Charly García imaginó una maquinaria capaz de transmutar sonidos sintetizados en melodías complejas y líricas un día de 1976. Cincuenta años después de la publicación del álbum debut de La máquina de hacer pájaros, tres de los músicos de la agrupación, el guitarrista Gustavo Bazterrica, el tecladista Carlos Cutaia y el bajista y guitarrista José Luis Fernández, junto a Juanito Moro, hijo del baterista Oscar Moro, recuerdan y reflexionan sobre aquellos días de efervescencia creativa de un rock nacional que apenas había cumplido la década y que estaba en su momento más progresivo.

Charly García atravesaba un momento de incertidumbre profundo luego de la separación de Sui Generis, tras el mítico concierto en un Luna Park rebalsado. Ya en aquel show y en su tercer y último álbum, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, asomaban retazos del sonido que quería explorar y que las ataduras del folk rock del dúo no le permitían: el más tarde conocido como rock progresivo, un sonido sintetizado, lírico y más sofisticado, mejor interpretado por bandas como Genesis, Yes, King Crimson o Premiata Forneria Marconi.

Su inminente agrupación se escondía en su primer trabajo como productor de una banda que también canalizaba el sonido del momento: Crucis. Como se describe en la minuciosa investigación de Roque Di Pietro, Esta noche toca Charly, el músico de bigote (y en aquel momento, también barba) bicolor frecuentaba sus ensayos, para luego ensayar él mismo ahí.

Pero esa no fue la única semilla que aportó el grupo co-fundado por Gustavo Montesano, sino que Charly tentó a uno de sus exintegrantes para unirse a su siguiente proyecto, el cual ya contaba con un histórico del rock nacional, el baterista Oscar Moro, que había sido parte de Los gatos y Color humano.

“A Charly lo conocía de antes, en Mar del Plata, un verano que yo estaba con un grupito y él estaba con Sui Generis, que todavía no eran conocidos. Cuando se separaron, él me llamó, me dijo que quería armar una banda. Y yo me aluciné, estaba en cuarto año de secundaria”, cuenta José Luis Fernández en diálogo con Clarín.

Al principio compuesta como un trío, Charly, Fernández y Moro giraron por Córdoba en febrero de 1976. Luego, Charly convocó al guitarrista Gustavo Bazterrica, que por entonces tocaba con Raul Porchetto, tenía su propia banda, Celeste, y también había grabado junto a García en Porsuigieco. Lo llamó, y lo invitó a la sala de ensayo.

“Pasé a la vuelta de la Iglesia de Flores en la calle Yerbal y entré en una salita muy pequeña donde estaban Moro, José Luis y Charly zapando Boletos, pases y abonos. Yo enchufé la guitarra, me puse a tocar con ellos por unos 10 minutos, Charly paró y dijo: ‘Compro’. Eso significó mi ingreso a La máquina de hacer pájaros”, recuerda Bazterrica.

Con esa formación se presentaron en el café concert La Bola Loca, una especie de entrenamiento intensivo de dos meses con alrededor de seis presentaciones por cada fin de semana, en el que consolidaron una sinergia y un estilo. “Imagínate tocar 48 veces seguidas, los jueves una función, los viernes dos, los sábados dos y los domingos una, así durante dos meses. Y eso nos sirvió de ensayo”, cuenta José Luis Fernández.

La Máquina de hacer pájaros: Charly García, José Luis Fernández, Oscar Moro, Carlos Cutaia y Gustavo Bazterrica. Hicieron dos discos entre 1976 y 1977.

La clave de los dos tecladistas

Pero aún faltaba un engranaje crucial en la maquinaria de hacer pájaros: el tecladista Carlos Cutaia. “El productor Jorge Álvarez me invitó a uno de los conciertos en La Bola Loca. Fui y vi a Charly sumergido en una nube de sintetizadores. Álvarez me dijo que sería bueno que Charly pueda aliviarse de tantos e incorporar otro tecladista. La verdad que me gustó la propuesta y la idea de tocar con otro tecladista, y más con Charly. Él se quedó con el Minimoog y el piano Rhodes y yo me quedé con el Hammond, nos juntamos a tocar los temas y la verdad que la empezamos a pasar muy bien”, recuerda Cutaia.

Es conocida la anécdota del origen del nombre, la tira cómica García y la máquina de hacer pájaros, que el dibujante Crist publicaba en la revista Hortensia y que para Charly sintonizaba con el espíritu de la agrupación: “La máquina como un laboratorio, pero que en vez de que sea una cosa fría, que sea una cosa lírica digamos, que el resultado sean los pájaros”, afirma José Luis.

Mientras la última dictadura argentina daba sus primeros pasos atroces, la agrupación ensayaba y componía. Entre el entrenamiento que consistió los shows en La Bola Loca, sus posteriores giras y la libertad que les daba los estudios Ion, acumularon entre 250 y 300 horas de grabación, que plasmaron entre julio y septiembre. “Cuando entramos al estudio, ya lo teníamos totalmente cocinado todo. Era como sacar una foto de lo que ya estaba”, afirma Cutaia.

El espacio de Ion se convirtió en un laboratorio, y el desafío de interpretar una música de tal nivel de complejidad requirió de noches de desvelo y de experimentación en donde fueron tomando forma temas como Boletos, pases y abonos (en donde se trasluce cierto espíritu jam) o el largo tema Ah, te vi entre las luces.

-La tapa del primer disco de Charly García y la máquina de hacer pájaros, con los dibujos de Crist.

“Tanto para las cosas veloces, como para las más calmas, buscaba sonidos similares a los de Pink Floyd, con todo el respeto y los millones de kilómetros de distancia de la disponibilidad técnica que tenemos. Tengo mucha influencia de John McLaughlin. Tenemos cosas en tiempos irregulares, en 7/8, que no se usaban. El rock era binario, cuadrado”, agrega Bazterrica.

A diferencia del segundo y último álbum de la agrupación, Películas, en el que la labor compositiva se encontraba repartida, todos los temas del disco debut fueron compuestos por Charly García, aunque la banda se caracterizaba por los arreglos individuales que aportaban ya en ese momento todos los integrantes.

La canción Bubulina iba a formar parte del cuarto álbum jamás hecho de Sui Generis, y de hecho está interpretado por el dúo en su concierto despedida, mientras que canciones como Como mata el viento norte y Por probar el vino y el agua salada aún tenían la estela bucólica, acústica y hasta hippie de la formación previa.

Cutaia, Moro y Fernández, en la época de La máquina de hacer pájaros, banda de Charly García.

De alguna forma, su arte se irguió como resistencia y catarsis frente a un proceso despiadado. Como los mejores temas de Charly, la metaforización de lo que acontecía ya se denotaba en ciertos temas, algo que se remarcaría en el siguiente álbum. “Convivimos con una represión espantosa. En Santa Fe nos cayeron los milicos al hotel, y nos salvamos de pedo. Era una cosa muy oscura. Pero simultáneamente, nosotros sacábamos una fuerza no sé de dónde”, dice Cutaia.

El álbum se publicó a mediados o fines de noviembre y fue presentado en cinco funciones en el Teatro Astral entre el 17 y el 21 de aquel mes de 1976. La publicación debut de la banda tuvo la particularidad de ser la más cara hasta el momento del rock nacional, debido tanto a las cuantiosas horas que llevó su grabación como a la doble portada compuesta por la historieta de Crist y la foto de Uberto Sagramoso coloreada por Gatti. Pese al éxito crítico, la acogida comercial de una música más compleja y diferente de Sui Generis no fue inmediata. Pero el tiempo terminó por ponerlos en su lugar correspondido.

La maquinaria se desensambla

El fin de La máquina se dio entre fricciones y diferencias, que intentaron solventarse hasta llevando a un psiquiatra en sus giras. Cuando concluyó, luego del álbum Películas, había cierto proyecto de un tercer disco. Finalmente, luego de un último concierto en el Festival del Amor un 11 de noviembre de 1977 en el Luna Park, se separaron.

Charly García formó Serú Girán, también con Oscar Moro; José Luis Fernández se fue de gira a los Estados Unidos con su vieja banda Crucis; Gustavo Bazterrica participó en la grabación de Only Love Can Sustain de Luis Alberto Spinetta y Carlos Cutaia grabó junto a su esposa Carola y el grupo Ce-Ce Cutaia el álbum Rota tierra rota.

1977, dictadura militar, y Charly García se pregunta "¿Qué se puede hacer salvo ver películas", en "Películas", el segundo disco de La máquina de hacer pájaros.

“Cada uno quedó flotando en el espacio. Y cada uno resolvió su futuro como pudo”, afirma el tecladista, que ahora se encuentra interpretando temas de Chopin y Beethoven, para lo cual no tiene pensado aún presentación alguna. “Después de 50 y pico de años es algo histórico, es algo que quedó dentro de la música que se hizo en este país”, agrega.

“Lo importante era que la belleza y la complejidad no se oponían, sino que hacían fluir una cosa hermosa que hoy día conserva una potencia, una amabilidad para escuchar preciosa”, cuenta Bazterrica desde su hogar. Años más tarde conformaría Los abuelos de la nada, y tuvo luego una extensa carrera solista.

Oscar Moro, fallecido en 2006, sigue siendo recordado con cariño y respeto por los miembros de la banda. “Un tipo que es irremplazable, uno de los mejores bateristas que conocí en mi vida y eso que tuve el placer de trabajar con Terry Bozzio”, valora Bazterrica, mientras que José Luis habla de “un vínculo especial musical y después humano también”. Y afirma: “Lo extraño, es uno de mis mejores amigos”. Y Carlos Cutaia agrega: “A Oscar Moro lo recuerdo con todo mi corazón y con toda mi vida y lo como un tipo genial, de una precisión, de una entrega”.

Un mecanismo aún en movimiento

José Luis Fernández, miembro original de La máquina de hacer pájaros, lleva adelante la versión 2026 del grupo.

“Un recuerdo fuerte que tengo es cuando mi viejo me puso los auriculares al mango para escuchar Hipercandombe y me quedó”, recuerda Juanito Moro, que nació en 1978, cuando su padre era parte de la formación de Serú Girán. De alguna forma, es hijo de ese sonido y creció “entre parches y palillos”, anécdotas del rock nacional y la influencia de Oscar. El mismo José Luis Fernández le suele contar cómo lo sostuvo en brazos cuando nació.

Maniobrar entre la presión y la influencia que implica ser hijo de una leyenda del rock nacional y formar a su vez su propio camino es algo con lo que tuvo que lidiar durante toda su vida. “Si yo tengo esa presión cada vez que me siento a tocar, dejo de ser el baterista que quiero ser yo, porque estoy persiguiendo algo que nunca voy a alcanzar, porque Moro hay uno solo. Me veo altamente influenciado porque crecí con él. Es como hacerme mi propio lugar con las herramientas que tengo. Lo tengo super presente, pero no quiero que me coma el personaje", afirma.

Desde el 2024, José Luis Fernández y Juanito Moro, junto a Guido Spina y Matías Vega, giran por el país bajo el nombre de La Máquina de Hacer Pájaros x FMSV, interpretando los quince temas de la discografía. “No somos La máquina, obviamente, salvando las distancias, pero tampoco somos una banda tributo, porque hay un miembro original”, aclara Moro. Y en cada concierto comprueban la vigencia de una música que, como ocurre en las diferentes generaciones de músicos dentro de la agrupación, también se refleja en una audiencia heterogénea.

“Nos han venido a ver padres que vieron a La máquina original y traen a los hijos de 18, 20 años para mostrarles lo que ellos escuchaban, y los pibes salen encantados también y nos empiezan a escuchar ahora”, cuenta José Luis. “Muchos pibe joven medio nerd de la música que estudia, gente cantando los riffs, gente emocionada. Nos flasheó eso”, agrega Juanito Moro.

Juanito Moro, el hijo del legendario Oscar Moro, es quien toca la batería en la nueva formación de La máquina de hacer pájaros.

José Luis Fernández afirma que, aparte de la influencia de la tira de Crist, el origen del nombre de la banda proviene de El jardín de las delicias de El Bosco. En él, en una de sus tantas secuencias oníricas, hay una extraña estructura rosada de la que nacen capullos azulados, pequeñas plantas y ramificaciones blancas, pero también una especie de tubo translúcido del cual surgen aves negras. Aquella pintura de 1515 permaneció en la historia del arte como una rareza invaluable, inventiva y casi anómala. Quizás, dentro de 500 años, La máquina de hacer pájaros se siga recordando de la misma forma.

Información

Las próximas fechas de La Máquina de Hacer Pájaros x FMSV son el 29 de mayo en Centro Cultural Güemes en Rosario, el 30 de mayo en Quality Lab en Córdoba y el 13 de junio en el ND Teatro en Ciudad de Buenos Aires.