La enorme filmografía de Ridley Scott está plagada, en el buen sentido, de grandes películas de acción -la primera de Alien-. Pero tal vez sus mejores realizaciones sean las que bucean también en los conflictos humanos -Blade Runner, Thelma & Louise, Los duelistas, Misión rescate-. Y tiene algunos bodrios, como La casa Gucci, 1492: La conquista del Paraíso-. Otro tema es cuando el británico se mete en el cine de la ciencia ficción.

Y ahí, además de Blade Runner y Alien, entra La guerra de los últimos, que se basa en la exitosa novela de Peter Heller de 2012. Algunas cosas han cambiado, pero el resultado final es un batido de acción -escasa-, efectos -algunos que se notan como tales, por lo que no son lo efectivo que se necesitaría- y ese trasfondo humano que no siempre es el condimento o la base de las películas del realizador de, ya, 88 años.

Jacob Elordi, junto a Jasper, el perro fiel y amigo de su personaje. Fotos Disney

Jacob Elordi, sobreviviendo

La historia es una de supervivencia en un mundo postapocalíptico, que transcurre en un futuro no muy lejano -2035 en la película, en la novela no se aclara la fecha precisa-, luego de que una pandemia de gripe dejó a escasas personas con vida.

Entre ellas está Hig (Jacob Elordi), viudo de una esposa lógicamente joven, que vive con su leal perro Jasper en el hangar abandonado de un pequeño aeropuerto. Tiene un vecino, el exmarine Bangley (Josh Brolin) quien, armado hasta los dientes, armó una suerte de bunker: es pesimista con respecto a lo que vendrá, algo así como la contracara de Hig.

Jacob Elordi y Margaret Qualley, dos de las estrellas jóvenes más buscadas coprotagonizan el filme.

Entre tanta desolación, Hig pilotea su avioneta allí donde, y no pregunten cómo después de tantos años de pandemia, consigue latas de gaseosas que no han perdido el sabor ni el gas. Pero cierta señal de radio lo alienta a buscar nuevos rumbos, un lugar donde espera poder desarrollar una vida mejor, y alejarse de los villanos armados que asolan con hostilidad la zona del aeropuerto -y que Bangley se encarga de matar a distancia y quemar sus cuerpos-.

Y entra Margaret Qualley

Así es como conoce al personaje de Margaret Qualley (La sustancia, Había una vez... en Hollywood) y su padre (Guy Pearce), cuando su avioneta sufre un desperfecto y debe aterrizar de emergencia.

El asunto con La guerra de los últimos es que no termina de ser ni una película de acción, como vende el trailer, ni una de contenido profundamente humanístico, como parece que fue la idea. Es como un cóctel en el que las medidas del bartender Scott no son, dirían nuestros abuelos, ni chicha ni limonada. Ni una cosa ni otra.

Elordi y Josh Brolin (Thanos en el Universo de Marvel) con el paisaje rural de Italia de fondo.

Tras una primera media hora atrapante, la de la clásica presentación de personajes y situaciones, el ritmo interno empieza a languidecer hasta que Scott recure a la aparición de los malos. Un tema aparte es el arribo a ese lugar de donde proviene la extraña señal de radio, que en la película parece como, si fuese una serie, un episodio aparte.

Jacob Elordi puede matar, llorar y recordar a su esposa con la misma prestancia. Es Margaret Qualley quien tiene en suerte el personaje que "cambia", que puede resultar hasta protector, a diferencia de los esquemáticos de Brolin y Pearce.

Así que quienes vayan a ver La guerra de los últimos esperando "una de acción de Ridley Scott", quizá deban modificar sus expectativas.

"La guerra de los últimos"

Buena

Thriller / Ciencia ficción. Estados Unidos / Reino Unido. Título original: “The Dog Stars”. 118’. De: Ridley Scott. Con: Jacob Elordi, Margaret Qualley, Josh Brolin, Guy Pearce. Salas: IMAX, Cinemark Abasto, Palermo, Dot y Unicenter, Cinépolis Recoleta, Houssay y Pilar, Showcase Belgrano, Haedo y Norcenter.