El Ballet del Teatro, a cuyo frente Julio Bocca cumple su segunda temporada, acaba de llevar a escena Manon, una obra en tres actos creada por el coreógrafo británico Kenneth MacMillan y estrenada en el Covent Garden de Londres en 1974.
Dorothée Gilbert y Hugo Marchand, estrellas del ballet de la Ópera de París en el debut del ballet Manon en el Teatro Colón. Foto: Carlos Villamayor, gentileza.
La inspiración en la famosa novela del Abate Prévost, publicada por primera vez en París en 1727, es muy directa: personajes, acontecimientos, vestuario y escenografía que evocan la época de la historia, así como lo sustancial del relato y su ambiente, todo está ahí.
Por supuesto, el pasaje desde un texto literario a una obra de danza requiere siempre, y requirió sin duda de MacMillan en sus ballets narrativos (como su muy conocido Romeo y Julieta), un tratamiento particular. Particular en el sentido de elegir aquello que puede ser sí efectivamente “contado” con la danza, dejando de lado lo que la literalidad del texto no puede traducirse a movimientos corporales.
Hagamos primero una breve síntesis de La historia de Manon Lescaut y el caballero De Grieux - este es el título de la novela-, que produjo un gran escándalo en el momento de su publicación: Manon, una joven muy atractiva y que aparentemente vivió situaciones de pobreza, seduce al casi adolescente caballero De Grieux. Su familia lo ha destinado a la carrera eclesiástica y repudia la relación del muchacho con esa mujer de mala reputación.
Dorothée Gilbert y Hugo Marchand, estrellas del ballet de la Ópera de París en el debut del ballet Manon en el Teatro Colón. Foto: Carlos Villamayor, gentileza.
De mal en peor
A partir de un primer encuentro la historia va de mal en peor: Manon engaña a su amante con un hombre muy rico pero luego los enamorados se reconcilian, más de una vez, de maneras borrascosas.
Después ella se vuelca a la prostitución y es expulsada de Francia por ese motivo. De Grieux la sigue en el mismo barco hasta una colonia inglesa en América del Norte; Manon es violada por el guardián de la cárcel y finalmente huye con su amante hacia el desierto donde morirá en brazos de él.
En la trama juega un papel importante Lescaut, hermano de Manon y un sujeto completamente depravado que especula para su propio interés con la belleza de ella,
Como trasfondo de la historia, ese mundo de un París libertino, con sus hombres poderosos, sus madamas y sus cortesanas de lujo.
Y volviendo ahora a la idea de que no todo puede ser “contado” con la danza, pensemos en esta situación: “De Grieux contempla la posibilidad de solicitar a su padre la autorización para casarse con Manon”.
No hay manera de “bailar” esta frase; sin embargo, el ballet tiene otros recursos, como los que utiliza MacMillan en esta obra y en otras de su producción. Por ejemplo, creando esos solos y esos dúos apasionados y tormentosos que van puntuando la relación entre los amantes; o las escenas de conjunto que acompañan la marcha de la historia: las fiestas licenciosas con sus personajes turbios del principio, o las danzas de los colonos que reciben a las prostitutas en el puerto en el último acto.
Ayelén Sánchez, primera bailarina del Teatro Colón, como la Mistress en el debut del ballet Manon en el Teatro Colón. Foto: Carlos Villamayor, gentileza.
Este tipo de estructura narrativa nos remite a los famosos ballets del repertorio del siglo XIX, particularmente los de Marius Petipa, una tradición a la que se ha apegado Kenneth MacMillan, aunque sobre todo a partir de un momento de su carrera: en sus inicios sus propuestas coreográficas eran muy innovadoras.
Como fuera, lo que nos ofrece este Manon es un gran espectáculo, una escenografía y un vestuario muy bellos, la preciosa partitura de Jules Massenet y estupendas interpretaciones.
Conexión y entendimiento íntimos
Comencemos por los artistas invitados: Dorothée Gilbert y Hugo Marchand son primeros bailarines de la Ópera de París -ella en realidad acaba de retirarse- y han hecho repetidamente esta obra, la primera vez hace eleven años.
Esto sin dudas les ha dado una conexión y un entendimiento muy íntimos. Ella es exquisita y realmente sublime en una escena muy poética en la que va pasando de mano en mano de una sucesión de amantes.
Hugo Marchand, por su parte, se enfrenta en el rol de De Griuex a un desafío importante: el hecho de expresar su amor, o su desilusión o su furia intercalando estas manifestaciones con fantásticas destrezas técnicas, cosa que hace con mucha fluidez.
Dorothée Gilbert y Hugo Marchand, estrellas del ballet de la Ópera de París en el debut del ballet Manon en el Teatro Colón. Foto: Carlos Villamayor, gentileza.
Y en cuanto al elenco local, toda la actuación del cuerpo de baile es brillante.
El bailarín Jiva Velázquez en el rol de Lescaut en el debut del ballet Manon en el Teatro Colón. Foto: Carlos Villamayor, gentileza.
Unas palabras aparte para Jiva Velázquez, realmente extraordinario en el rol de Lescaut, así como para Ayelén Sánchez con una hermosa interpretación de su amante. También para David Gómez en el jefe de los mendigos, Nahuel Prozzi como Monsieur G.M -el rico caballero al que se rinde Manon-, Cecilia Lucero en la Madama e Igor Vallone en el carcelero.
FICHA
Manon de Kenneth MacMillan con música de Jules Massenet. Vestuario Cinzia Lo Fanzio. Escenografía Natalia Stewart. Dirección musical Ermanno Florio. Ballet del Colón. Director Julio Bocca. Funciones hasta el domingo 15 de noviembre. Teatro Colón ( Libertad 621).
EXCELENTE
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