Llevar a juicio a Hamlet por la muerte de Polonio puede resultar una idea atractiva, mucho más si ese juicio se implementa a partir de un cuerpo judicial formado por jueces, abogados y peritos reales, lo que supone la convivencia de un elemento ficcional encarnado por los actores que interpretan a los personajes del acusado, Ofelia y Gertrudis, y de los profesionales de la justicia, que revelan los mecanismos de un juicio, pero dentro de una situación que carece de implicaciones reales.
Pero la obra Hamlet continúe, de Roger Bernat y Yan Dutvendak, que se vio en tres funciones en el Teatro Regio (podrían agregar más, ya que fue un éxito de público), tiene serias deficiencias que vamos a analizar.
En la obra de Shakespeare, Hamlet asesina a Polonio después de la escena de los cómicos, la más importante de la tragedia, donde Hamlet se propone revelar una verdad de estado a partir de una ficción: la muerte del rey Hamlet no ocurrió por un ataque al corazón, sino porque fue asesinado por su tío, que ahora ocupa su trono y su cama, ya que se casó con su esposa, la madre de Hamlet. El objetivo de la representación era que Claudio reconociera su crimen y que el pueblo de Dinamarca asumiera esa verdad, que muy probablemente ya sabía, pero que no reconocía por temor al poder del rey.
Gertrudis, conmocionada por la escena de los cómicos, quiere hablar con su hijo, y Polonio, que es un asesor de estado en retirada que quiere volver a posicionarse en el Reino, le dice que va a espiar la escena detrás de la cortina de la habitación. Hamlet y Gertrudis discuten y, en ese momento, Hamlet ve al fantasma de su padre, que le repite el mandato que sigue la obra: “Vengá mi muerte”. Hamlet ve que algo se mueve detrás de la cortina, cree que es Claudio y le clava su espada. Cuando comprueba que se trata de Polonio y que está muerto, se queja por su carácter entrometido y sale del cuarto sin que esa muerte le genere ninguna emoción.
Es decir, el asesinato de Polonio es una situación azarosa, un efecto dramático que sirve para precipitar las escenas hasta llegar al desenlace.
En Hamlet continúe, los directores toman un expediente judicial de un caso sucedido en Marsella como modelo y lo adaptan a la justicia argentina. Por supuesto que, para cumplir con el propósito de la obra, el material debe adaptarse a la época actual, algo que es perfectamente pertinente.
Alegato. Una imagen de "Hamlet continúe". Foto: ©Magali_Girardin_4.
Un drama de Estado
Hamlet es una obra que sucede en el ámbito del poder, es un drama de Estado. El elemento determinante es el mandato paterno y el hijo que no cumple ese mandato, que no sólo es un mandato de un padre, sino de un rey. Shakespeare realiza una innovación dentro del género de la tragedia de venganza y, además, es una obra donde, como señalaba Marx, las generaciones nuevas sienten la opresión de las generaciones pasadas, y Hamlet quiere romper con esa tradición y llevar adelante una política nueva basada en las ideas del iluminismo que está estudiando en la universidad.
En Hamlet continúe, el elemento del poder desaparece. La familia de Hamlet y Polonio viven en un barrio pobre. Hamlet es un lumpen, bastante limitado intelectualmente, y la escena carece de conflicto.
Salvo el testimonio de Ofelia, donde Bárbara Massó asume el personaje con implicancia y verdad, el resto de las escenas parecen propias de una comedia. Tanto Alejandra Flechner en el rol de Gertrudis como Julián Laquier como Hamlet parecen mostrar al personaje más que interpretarlo. Este podría ser un gesto brechtiano, pero la escena no produce distanciamiento; es graciosa porque los dos actores son buenos comediantes, pero el código narrativo aparece desfasado.
Tanto Graciana Peñafort como defensora de Hamlet y el ex fiscal Manuel Garrido intentan orientar el juicio con preguntas pertinentes, pero la situación en sí misma es bastante ridícula e inconsistente. Aquí es necesario aclarar que cada función de esta obra fue diferente, porque el equipo judicial fue cambiando y, al ser una obra sin una dramaturgia establecida, el modo de encarar el juicio por parte de los profesionales lleva a resoluciones distintas.
¿Quién podría ser Hamlet hoy?
Las pruebas. En "Hamlet continúe" se lleva al personaje de Shakespeare a un juicio real (lo más real posible". Foto: ©Magali_Girardin_2.jpg
Al sacar el elemento del poder (Hamlet podría ser hoy el hijo de un político), la obra carece de espesura y se muestra como un ejercicio liviano donde la presencia de los profesionales de la justicia no modifica ni aporta nada a nivel narrativo, principalmente porque la obra tiene serios problemas de dirección.
Hamlet era un príncipe y un guerrero que estaba acostumbrado a matar. Aquí, la liviandad con la que se habla de la muerte lleva a los personajes a la autoinculpación o, directamente, a la inimputabilidad.
Hamlet confunde a Polonio con una rata; cuando comprueban que está muerto, lo dejan en el balcón y se van a dormir; al día siguiente, lo dejan tirado en la puerta de la casa. Es difícil creer que alguien organice un juicio por jurados si el acusado y los testigos dan estos testimonios.
De hecho, en Hamlet la muerte de Polonio es usada por Claudio para preparar la escena de la muerte de Hamlet en un duelo de espadas entre Hamlet y Laertes (el hijo de Polonio), donde todos los personajes terminan muertos.
La presencia del personaje de Claudio le hubiera dado más sustento a la obra, ya que es el principal antagonista de Hamlet. La muerte de Polonio carece de un enigma y eso se percibe en la falta de tensión del juicio.
El público, en su rol de jurado (las luces de la sala se mantienen encendidas en un modo de señalar que el público es un personaje), tiene que decidir si hubo intencionalidad en el crimen, pero la escena es tan ridícula (no se construye la verosimilitud, aun teniendo fiscales, jueces, abogados y peritos reales, ni tampoco se plantea un universo narrativo desafiando esa falta) y los personajes tan carentes de inteligencia que es imposible imaginar cualquier intención o estrategia.
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