Para aquellos que no lo saben, el fanatismo extremo del público metalero argentino hacia Iron Maiden data de la primera mitad de los 80. Por aquellos años, el tercer álbum de la banda británica, The Number Of The Beast, enamoró por completo al público heavy local, a tal punto que en los colegios secundarios, o en juntadas de esquinas barriales, la mayoría de los jovencitos lucía sus cinturones con hebillas enormes que incluían el logo de la banda, o bien la imagen de su famosa insignia o “mascota”: la calavera de Eddie The Head, el monstruo que tanto representa al grupo en sus artes de tapa o shows, desde los inicios de su vida musical, hace ya 50 años.
Las décadas transcurrieron y la pasión local pasó de generación a generación, de padres a hijos e, incluso, en la actualidad de abuelos a nietos: algo realmente impensado y llamativo, por lo cual se entiende que Iron Maiden siga llenando estadios, cada vez que retorna a Argentina.
Más de una docena de conciertos por estas tierras fueron los que realizó Iron Maiden hasta arribar de nuevo (por segunda vez en su historia) al Palacio Ducó, como se lo llama al Estadio de Huracán, donde el martes 20 de octubre por la noche volvió a colmarse de fanáticos empedernidos (repiten show este miércoles 21) y, asimismo, el clamor absoluto rindió culto a la banda de heavy metal más importante en la historia del rock mundial.
Dickinson cambió de looks según la ocasión, como para acompañar con precisión las diferentes escenografías que definían cada letra de las canciones. Foto Emmanuel Fernández
En la previa del show
Aunque antes, el lunes 19 al mediodía, la previa consistió en una juntada de simpatizantes en el marco de una propuesta que la agrupación inglesa lleva de país en país, celebrando sus cinco décadas de vida: para el caso, en su “Eddie´s Dive Bar”, un espacio temático que aquí se desarrolló en Augusta, en la zona de los Lagos de Palermo, en donde los Maiden plantaron bandera de manera temática a través de su merchandising oficial, que incluyó su propia cerveza llamada Trooper (mismo nombre que su canción de 1983) y además sumó un conjunto musical local que les rindió tributo, como para precalentar motores dentro del núcleo duro de su público fiel.
Respecto a su concierto en Huracán, antes de que irrumpiera la mayor aplanadora del metal global, los locales de La H se metieron en sus bolsillos aplausos de gran parte de la masa humana y, pese a que su cantante Claudio O´Connor intentó rememorar con agrado las composiciones del recordado Ricardo Iorio, a quien supuestamente hoy recuerda con cariño, en el murmullo de algunos presentes salió a la luz algo que el bajista dejó en evidencia hasta 2023, cuando falleció: su negativa de amigarse con su ex compañero de Hermética, tras la separación del grupo que los unió hasta 1994.
El intervalo entre la banda soporte y las súper estrellas del heavy metal, que llegaron para presentar su Run For Your Lives Tour, fue de cuarenta minutos, entre canciones de Led Zeppelin o ACDC, que sonaron de fondo.
Hasta que de pronto irrumpió La Doncella de Hierro, tras un video en las enormes pantallas, momento clave, que fue el preludio de una noche inolvidable para los simpatizantes locales.
El show desde adentro
Los fans coparon desde temprano las instalaciones del Palacio Ducó: había público de todas las edades, muchas duplas de padre e hijo. El lunes hubo un encuentro metalero en Los Lagos de Palermo. Foto Emmanuel Fernández
A través de una lista de 17 canciones, la banda comandada por Bruce Dickinson, quien demostró que aún sigue siendo de las mejores voces del planeta, se paseó por distintos momentos de su larguísima trayectoria. Y nunca abandonó la problemática de las guerras, incluso en las que en diferentes momentos de la historia de Inglaterra, el país que los vio nacer, se vio involucrado.
Con su muñeco Eddie como sub protagonista a lo largo de la velada, Iron Maiden generó emoción al extremo, planteando climas diversos, tanto desde lo musical como lo visual, a través de imágenes espeluznantes, lanzallamas e, incluso, con un Dickinson que cambió de atuendos según la ocasión, como para acompañar con precisión las diferentes escenografías que definían cada letra de las tantas canciones elegidas durante un set que duró dos horas.
Al principio, arremetieron con tres del disco Killers, del año 1981: tanto Murders in The Morgue como Wrathchild y Killers, con la perfecta interpretación de Bruce, que no participó de aquella placa original, porque por ese entonces la voz de la banda era la de Paul Diano.
Tras ese primer batacazo de canciones que son leyenda, el formidable frontman, que llevaba puesto unas calzas de color gris, además de musculosa y campera oscura, realizó el saludo formal: “Estamos cumpliendo 50 años, 50 ‘fucking’ años, yo solo quiero que esto se entienda a través de esta canción”, expresó antes de entonar el tema titulado Phantom Of The Opera (1980).
Mientras se sucedían imágenes de un castillo gótico y Eddie empezaba personificar cada escena visual según la temática (incluso apareció como personaje real, interpretado por un actor, con un hacha en la mano), fue justo cuando ejecutaron la versión original de The Number Of The Beast, una de las favoritas de los presentes con más canas en sus cabezas y para cuya letra Steve Harris, fundador del conjunto, se inspiró luego de mirar el filme La Profecía II, en 1978. Además, por otra parte, cabe destacar que ésta es una de las pocas melodías de Iron Maiden utilizada para filmes, tal como sucedió en Rebel Ridge (2024) y en 28 Years Later: The Bone Temple (2026).
Luego Dickinson volvió a tomar la palabra, pero esta vez para analizar el mundo en el que vivimos, al cual tildó de “loco”. De esa manera dio paso a Infinite Dreams, del álbum Seven Son Of The Seven Son (1988), que en paralelo incluyó una impresionante imagen de un hombre sabio escribiendo con una pluma en un libro antiguo, acompañado de un candelabro que lo iluminaba todo.
Este miércoles a las 21, el estadio de Huracán volverá a estar copado por los fans que celebraron el medio siglo de su banda favorita. Foto Emmanuel Fernández
Pero las asombrosas imágenes no terminaron allí: cuando fue el turno de Powerslave (1984), el vocalista tomó por asalto las tablas con una careta en la que emulaba a un faraón, mientras que en las pantallas una pirámide sobresalía de manera sorprendente y encandilante.
Los pasajes en los que la banda focalizó, principalmente en lo bélico, en total fueron tres: 2 Minutes To Midnight, del álbum Power Slave (1984), The Trooper, del disco Piece of Mine (1983) -de las más queridas por el público local-, y en Iron Maiden (del homónimo trabajo de 1980)
Para la primera, Bruce eligió llevar puesto un chaleco militar con una gorra negra de lana en su cabeza. Desde la parte más alta del escenario empezó a flamear una bandera británica, luego bebió agua de una cantimplora de guerra e hizo mención al avión que se estrelló contra las Torres Gemelas en 2001, tras un ataque terrorista y como fruto de una guerra atroz entre occidente y oriente, según su pensar.
Asimismo, para Trooper eligió aparecer vestido como un coronel de la marina que flameó victorioso de nuevo la bandera británica; en tanto que, al mismo tiempo se sucedían imágenes de embarcaciones de épocas coloniales en la que conquistaban primero por mar para luego llegar a la tierra.
A su vez, por segunda y última vez apareció Eddie encarnado en persona: paseó de un lado al otro entre los músicos, con una lanza en su mano, simulando exterminar a medio mundo en “plan de conquista”.
Y, por último, ya cerca del final, la letra de su propio nombre como agrupación se mantuvo acompañada de exaltantes combates de aviones en una guerra mundial de la que participó Gran Bretaña.
Eddie caminó el escenario de lado a lado durante toda la noche. Figura emblema de la banda británica.
Foto Emmanuel Fernández.
Incluso, hacia el final de la canción, de nuevo fue la figura en dibujo animado de Eddie quien lo acaparó todo, actuando de piloto de avión que eliminaba a sus enemigos a mansalva.
También hubo elección de canciones con sintonía épica, como cuando Bruce Dickinson incursionó vestido de brujo o bien para el tema Seven Son Of The Seven Son (de la homónima placa) en la que el cantante simuló ser un brujo, con una lámpara de antaño en una de sus manos. Encima de eso, detrás suyo, Eddie, la mascota que no paró de llamar atención de la multitud, llevaba en su mano su propio corazón y, a la par, de su propio cráneo emanaban llamas de fuego.
En síntesis, el regreso de Iron Maiden a Argentina incluyó probablemente una de las mejores performances (si no fue la mejor) entre todas las veces que pisó suelo aquí, bien al sur del continente, claro que sin dejar de lado lo sustancial que fue Eddie, desde el principio hasta el final, incluso hasta en cuestiones visuales en el momento de los bises. Por lo tanto, el final incluyó temas como Aces High (1984), con toda la banda agrupada junto al baterista, o Fear Of The Dark (1982) con una enorme luna llena de fondo, o bien la triste despedida a través de Wasted Years (1986), que trata sobre la nostalgia, el agotamiento de la vida en las giras y un mensaje clave: no vivir atrapado en el pasado, sino valorar el presento y lo que aún queda por vivir.
Por lo tanto, La Doncella de Hierro dejó un mensaje claro a los suyos: aún no baja las persianas, sino que celebra lo vivido y festeja, tal como sucedió en el primero de sus dos shows en Huracán, lo que resta por vivir aún, además de amalgamar su manifiesto en canciones memorables y “febriles” para fanáticos suyos como los argentinos, que siempre los espera con sus brazos abiertos, pese al paso del tiempo.
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