La muerte del Indio Solari deja un vacío difícil de explicar incluso para quienes no escuchaban su música. Porque su importancia trasciende los discos, los recitales o las canciones. Lo verdaderamente extraordinario fue que logró convertirse en uno de los artistas más convocantes de la historia argentina sin dejar de ser, esencialmente, un fenómeno local e independiente.
En un mundo hiper globalizado, donde la música circula a la velocidad de Internet y los artistas compiten por conquistar mercados internacionales y algoritmos, el recorrido habitual suele ser el mismo: crecer, expandirse y buscar reconocimiento global. El Indio hizo exactamente lo contrario. Construyó una figura gigantesca sin necesidad de conquistar el mundo. Yendo a contramano.
Mientras las plataformas digitales unificaban gustos y algoritmos, él siguió siendo una referencia profundamente argentina. Sus canciones estaban llenas de códigos locales, frases enigmáticas y referencias difíciles de traducir, pero que son aplicables a la vida y al contexto actual. Esto, lejos de limitar su alcance, terminó fortaleciendo el vínculo con su público.
El resultado fue un fenómeno casi imposible de explicar desde la lógica de la industria moderna. Decenas de miles de personas viajaban cientos de kilómetros para verlo. Sus recitales se transformaban en “misas”. Sus letras eran discutidas como si fueran textos sagrados. Y todo eso ocurría sin campañas globales, sin giras internacionales multitudinarias y sin la necesidad de adaptarse a tendencias extranjeras.
El Indio construyó una figura gigantesca sin necesidad de conquistar el mundo. Foto Federico López Claro
Difícil de comparar
Quizá por eso resulta tan difícil encontrar una comparación válida. Existen artistas argentinos con mayor reconocimiento internacional y otros con más presencia en los mercados globales. Pero pocos lograron generar una identidad colectiva tan poderosa dentro de las fronteras del país.
El Indio Solari fue una rareza cultural. En una época donde casi todo se comparte con el resto del planeta, él construyó algo que millones de argentinos sintieron exclusivamente propio. Un fenómeno inmenso, masivo y prácticamente imposible de exportar o de imitar en otra parte del mundo.
En tiempos de consumo global, algoritmos universales y estrellas idénticas en todos los rincones del planeta, el Indio Solari fue una excepción, ya que logró que algo fuera enorme sin dejar de ser nuestro.
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