No son tiempos fáciles para un género como el de las películas de superhéroes. Hasta hace unos años, encabezaban las listas de las más vistas, pero algunas decisiones entre confusas y desacertadas, comenzaron a restarle interés y público a los filmes. Con Clayface, DC Studios busca levantar la puntería con una historia de horror corporal. Y lo logra.

Entre los villanos que enfrentan en Ciudad Gótica a Batman, hay un ser excéntrico que no es de los más conocidos.

O no lo era hasta ahora.

Clayface en el audiovisual dijo presente en la serie animada de los años ’90, y ahora si a algo hace recordar es a ese cine de horror corporal que tanto le ha gustado a David Cronenberg y, más recientemente, a La sustancia.

Tom Rhys Harries, detrás de las vendas. Fotos WB

No aporta, al menos por ahora, mucho al -nuevo- universo en expansión de DC.

Nace un personaje horrendo

Porque Matt Hagen (Tom Rhys Harries) tiene todo como para que su rostro muestre siempre una sonrisa, pero, y sin un pero no habría película, mientras filma con éxito en Ciudad Costera (o sea, Hollywood), el público lo adora y acaba de ser nominado a un premio de la Academia, le sucede una desgracia.

De regreso a Gotham City, una noche la novia de Markos Szabo, el mafioso más poderoso de la ciudad (David Dencik) lo seduce y se lo lleva a su cama. El despertar no será agradable cuando descubra que Szabo y sus secuaces están allí, en el dormitorio, y como represalia le desfigura el rostro.

Rostro desfigurado por un mafioso celoso, Matt Hagen está por recibir una inyección de nanocélulas.

Se imaginan lo que significa para un actor, y galán, que le destrocen no solo la cara, sino la autoestima y lo dejen prácticamente sin trabajo.

Cara de barro o arcilla

La película nos va a contar entonces el origen de cara de barro o arcilla, porque Matt, tras perder absolutamente todo -su representante, su contador (Eddie Marsen), tal vez hasta su mejor amigo lo haya traicionado- recurre a Caitlyn Corr (Naomi Ackie), quien está realizando experimentos con nanocélulas regenerativas, controladas por la IA. Matt soporta que le inyecten las células y de un día para el otro, su cara vuelve a ser la de antes.

¿Milagro?

Caitlyn Corr (Naomi Ackie), la científica que le "salva" la apariencia al protagonista. Pero lo que viene...

No. Tan inexplicable como su reconstrucción facial, primero un ojo, luego una mejilla, después la mandíbula empiezan a deformarse. Y su cuerpo pasa a ser como una materia maleable, al extremo que, vaya uno a saber por qué, si desea convertirse en otra persona, lo puede hacer.

Si la venganza fue en los años ’90 algo así como el motor y el móvil de las tramas de las películas de acción, para Clayface esta posibilidad de transformación le podrá servir, sí, para vengarse.

Uno de los momentos más espeluznantes del filme: los ojos tapados y la tijerita...

Matt, que pasa como a ser de arcilla, no es de piedra, y no tardará en decirle a Caitlyn que siente algo más que seguridad cuando está con ella. Pero como Ciudad Gótica es como un pañuelo, el novio de Caitlyn (Max Minghella, de El cuento de la criada) es el policía que está investigando la extraña muerte de justamente los que dañaron a Matt.

Lo mejor de Clayface es que no decae nunca el ritmo, que tiene un personaje que cambia y no solo de aspecto, sino que no se mantiene de una manera lineal. Mérito del galés Tom Rhys Harries, que hace creíbles situaciones increíbles (como cortarse los párpados con una tijerita en el toilette de un avión en plena turbulencia) y si la película de James Watkins (Eden Lake) es un éxito, seguramente Clayface se integrará al Universo expandido de DC.

Merecido lo tendrá.

“Clayface”

Muy buena

Horror. Reino Unido / Estados Unidos, 2026. 108’. De: James Watkins. Con: Tom Rhys Harries, Naomi Ackie, Max Minghella, Eddie Marsan, David Dencik. Salas: Cinemark Palermo, Abasto, Dot y Unicenter, Cinépolis Recoleta y Pilar, Showcase Belgrano, Norcenter, Quilmes, Rosario.