Hay un detalle que alcanza para entender que algo cambió. Lil Cake llega a la entrevista con el cabello atado. Durante años los rulos fueron parte inseparable de su imagen, una especie de escudo que terminó convirtiéndose en marca registrada. Hoy apenas dos mechones caen sobre su frente y dejan el resto del rostro al descubierto. Ya no parece tener la necesidad de esconderse. Tampoco con las palabras.
"Hoy estoy siendo la versión más real y sincera de mí", dice apenas empieza la charla en una de las oficinas de Sony Music, el mismo espacio donde pasó más de un año encerrado produciendo 4114, su nuevo álbum compuesto por 41 canciones de un minuto -o incluso menos- que desafía todas las reglas del mercado actual.
Basta tener 39 minutos de tiempo para escucharlo completo. Es un disco pensado para una época en la que las canciones duran cada vez menos y la atención del público se mide en segundos. Pero, paradójicamente, nació de un proceso lento.
Porque este proyecto inició mucho antes de que existiera la primera canción. Empezó cuando Valentino Laborde decidió dejar de interpretar un personaje. "Mucho tiempo de mi vida fui algo que no era", confiesa el hombre detrás de Lil Cake, a los 22 años.
Lil Cake publicó 4114, un disco de 41 canciones que duran un minuto -o menos- cada una. Foto: Ariel Grinberg
Durante años, el público lo conoció como “Tortita”, el streamer que creció en la Coscu Army, la comunidad liderada por Coscu que marcó a toda una generación de Twitch en Argentina. El apodo nació cuando tenía 12 o 13 años, al traducir el nombre de un perro de un videojuego que le causaba gracia, y terminó convirtiéndose en su usuario en redes.
Con el crecimiento de sus streams apareció la versión inversa “Lil Cake” (pastelito), que quedó como nombre artístico. Con el tiempo, ese personaje dio paso al cantante que explotó con “Mercho” y saltó a escenarios internacionales junto a Ozuna.
Pero entre un personaje y el otro quedó Valentino. Y ese, asegura, tardó años en aparecer. "Ya no tengo la necesidad de fingir cuando hablo ni de ocultar cómo soy por miedo", asegura, sin sacar las manos de los bolsillos de la campera.
Mientras habla vuelve varias veces a ese chico de 15 años que veía el mundo desde la computadora de su casa en General Rodríguez. No lo rechaza. Tampoco lo idealiza. "Abrazo mucho a ese Valentino, porque era un pibe que confiaba muchísimo en sí mismo. Extraño esa seguridad."
Sin embargo, también reconoce que esa confianza empezó a romperse con la exposición. Los años como streamer dejaron algo más que seguidores. "Todos estos años en internet me dejaron un montón de secuelas a nivel seguridad", admite.
Lil Cake tiene 22 años, se dedica a la música y anteriormente era streamer en Twitch. Foto: Ariel Grinberg
Recuerda especialmente un episodio ocurrido en Mar del Plata con un hombre que lo persiguió a la salida de un boliche. Un clip se viralizó, llegaron las críticas y, según cuenta, ahí comenzó una etapa marcada por el odio en redes sociales. "No importa qué diga o cómo lo diga, siempre se toman las cosas de la peor manera."
Esa sensación de ser odiado por todo lo que hace o dice todavía lo acompaña. "Hay días en los que tengo un escudo, pero a veces ese escudo se cansa", dice muy serio.
El hit que lo llevó a la cima y del que quiso escapar
La conversación inevitablemente desemboca en Mercho. La canción que escribió junto a Migrantes, que luego explotó con un remix junto a Ozuna y superó los 700 millones de reproducciones entre YouTube y Spotify, lo convirtió en un fenómeno internacional.
Mercho, rémix de Lil Cake, Ozuna, Ryan Castro y Migrantes. Foto: Spotify
El tema se transformó en uno de los grandes fenómenos virales de 2023, con miles de videos que replicaban su estribillo y su coreografía en TikTok e Instagram. Pero ese éxito también terminó convirtiéndose en una mochila.
"En un momento Mercho era mi enemigo. Hoy me amigué con Mercho." No reniega del éxito. Reniega de todo lo que vino después. "Mercho me dio un montón, pero también me sacó un montón. Opacó todo el trabajo que hice durante mi carrera. Toda mi música que hice antes dejó de existir, porque sólo estaba Mercho".
Explica que durante meses sintió que el público sólo quería escuchar esa canción. Que iba a los shows con la sensación de estar interpretando un repertorio que ya no lo representaba. "No era feliz haciendo esa música." Incluso reconoce que hubo oportunidades para seguir explotando esa fórmula y no quiso.
El disco con el que busca volver a encontrarse
"Agradezco mucho que no se me hayan dado algunas oportunidades, porque sé que no era feliz haciendo eso", reflexiona al repasar los aciertos, las frustraciones y las decisiones que, con el tiempo, terminaron guiándolo hacia 4114, el disco que mejor representa la versión de sí mismo que hoy quiere mostrar y con el que, por primera vez, sueña con llevarlo a sus propios shows, con un público que vaya a verlo por esas canciones y no como artista invitado en el recital de otro.
Lil Cake grabó el álbum "4114" en los estudios de Sony Music. Foto: Ariel Grinberg
El disco no intenta repetir un éxito. Todo lo contrario. Es una provocación. Las canciones duran un minuto porque, según explica, funcionan como una respuesta irónica a una industria cada vez más obsesionada con el consumo rápido.
"Me burlo un poco de todo lo efímero que es la música. Las canciones duran un minuto, pero en realidad las hice largas. Las corté a propósito."
No habla sólo del fenómeno de los videos de un minuto y medio o de la obsesión por atrapar la atención en los primeros tres segundos de un TikTok. Habla de una forma de consumir música. De una escena que, según él, dejó de detenerse en las obras completas para vivir a la caza del próximo hit viral. "Siento que la gente escucha con los ojos", dispara.
Durante más de un año se encerró tres veces por semana en ese mismo estudio de Sony Music. Produjo, grabó y escribió prácticamente todo solo. Algunas canciones nacieron en minutos; otras quedaron archivadas hasta encontrar su momento. Una incluso apareció mientras improvisaba con un ukelele, que no sabe tocar, frente a su novia que lo acompaña en cada entrevista.
Un cambio que también lleva en el cabello
En este momento su mayor desafío es reconstruir su identidad. Quiere dejar atrás la vergüenza que le provoca mirar al Valentino adolescente de hace cinco años que era impulsivo, aparentaba que nada le importaba y terminó dejando que la mirada ajena condicionara quién era. "No estoy buscando volverme viral. Estoy buscando encontrar a mi gente", define sobre su nueva etapa.
Lil Cake se hizo conocido en Internet con cabello largo. Hoy hasta piensa en cortarselo. Foto: Ariel Grinberg
Mientras habla vuelve a acomodarse el pelo. Los rulos ya no le cubren el rostro. Dice que antes los usaba casi como una forma de esconder inseguridades. Después de bajar más de 30 kilos empezó a sentirse distinto frente al espejo y decidió recogerlos.
""Hoy me gusta mostrar un poco más mi cara", admite. Tanto, que incluso está pensando en cortarse el pelo de a poco hasta llevarlo completamente corto. Su nuevo look también resume bastante bien el momento que atraviesa.
Porque después del streamer, del fenómeno de Mercho, del personaje que millones conocieron como Tortita y de la ansiedad por perseguir el próximo hit, Valentino parece haber entendido que el desafío ya no pasa por conquistar internet otra vez. Pasa por algo mucho más difícil. Volver a reconocerse cuando apaga la cámara.
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