Debussy como Debussy”. El desafío es mantener una identidad reconocible sin borrar las diferencias estilísticas ni la personalidad de cada intérprete.
Tomasi percibe que la orquesta encontró bajo la dirección de Petrenko una identidad musical especialmente definida. Pero advierte que el virtuosismo, por sí solo, no garantiza una interpretación memorable: “Lo verdaderamente difícil es combinar una técnica impecable con la capacidad de hacer música”.
La diversidad como identidad
Hoy, la Filarmónica de Berlín reúne músicos de 36 nacionalidades. Para Petrenko, esa diversidad no es solamente un dato sobre la composición de la orquesta: también constituye una fuente de posibilidades expresivas. “Cada uno aporta algo propio: sus colores, sus tradiciones y sus maneras de entender la música”, señala Tomasi.
El director destaca la presencia de intérpretes de distintas regiones, entre ellas Islandia y América del Sur: “Contar con todos estos músicos es un desafío, pero, también, una enorme ventaja. La diversidad me ayuda a desarrollar una sonoridad única”.
La integración empieza desde el proceso de selección. Según Tomasi, en las audiciones participa toda la orquesta: los músicos escuchan a los candidatos y evalúan tanto su nivel artístico como su capacidad para integrarse al grupo. Después, el período de prueba puede extenderse hasta dos años. No se trata únicamente de reunir grandes instrumentistas, sino de comprobar si pueden construir una forma compartida de hacer música.
La conversación adquiere otra dimensión cuando se aborda el contexto internacional. Las guerras, la incertidumbre y, en particular, la situación de Ucrania forman parte de las preocupaciones de Petrenko. En ese escenario, viajar miles de kilómetros para encontrarse con otros públicos tiene para él un sentido que excede lo artístico.
Eva-Maria Tomasi es violinista e integrante de la junta directiva de la orquesta. Foto Prensa Teatro Colón
“Estamos viviendo tiempos muy turbulentos, con muchas guerras a nuestro alrededor, especialmente en Europa. Para nosotros es importante seguir ayudando a este continente y continuar apoyando a Ucrania”. Frente a esa realidad, la gira representa también una forma de esperanza: “Nuestro trabajo sigue teniendo fuerza y es esperado y valorado por personas de todo el mundo. Sentir que todavía podemos contribuir, a través de la música, a hacer de este mundo un lugar mejor me da mucha fortaleza”.
Tomasi encuentra en el concierto una respuesta más íntima, pero no menos significativa. “Cuando damos un concierto y ofrecemos al público todo lo que podemos dar, siento que le regalamos dos horas de paz”. Durante ese tiempo, explica, es posible concentrarse en la música y dejar en suspenso, aunque sea momentáneamente, las preocupaciones cotidianas.
Elgar, Chaikovski y la amistad
El programa que la Filarmónica de Berlín presenta el jueves reúne las Variaciones Enigma, de Elgar, y la Sinfonía n.º 4 de Chaikovski. Para Petrenko, ambas obras permiten acercarse a una dimensión humana que atraviesa buena parte del repertorio sinfónico.
En las Variaciones Enigma, Elgar retrata musicalmente a personas de su círculo íntimo. Cada variación evoca a uno de sus amigos y propone un juego de reconocimiento entre música y personalidad. La sinfonía de Chaikovski, en cambio, está vinculada con la idea del destino y la lucha del ser humano contra una fuerza que parece imponerse sobre su voluntad.
“Pero la música cuenta toda la historia sin necesidad de palabras”, señala Petrenko. La elección también conecta con su deseo de que la gira permita establecer vínculos más allá de las diferencias culturales y geográficas. “Me gustaría que la música nos ayudara a entablar una amistad con todos los públicos para los que tocamos, también con el público sudamericano”.
¿Cómo evitar que la rutina se imponga después de tantos años en una misma orquesta? Tomasi responde con una convicción que nace de su propia experiencia. Vinculada a la Filarmónica de Berlín desde hace cuatro décadas, incluida su etapa en la Academia Karajan, sigue encontrando en cada presentación algo irrepetible.
“Cuando tocamos un concierto es como si pudiera ser el último que vamos a dar. Por supuesto, no pensamos literalmente en eso, pero siempre tocamos plenamente en el presente, con toda nuestra atención puesta en ese momento”. Y agrega: “Cada concierto es una experiencia diferente. Nos gusta tanto lo que hacemos que no podemos tocar sin pasión”.
Andrea Zietzschmann, desde su responsabilidad institucional, pone el foco en quienes todavía no conocen la orquesta. Su deseo es que el encuentro con la Filarmónica de Berlín alcance tanto a los aficionados habituales como a quienes asisten por primera vez, y que pueda despertar nuevas vocaciones musicales, especialmente entre los jóvenes.
La visita a Buenos Aires no es solamente el regreso de una orquesta legendaria. También es la oportunidad de comprobar cómo una tradición sigue viva cuando se expone a nuevos escenarios, escucha otras voces y vuelve a encontrarse con su público. Para Petrenko y sus músicos, esa renovación no ocurre al margen de la historia, sino cada vez que comienza un concierto.
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