El galés Roald Dahl, el autor de Matilda y Jim y el durazno gigante, escribió también Charlie y la fábrica de chocolate, otra novela infantil en la que destila aún más todo su humor negro. Tim Burton, después de producir la película animada que adaptó Jim... dirigió él mismo una segunda adaptación de Charlie (la primera, de 1971, tenía a Gene Wilder como protagonista, y a Willy Wonka al comienzo del título en vez del pequeño Charlie).
La de Burton es la versión que hoy es más conocida en todo el planeta y la que motivó la creación del musical, primero estrenado en el West End londinense (2013) y luego en Broadway en 2017.
Willy Wonka también hace trucos de magia, así que "Rada" sabe cómo meterse al público en el bolsillo.
La versión que llega ahora al Teatro Gran Rex no es una réplica de aquéllas, no es un “espectáculo llave en mano”, sino que es una versión reducida en su extensión. Como sucedió con Matilda o La Sirenita, de los mismos productores de Charlie...
Tanto es así que hasta el papá de Charlie, el Sr. Bucket, voló de la puesta, como también sucedió en su estreno en España.
Mery del Cerro, Sebastián Almada y Mateo Argibay, la mamá, el abuelo y Charlie.
De qué trata "Charlie y la fábrica de chocolate"
Para aquéllos que no tienen idea de qué va Charlie y la fábrica de chocolate, trata sobre el niño del título, que vive con sus abuelos y, aquí, solo con su madre, una familia de clase baja. Muy cerca de allí Willy Wonka tiene su fábrica de chocolate, donde trabajaba el abuelo Joe. Wonka es un personaje de lo más estrafalario, e idea un concurso para aumentar las ventas: esconde en cinco tabletas de sus chocolates un ticket dorado que permitirá a quienes lo tengan visitar la mítica fábrica.
La familia Bucket no tiene dinero más que para comprarle una tableta a Charlie cada año para su cumpleaños. Bueno, habrá que adelantarle el regalo, pero ni así consigue su ticket. Wonka se disfraza de vendedor en un puesto de chocolates y hará que Charlie consiga el suyo.
Tanto la película de Burton como el musical se centran en el recorrido que los cinco niños afortunados, más un acompañante, hacen por la fábrica junto a Wonka. El filme tiene un despliegue visual, bien propio del director de El joven Manos de tijera y Beetlejuice, que es difícil de reproducir en escena. Con todo, la puesta argentina tiene lo suyo.
El vestuario, la escenografía y las coreografías, protagonistas de la puesta en el Gran Rex.
Y llegan los Oompa Loompas
Ya la película de Burton contenía temas musicales -la banda de sonido fue compuesta por su amigo Danny Elfman- y el filme tenía sus momentos propios de cualquier musical. Cómo olvidar la canción de presentación de los Oompa Loompas, cuando el que metía la pata era el mofletudo Augustus Gloop. Pero claro, la versión teatral ya en Broadway y en el West End tenía música Marc Shaiman.
Con todo, Shaiman, que entre otras músicas de teatro musical compuso las canciones de Hairspray, no consiguió ni un solo hit en Charlie.
Volviendo a los Oompa Loompas, cuya presencia seguramente es de las más esperadas por los chicos (y algún que otro grande), los personajes están resueltos de manera graciosa, pero no es mucho lo que pueden bailar. Lo mismo sucede con la ardilla. ¿Qué puede hacer en el escenario una ardilla de semejante tamaño? Claramente, la versión animada de las ardillas en la película les permite desenvolverse mejor.
A diferencia del filme de Tim Burton y de las puestas en Londres y Broadway, no está el papá de Charlie.
La nueva apuesta por Agustín "Rada" Aristarán
Lo que queda claro en Charlie y la fábrica de chocolate es que la puesta es mejor que la obra. El libreto es un ni. Lo que atrae es todo lo que tiene que ver con el musical: el vestuario, la escenografía, las coreografías y, obviamente, las actuaciones.
Agustín “Rada” Aristarán, que fue Tronchatoro en Matilda y hace dos años fue Dewey Finn, el protagonista de School of Rock en el mismo escenario, no necesita esforzarse demasiado para meterse al público, chico y adulto, en el bolsillo. Wonka tiene sus trucos de magia, y Rada los hace, pero a la vez sabe ser irónico, no canta para nada mal y se desenvuelve con soltura. Lo mismo que Sebastián Almada, como el abuelo de Charlie y la siempre desinhibida y segura Mery del Cerro.
Mucho color y estímulos visuales para que los chicos no pierdan la atención.
Las cinco presentaciones de cada uno de los chicos ganadores del ticket dorado están bien resueltas -OK, alguna es mejor que otra-, pero las coreografías de Analía González (fundadora y directora de El Choque Urbano) son todas chispeantes.
En síntesis, Charlie y la fábrica de chocolate entra por los ojos más que por los oídos, entretiene durante 100 minutos y tiene el suficiente dinamismo para que los chicos se mantengan siempre atentos a lo que ocurre en el escenario.
“Charlie y la fábrica de chocolate”
Muy buena
Comedia musical. Libro: David Greig. Música: Marc Shaiman. Letras: Scott Wittman y Marc Shaiman. Dir.: Ariel del Mastro y Marcelo Caballero. Con: Agustín “Rada” Aristarán, Sebastián Almada, Mery del Cerro y elenco. Sala: Gran Rex. Funciones: de miércoles a domingo. Precios: de $30.000 a $88.000.
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