Este martes 30 de junio Daniel Melingo fue hallado sin vida en su vivienda por uno de sus hijos. Su partida, a los 68 años, marca el final de una de las trayectorias más originales e inclasificables de la música argentina.
Dueño de una carrera que atravesó el rock, el pop y el tango, fue un artista que nunca dejó de reinventarse. Integró la formación histórica de Los Abuelos de la Nada, compartió escenarios con Charly García y, desde fines de los años noventa, construyó una obra fundamental para la renovación del tango.
Pero antes de todo eso, fue uno de los responsables de crear la banda sonora de la primavera democrática con Los Twist.
Su fallecimiento invita a volver sobre ese capítulo decisivo de la historia del rock nacional. Porque la banda que creó junto a Pipo Cipolatti representó un cambio de sensibilidad en un país que atravesaba un momento bisagra debido a que salía de la última dictadura militar y recuperaba la democracia.Juntos demostraron que el rock también podía expresarse desde el humor, la ironía y el absurdo, sin perder capacidad para retratar la realidad.
Daniel Melingo murió a los 68 años en su domicilio. Foto: Ariel Grinberg
Lo que distinguía a Los Twist
El grupo nació en 1982, cuando Pipo Cipolatti y Daniel Melingo coincidían en la idea -poco frecuente para la escena de entonces- de romper con la solemnidad que dominaba buena parte del rock argentino. Mientras muchas bandas construían un discurso épico o abiertamente político, ellos recuperaban la tradición del humor, el teatro y la sátira para hablar de la sociedad.
Esa propuesta llamó rápidamente la atención de Charly García, quien entendió que había algo novedoso en ese proyecto y decidió producir La dicha en movimiento, el álbum debut editado en 1983, apenas unas semanas antes de las elecciones en las que Raúl Alfonsín se impuso con el histórico lema "Con la democracia se come, se cura y se educa". El disco aún se recuerda por sus canciones y por las 29 horas y media que tardaron en grabarlo.
Los Twist, banda formada por Pipo Cipolatti, Daniel Melingo y la corista Fabiana Cantilo. Foto archivo Clarín
El regreso de la democracia modificó el clima cultural argentino de manera radical. Después de siete años de censura, listas negras y persecución, la sociedad recuperó espacios de encuentro y expresión.
Los recitales dejaron de ser únicamente lugares de resistencia para transformarse también en ámbitos de celebración. Esa nueva energía encontró en Los Twist un espejo perfecto.
Canciones como Pensé que se trataba de cieguitos, Cleopatra (la reina del twist), Hulla Hulla, El estudiante y Ritmo colocado se instalaron rápidamente en la radio y llegaron a vender más de 120.000 copias.
A diferencia de otros éxitos del momento, no hablaban desde el dramatismo. Preferían burlarse de las costumbres argentinas, exagerar situaciones cotidianas y construir personajes extravagantes. Era una forma distinta de hacer crítica social, menos explícita. Estos jovenes solo querían divertirse.
Los Twist, una banda que supo interpretar el momento histórico en el que vivían. Foto archivo Clarín
La música de ellos también rompía moldes al mezclar rock and roll, ska, pop, twist, reggae y new wave. En esa identidad, Melingo ocupaba un lugar central gracias a su formación como saxofonista y clarinetista, pese a que tocaba la guitarra en la banda. Sus arreglos aportaban una riqueza musical que contrastaba con la aparente simpleza de las canciones.
El grupo tampoco se parecía a nadie sobre el escenario. Los recitales incluían coreografías, disfraces, gestos teatrales y una estética deliberadamente exagerada. Influenciados por el punk británico, el music hall y la nueva ola, convertían cada presentación en un espectáculo visual.
La creatividad del grupo se expandió con la producción de Operación Norte, un cortometraje de estética policial negra atravesado por el humor y el absurdo, en sintonía con el universo que definía al duo. La película recibió duras críticas tras su estreno y poco después fue prohibida y destruida.
Por eso quedaron ligados para siempre a la llamada primavera democrática. Ellos ocuparon un lugar singular porque aportaron ese "derecho a reírse" después de años de miedo.
De Los Twist a la renovación del tango
Melingo continuó luego su recorrido en distintos proyectos hasta iniciar una segunda vida artística en el tango. Con discos como Tangos bajos, Santa Milonga, Maldito Tango y Linyera, desarrolló un universo propio que lo convirtió en una referencia internacional del género. Su voz áspera, sus personajes marginales y su manera de interpretar el repertorio lo alejaron de cualquier molde tradicional.
Sin embargo, el recuerdo de Daniel Melingo siempre estará unido a aquellos primeros años de democracia. Porque antes de ser uno de los grandes renovadores del tango, fue uno de los músicos que ayudó a cambiar la forma de entender el rock argentino.
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