El de Lisandro Alonso debe ser un caso único en la historia. Y en la historia de Cannes. No debe a ver ningún realizador que haya tenido todas sus películas -y no son 3 o 4: con La libertad doble ya son 7- presentadas en première mundial aquí en Cannes.
Puede o no haber estado en el Festival, pero estuvieron en la Quincena de cineastas.
Este sábado Lisandro, quien llegó el jueves por la noche y no está alojado en ningún hotel 5 estrellas, sino que para en un departamento, presentará en horario central La libertad doble, la película que 25 años después retoma al protagonista de su opera prima, La libertad, que en 2001 presentó en la sección Un certain regard del Festival de Cannes.
La libertad fue uno de los primeros pilares en los que se apoyó el llamado Nuevo cine argentino, con Pizza, birra, faso, Mundo grúa y tantas más.
Misael Saavedra vuelve a protagonizar en la secuela del filme de Alonso de 2001.
Misael, con la motosierra
Alonso sigue siendo el mismo de hace un cuarto de siglo. Tranquilo, hasta campechano, cuenta cómo y por qué retoma al leñador, que usa hacha, pero también motosierra en los tiempos de Milei. “Es una película que la quiero mucho por diferentes razones”, adelanta.
-Todas tus películas tuvieron su première en Cannes. ¿Cómo te sentís con eso?
-Sí, de verdad que tuve como la suerte, la fortuna de estar en el momento justito para que mis películas de alguna u otra manera vayan al Festival de Cannes en diferentes secciones. Mirá, creo que salvo en la Semana de la Crítica, en la competencia por la Palma de Oro o en Cannes Classics estuve en muchas secciones, porque estuve en L'Atelier, estuve en La Quincena tres veces, después estuve en Un certain regard otro par, en Cannes Première, que estuve en la primera edición. Bueno, estuve ahí dando vueltas de la mano de Thierry Frémaux durante 25 años.
En la nueva trama, Misael debe cuidar a su hermana mayor (la chilena Catalina Saavedra).
-¿Cuál es la principal diferencia entre estar en el Festival y en la Quincena?
-Evidentemente, no sé, las películas que hago de alguna manera llaman el interés de los programadores del Festival de Cannes y de otros tantos festivales, pero bueno, nunca se me dio por estar en ninguna competencia. No sé, se ve que la materia prima de mi sensibilidad no coincide con el criterio de hoy en día, o anterior. Pero bueno, eso no es lo más sustancial, sino poder utilizar las premières como lanzamiento, que es importante. Creo que para cualquier cineasta latinoamericano poder acceder a Europa y al Festival de Cannes es importante porque eso proyecta tu voz y tu trabajo muchísimo más. En cuanto a la diferencia que siento entre estar dentro de la Selección Oficial o en la Quincena, mirá, yo encontré mucho refugio en la Quincena.
Cuando la dirigía Olivier Père, que es un amigo, ahora director de Arte France Cinema, encontré un refugio enorme, porque yo empecé estando en la Selección Oficial con La libertad hace 25 años, que era el primer año de Christian Jeune y Frémaux como programador y director del Festival. Y bueno, mi primer festival fue el Festival de Cannes. O sea que lo tomé de una manera naif, pero normal, lo normalicé.
A 25 años del filme original, Alonso reconoce que creía que estar en Cannes era "normal". Y no lo es.
Después me di cuenta de que no es tan normal y que cuesta un trabajo enorme mantenerse dentro del criterio de este festival. Pero cuando con Los muertos, Fantasma y Liverpool no encontré el lugar en la Oficial, encontré un refugio enorme en la amistad y en la programación de la Quincena. O sea que ahora con La Libertad doble es la cuarta vez que estoy en la Quincena.
-Y volvés con Misael Saavedra, tu protagonista.
-Me dio un placer extra, te digo, enorme, poder seguir participando de Cannes de alguna manera y poder también venir con Misael. Me parece que es un poco más relajado que todos los protocolos, vericuetos y formalidades de la Selección Oficial, que no reniego, pero que a la vez tiene otros protocolos que los productores tenemos que cumplir y los directores también, y bueno… El fango es diferente, por decirlo de alguna manera. Me parece que lo voy a disfrutar más, quizá si Misael no se tiene que chocar con tanto taco alto y tanto smoking y compartir de una manera un poco más informal el evento y la proyección de la película.
Misael Saavedra viajó aquí a Cannes y estará hoy en la première.
Los cambios, 25 años después
-Después de 25 años, ¿cómo imaginaste que había cambiado el protagonista?
-Me parece significativo contar un poco o continuar contando cómo, si se quiere, avanzó, evolucionó, retrocedió, empeoró, se fracturó la vida del personaje de Misael. En estos últimos 25 años quizá no sólo la de Misael se viene en caída libre, sino quizá la de muchos tantos otros. Yo elegí a Misael porque lo siento cercano y creo que es una materia que de alguna manera puedo moldear o dominar, darle forma en tiempo y espacio.
Y la película no sólo habla de él, sino quizá, si soy un poco arrogante, te podría decir que proyecta sobre un montón de otros lugares, zonas, personas, ambientes de la población de hoy en día en la Argentina.
Lisandro Alonso no pidió nada al INCAA para filmar su película.
-La motosierra, el elemento que utiliza Misael además del hacha, tiene un doble significado en la Argentina actual…
-Sí, tiene alguna simbología y seguramente hay lecturas que se aproximen a eso. Ahora el personaje de Misael viene trabajando con la motosierra. Seguramente no fui ingenuo al elegir el tema, el momento y por qué hacer esta secuela 25 años después.
Lisandro Alonso, en pleno rodaje. Y la alusión a la motosierra.
-La falta de apoyo al cine nacional, ¿en cuánto te afectó para hacer tu película?
-Va claramente en deterioro la situación no sólo del cine, de la cultura en general, de la ciencia, de la salud, de la educación probablemente también, del deporte, de la vida en general. Quizás en la Argentina se siente más, pero me parece que el mundo tampoco apoya.
Una escena de "La libertad doble", que recupera el aliento de lo simple del cine de Alonso.
-¿Por qué el título “La libertad doble”? ¿Podría ser “La libertad 2”?
-Últimamente cuesta mucho encontrar buenas noticias, cuesta mucho encontrar el significado de la palabra libertad. Yo me lo planteo desde la primera película que se titula así. ¿Cuál es el significado? Es muy ambiguo, es muy dañino, a veces tóxico el uso que se le da en pos de ciertos objetivos a esa palabra.
Al INCAA intento ya no pedirle mucho. Ya creo que me dio un montón, no esta gestión, claramente, otras. Yo ya hice como 6, 7 películas. Quizá sea el momento de que si el INCAA tiene alguna herramienta o apoyo para darle, es mejor que se los dé a otras personas.
Si puedo hacer películas evitando la burocracia, la logística, la pesadez, el arrodillamiento que hay que tener, la paciencia, el maltrato, el menosprecio de ciertas personas que hoy están al mando del Instituto de Cine, prefiero evitarlo. No, no le pedí nada. No me dio nada porque intenté no pedirle nada. Quizá si lo hubiera pedido, me hubieran dado. Quizá sí, quizá no, no lo sé. Por suerte no tengo que averiguarlo.
Alonso está feliz de mantener a un grupo de trabajo detrás de cámaras.
La remake de Kiarostami, con Wagner Moura
-Terminaste el rodaje de la remake de “El sabor de la cereza”, nada menos que con Wagner Moura, el actor de “El agente secreto”.
-El sabor de la cereza es una película clave para mí, como para tantos otros, pero para mí fue medio fundacional, porque la descubrí en el Festival de Mar del Plata, creo que en el ‘97, cuando yo trabajaba para Nicolás Sarquís ahí en la sección Contracampo. De hecho lo vi, lo conocí, lo vi pasar cerca mío aquí a Kiarostami, medio se me cayeron los pantalones del respeto y admiración que tenía.
Catherine Deneuve junto a Abbas Kiarostami, con la Palma de Oro por "El sabor de la cereza", en 1997.
O sea que hoy, después de tanto tiempo poder darme el gusto de acceder a los derechos, de poder reversionar esto en Brasil con Wagner, esto es una sorpresa, es como la frutilla del postre. Y conocer y hablar con Wagner... Tuve mucha suerte, Pablo, tuve mucha suerte de conocer a gente como Argentino Vargas, Misael, Juan Fernández y actores no profesionales, y también trabajar con otras personas que son multipremiadas, celebridades, todo eso me lo dio el cine. El cine y cierta, no sé, honestidad, calculo, por investigar lo que está dentro de mi radar y no tratar de ser otra persona.
Creo que en ese sentido fuimos honestos, no solo yo, sino las personas que me acompañan para hacer las películas y eso trajo algunos beneficios. Ya la filmamos, acabo de llegar de Brasil hace dos, tres días. Filmamos cuatro semanas y bueno, ahora, este año, calculo que estaré presentando La Libertad doble en algunos lugares donde pueda viajar y editando la remake de El sabor de la cereza, que no sé cómo se va a titular todavía, que espero estrenarla el próximo año, porque es el 30 aniversario de la película original. Y estaría bueno traer de vuelta a ciertos lugares el valor que tiene, no solo el cine iraní, sino la propuesta en particular de Kiarostami, ¿no?
"El sabor de la cereza" abrió al cine iraní un camino en la Argentina.
-¿Qué es lo que más valorás del cine de Kiarostami, que fue premiado aquí en Cannes?
-A mí me da mucha satisfacción con las herramientas con que trabajaba, las teorías cinematográficas que tenía, cómo las llevaba adelante, que quizás eran películas simples, pero cuesta un montón hacer películas simples, hay que tener mucha experiencia para hacer películas simples y contundentes, y que raramente, gran parte del cine iraní se hizo bajo un régimen que lo censuraba y, aun así, no perdió posibilidad en su poética, en su profundidad, en estar lejos del cliché que está a la moda, en filmar con los recursos que tenían, que no eran muchos, como se hizo gran parte de la cinematografía mundial, en el neorrealismo italiano, en la Nouvelle Vague, en el cine rumano, en el cine argentino.
Me parece que gran parte del cine que a mí me interesa, que inventó el lenguaje cinematográfico, no se hacía ni en digital, ni para plataformas, ni costaba millones de dólares, que no son ni mejor ni peor. Calculo que es un cambio de la época.
Todavia no hay comentarios aprobados.