Con el apoyo del Goethe-Institut, el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) recibe a una de las figuras más extremas de la escena europea. Alexander Schubert, el alemán que fusiona la bioinformática con la música de cámara presenta obras inmersivas y una instalación que recrea el trance de las fiestas rave.

¿Es posible que los músicos de concierto se conviertan en proyecciones digitales o en cyborgs que modifican el sonido a través de sensores corporales? Para el compositor e investigador alemán Alexander Schubert (Bremen, 1979), estas no son preguntas teóricas de un manual de ciencia ficción, sino la materia prima de su arte. A partir de esta semana, el subsuelo del Teatro Colón se transformará en un laboratorio radical donde los límites entre lo biológico y lo digital prometen borrarse por completo.

Schubert llega a Buenos Aires por primera vez precedido por un aura de "niño terrible" de la vanguardia post-digital. Formado inicialmente en bioinformática en Leipzig, y luego en composición multimedia en Hamburgo, su carrera se caracteriza por un cruce constante. Sus producciones no se limitan a la partitura tradicional: se programan tanto en el mítico IRCAM de París y el ZKM de Karlsruhe como en festivales de electrónica experimental, discotecas y salas de ópera tradicional.

Su visita a la Argentina se produce apenas meses después de haber conmocionado a Europa con el estreno de Terminal Infinity, un réquiem posthumanista encargo de la Fundación de los Berliner Philharmoniker.

En este debut en el país, Schubert no trabajará de forma aislada. Su desembarco en el CETC incluye un intenso período de colaboración con un ensamble argentino, que estará bajo la dirección musical del local Valentín Pelisch.

Lo que el público experimentará en la sala subterránea no tiene nada que ver con la etiqueta habitual de la música clásica contemporánea; es una experiencia multimedia donde el cuerpo es el verdadero campo de batalla.

Cómo será el programa

Alexander Schubert, un músico de vanguardia que tendrá su primera vez en el Centro de Experimentación del Teatro Colón. Foto: IG

El programa diseñado para el Colón incluye piezas fundamentales de su repertorio reciente como Star me Kitten (2015), Arp (2026), F1 (2016) y la aclamada Sensate Focus (2014). Esta última obra, escrita para guitarra eléctrica, clarinete bajo, violín, percusión, electrónica en vivo y luz animada, funciona como una radiografía de nuestra percepción actual.

En escena, cada uno de los cuatro músicos se sitúa bajo un foco que se enciende y apaga en estricta sincronía con los sonidos y los movimientos de la partitura. El efecto es alucinatorio: la iluminación estroboscópica crea la ilusión óptica de que el conjunto de carne y hueso es, en realidad, una proyección digital o un holograma congelado.

"Uso sonidos extremadamente fuertes y estímulos visuales intensos", advirtió Schubert en un oportunidad al analizar la fisonomía de sus obras. Sin embargo, se distancia de la idea de la agresión gratuita o la rebeldía adolescente. "No concibo estas formas de expresión como una provocación o una crítica, sino más bien como una palanca o un martillo neumático que sirve para abrir a la fuerza una puerta que conduce a algo muy frágil y personal".

Uno de los puntos más atractivos y novedosos de su residencia en el teatro será la presentación de Solid State (2016), una instalación audiovisual interactiva que aborda de frente la experiencia y la trascendencia de las fiestas rave. Mediante el uso de patrones visuales y auditivos sincrónicos, ráfagas de niebla y un sistema de sonido envolvente de alta definición, la sala del CETC se transformará en un entorno multisensorial y extático. La propuesta de Schubert es hackear los sentidos de los asistentes, utilizando el diseño acústico para remodelar por completo la geometría percibida del espacio físico.

A diferencia de otros compositores académicos que miran a las culturas urbanas con distancia intelectual o "citan" géneros populares de manera arbitraria o irónica, Schubert se sumerge en ellos. En su música se combina el ritmo machacante del techno, la distorsión del hardcore y la libertad del free jazz porque el propio compositor se formó habitando esas escenas nocturnas.

Lenguaje híbrido

Alexander Schubert se presentará con un ensamble local, dirigido por el argentino Valentín Pelisch. Foto: IG

"Este enfoque es bastante personal", explicó el músico en una entrevista a Nicolas Bernier sobre su lenguaje híbrido. "No comento ni cito estilos desde afuera, sino que utilizo sólo aquellos con los que tengo una conexión vital. El uso de estos diferentes estilos no es el mensaje de la obra; es simplemente una herramienta, mi vocabulario natural. Los objetivos de las piezas residen en otra parte".

A pesar de la aparente densidad de los conceptos que maneja -como el transhumanismo o la espiritualidad digital-, las obras de Schubert están atravesadas por el humor y la ironía sutil. Es su estrategia para jugar con las expectativas del público y desarmar la solemnidad que suele rodear a los teatros oficiales.

Un ejemplo claro de esto es Star Me Kitten: el compositor intenta acortar la distancia física y psicológica entre el escenario y la platea. La obra comienza de la manera más inofensiva y burocrática imaginable: la puesta en escena simula ser una aburrida presentación de diapositivas en PowerPoint donde el cantante se dirige directamente a los espectadores como si estuviera en una reunión empresarial. Sin embargo, ese entorno oficinista se va quebrando y enrareciendo de forma gradual hasta convertirse en un ritual tecnológico completamente inesperado, donde el público deja de ser un testigo pasivo para transformarse en parte activa del contexto de la presentación.

La propuesta compositiva de Schubert avanza a través de una técnica de escritura automática e intuición pura, que luego contrasta con un riguroso autoanálisis técnico. El resultado de esa tensión es lo que llegará este miércoles 10 de junio al Centro de Experimentación del Teatro Colón: una invitación a apagar los prejuicios, encender los sensores y dejarse atravesar por un oleaje de luz y sonido que nos obliga a preguntarnos qué nos hace humanos en la era de los algoritmos y la inteligencia artificial.

Ficha

Alexander Schubert (Composición dirección musical, video)

Programa: Star me Kitten (2015), Sensate Focus (2014), Harp (2026) y F1(2016); Solid State Ensamble: Lucila Crisman (Flauta); Lautaro Abrego (Clarinete); Carolina Cervetto (Saxo); Daniela Cervetto (Percusión) ; Malena Levin (Piano); Juan Ignacio Ferreras (Arpa); Pablo Boltshauser (Guitarra Eléctrica); Florencia Ciaffone (Violín); Juani Ferraras (violonchelo); Guillermina Etkin (Voz); Alejo Echeverria Bo (Conejo); Franco Baldi (Hombre que cae) Coordinación artística, preparación musical y operación técnica: Valentín Pelisch Iluminador: Leonardo Murua Funciones: miércoles 10, jueves 11, viernes 12 y sábado 13 de junio a las 20:30 Lugar: Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC), Tucumán 1171, CABA.