El New York Times estaba en éxtasis con el estreno. Decía que era lo más importante que había pasado desde la llegada del sonido, y describía la secuencia de la montaña rusa como algo más espeluznante que cualquier película de terror.
Esto es Cinerama (1952) se estrenó en los Estados Unidos y llegó acá un poco más tarde. No fue lo que se dice un estreno comercial, sino algo super exclusivo. La primera película filmada en sistema Cinerama se llamó Esto es Cinerama y fue proyectada, allá por el '59, en el teatro Casino, ubicado en Maipú entre Corrientes y Sarmiento.
Era el único lugar equipado para proyectar esa clase de cine de vanguardia tecnológica. Luego llegó Las siete maravillas del mundo, también estrenada en esa sala. Entre paréntesis, las cataratas que se muestran en esa peli no son las del Iguazú, sino las del Niágara. Años después, ambas volvieron a la pantalla grande en el cine Gaumont.
El tema era que el Cinerama original necesitaba una modernidad que no existía en las salas de nuestro país. Técnicamente se hablaba de tres proyectores funcionando en perfecta sincronía, sin contar la exigencia de una pantalla gigantesca, curva y un sistema de sonido especial.
Cinerama usaba tres proyectores en paralelo para exhibir las películas.
En 1952, acá se estrenaban películas de Hugo del Carril y todavía faltaban tres décadas para que descubriéramos la estafa piramidal de los sea monkeys. This Is Cinerama era el título de una película que más que una película era una demostración práctica y pública de un sistema operativo. Se trató, ni más ni menos, que del primer antecedente de las muy de moda experiencias inmersivas. Un equivalente del IMAX.
Todo demasiado verdadero
¿De qué trataba la película? De nada, o de sumergir al espectador en una aventura de cámaras combinadas y sonidos estereofónicos que se proyectaban de manera ultra panorámica.
Acá estábamos con Tita Merello y leíamos la Billiken. El problema para exhibir ese filme, considerado apto para todo público, es que debía ser en una sala adecuada a las circunstancias. Una película demandante. En los Estados Unidos, si bien su estreno fue un éxito, no se terminaba de considerar "comercial" por el simple hecho de que su proyección exigía ciertas condiciones.
La famosa escena de la montaña rusa de Cinerama.
En la Argentina, para repartir las copias, directamente había que reconstruir toda una sala de cine. En Los Ángeles estuvo 115 semanas en cartel. En Chicago, 99. Récord absoluto de permanencia. Fue la segunda película más taquillera de ese año en los Estados Unidos. Una paradoja: tremendo fenómeno de taquilla, tremenda revolución cinematográfica y la madre de todas las batallas inmersivas terminó con cero Oscars.
Al uso nostro
A la Argentina volvió, como si nunca antes hubiera existido, en los '70 y con una versión rebajada que se pudo ver en el viejo y querido cine Gaumont. This is Cinerama era un tríptico de 35mm proyectados de forma cruzada y unidos por una pantalla cóncava.
No nos habíamos adaptado ni a los tres proyectores ni a las pantallas curvas. La voluntad, si se quiere, partió de la marca Cinerama que pasó a identificar películas de 70 mm a un solo proyector. Recién ahí fue posible exhibirla, pero mediante una copia adaptada. O sea, no era la película tal como fue concebida.
Pero, ¿y el recuerdo impactante de la montaña rusa? ¿Qué hace entonces aquella náusea funcionando en la memoria? La secuencia local te situaba en una especie de montaña rusa vieja del Italpark. La original -dicen- era Disney: una pantalla envolvente y vos metido en un carrito descendiendo hasta las fauces del alarido.
En el cine Gaumont dicen que la gente se agarraba de la butaca y el vértigo se sentía igual. La pantalla era enorme, lo que permitía conservar una digna espectacularidad. Triste para ciertas infancias conocer la historia. No fue inmersiva la experiencia. Fue sólo impresionante.
POS
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