En una entrevista con Albert Pla pueden pasar muchas cosas. Lo que difícilmente ocurra es que no pase nada.
Hay artistas que responden. Albert Pla, en cambio, parece desplazarse. Cuando una pregunta insinúa un camino, él suele tomar una tangente. El límite se corre. La respuesta esperada se transforma en otra cosa. Nunca termina de quedar claro si está provocando, jugando o simplemente diciendo con absoluta sinceridad lo primero que se le pasa por la cabeza.
Tal vez por eso entrevistarlo tenga algo de espectáculo. Casi como estar viviendo un unipersonal. Y tal vez por eso sea difícil salir de una conversación con él exactamente igual a como se entró.
El próximo 30 de septiembre, el artista catalán regresará a Buenos Aires junto a The Surprise Band para presentar Rumbagenarios en Niceto Club. Una propuesta en la que la rumba, el teatro, el humor, la poesía, las proyecciones y la danza se mezclan en un show que, según adelanta, tiene una única pretensión: ser una fiesta.
Pero en la charla aparece otro hilo que atraviesa casi todo lo que dice. La infancia. Lo lúdico en general, pero más que nada el niño que fue. La pileta en la que, según asegura, nacieron todas sus ideas. Y la convicción de que, después de todo, uno nunca termina de abandonar del todo a quien fue.
-¿Qué espera el público de Rumbagenarios y qué esperás vos de la presentación en Niceto?
-Rumbagenarios es un espectáculo que ya estamos terminando. Llevamos dos años con él y nos daba pena acabarlo sin venir a la Argentina y a Uruguay. No queríamos empezar a armar uno nuevo sin venir para estos lados. Además, acá en la Argentina nunca pudimos hacer un espectáculo con gente de pie. Siempre hicimos cosas con el público sentado, en un rollo más tranquilo. Ahora nos hace gracia venir con toda la banda, con más baile, con canciones que nuestro público conoce bien y con un espíritu más desenfadado.
En otros shows, cuando yo canto, todo el mundo quiere cantar y otros les hacen “¡shhh!”, piden silencio como si fuera algo... ya sabes (hace señas con las manos como algo grandilocuente). Esta vez queremos otra cosa.
Albert Pla viene con banda completa para presentar "Rumbagenarios".
-Músico, escritor, actor, guionista, provocador. ¿Cómo definirías a Albert Pla para alguien que no te conoce?
-Hostia, qué difícil. No sé. Soy un tipo que canta canciones muy largas, con letras muy largas, casi como cuentos. El que tenga paciencia y quiera escuchar disparates, que venga. Al final se pone divertido.
-Cuando aparece una idea nueva, ¿en qué formato la imaginás primero: escrito, actuado o cantado?
-El proceso siempre empieza con una gran película musical, con muchos actores, mucha música y gente bailando. Luego, como eso es un poco caro, hago un espectáculo teatral con orquesta, coros y bailarines. Pero también es caro. Entonces cojo una banda. Y como también es caro, agarro la guitarra y termino siendo yo solo, haciendo el idiota como siempre. Pero está bueno. Me río mucho.
Orejas de niño
No sé si Albert Pla me está tomando el pelo o si acaba de explicar, en menos de un minuto y entre chistes, cómo una gran idea artística puede ir achicándose a medida que empiezan a aparecer los números. Con Pla nunca se sabe. Y probablemente ahí esté la gracia.
-En una entrevista dijiste una frase que yo haría bandera: “Las orejas de niño son las que mejor escuchan”. ¿Toda tu obra es, de alguna manera, una excusa para seguir mirando y escuchando el mundo como un niño?
-Es que nunca me sentí alejado del niño que fui, del joven que fui o del viejo que seré. Siempre fui la misma persona. Cada vez entiendo más a esos viejecitos que vuelven a sentirse como niños. Pasa un poco como con las canciones: las más nuevas acaban siendo las más viejas y las más viejas, las más nuevas. Hay algo cíclico en todo esto de vivir y de crear.
Albert Pla, en escena. Canciones, baile y muchos músicos, para un espectáculo que -dice- será una fiesta.
-Los periodistas que te vamos a entrevistar sabemos que probablemente juegues con esa incomodidad. ¿Disfrutás de lo que provocás o simplemente se da naturalmente?
-La verdad es que la mayoría de las veces que pasa eso es porque me hablan de cosas que no entiendo o que no me interesan. No digo que este sea el caso -se ríe-, pero entonces digo lo primero que se me pasa por la cabeza, además avisando que mañana voy a cambiar de idea. Y lo peor es que siguen insistiendo.
-Incluso fuera del periodismo. Quien va a ver un show tuyo ya va preparado para para que lo provoques. ¿Cómo sorprendés a alguien que no espera menos?
-No sé. Este espectáculo, precisamente, será una fiesta. Los anteriores, en los que venía solo con la guitarra, eran otro rollo. Pero ahora estamos todos los que venimos trabajando desde los primeros días. Lo que la gente puede esperar es una fiesta. Es un homenaje a nosotros mismos y, en las fiestas, uno se sorprende. Principalmente cuando están buenas.
-¿El eje conceptual, si es que lo hay, es disfrutar?
-No sé si existe tal cosa como un eje conceptual. Nosotros la pasamos de puta madre arriba del escenario todo el tiempo. No hay ningún momento en el que no sea así. Para nosotros es todo festejo y así se tiene que entender.
El eje puede ser que los músicos que me acompañan jueguen, se desahoguen y disfrutemos todos juntos de su talento. Y vamos a hacerlo con canciones, teatro, imágenes, como corresponde en una fiesta. No hay más concepto que ese. Sobre todo, juntar la rumba de Diego con los arreglos que hacemos con Judith, algo más electrónico, mezclarlo todo y echar pa’lante.
Albert Pla se reparte entre la música y el teatro. Le gustaría hacer seis meses de cada cosa.
-Cuando pensás un nuevo espectáculo, ¿te mueve más lo que ves afuera, en el mundo, o lo que te pasa adentro?
-No sé. Tampoco creo que estén tan definidos los límites entre esos mundos. Ahora sale un disco nuevo en noviembre. Es larguísimo, tiene casi veinte canciones y todas son larguísimas. Y con eso estamos preparando un espectáculo nuevo.
Nosotros los espectáculos los hacemos así: hace tres días que estamos ensayando, nos encerramos en el teatro con proyectores, luces y las canciones que tenemos. Vamos viendo todo junto y, pues, a reír.
Calamaro, Charly y Spinetta
-¿Qué artistas argentinos te interesan?
-Muchísimos. Yo no soy muy melómano, pero de mi generación y un poquito anterior hay muchísimos: Andrés Calamaro, Charly García, Spinetta. También te diría que son casi compañeros Andy Chango, Andrés Ciro. Hay tanta gente que ya son medio familia.
Y también en Uruguay, con Jorge Drexler y otros. Pero mi preferido es Leo Masliah. Para mí, el mejor músico y letrista de los últimos años, a una distancia abismal del resto.
-¿Dónde te sentís más cómodo: cantando, actuando o escribiendo?
-Depende del momento, mientras esté en el escenario. Yo estoy bien en el escenario. Cada cosa tiene su magia. Ahora estoy haciendo una obra de teatro aquí en Cataluña. Este año estuve haciendo una función cómica y me parece una maravilla jugar con los gags, ver la reacción del público, ir viendo el ritmo de la risa.
Pero después miro de reojo la guitarra y ya tengo ganas. Después de cien funciones de teatro, la verdad es que tengo unas ganas que te mueres. Imaginate: voy a venir a la Argentina y desde diciembre que no hago un concierto. Solo he hecho teatro. Entonces, claro, tienes unas ganas tremendas. Y después pasa al revés. Cuando hiciste ochenta bolos de recitales, decís: “Bueno, ya vale, ¿no?”.
Albert Pla y su compañía. Asegura que en sus espectáculos el público es más importante que él.
-¿Qué lugar ocupa la improvisación en tu obra? Porque para jugar tanto en el escenario tiene que haber mucho trabajo atrás.
-Pues claro. La improvisación es fácil cuando te sabés bien el guion. Y, por otra parte, las improvisaciones que funcionan se reimprovisan tanto que acaban siendo parte del guion. El guion está tan vivo en cada show que termina llenándose de improvisación.
Uno va generando esa evolución, pero depende mucho de los distintos escenarios. En un lugar con dos mil personas de pie es más difícil tener conversaciones con el público que en un teatro o en una sala con la gente sentada. El público también te da mucho para improvisar, para jugar con sus reacciones.
-¿Qué preferís: ese diálogo intimista o la energía directa de tocar con una banda?
-Yo, seis meses de cada. Un poco de charlar, un poco de cantar solo, un poco de cantar con banda, un poco de teatro, un poco de cine y algún guion.
Ideas bajo el agua
Hay otra idea que Albert Pla repite cuando habla de su relación con la creatividad. Dice que todas sus ideas se le ocurrieron cuando era niño, en una pileta. Que después, en realidad, no se le ocurrió nada nuevo.
"Es que creo que es así. Las ideas después se van repitiendo, pero todo lo creativo nació ahí. Nació en la infancia. Yo creo que todos ya nacemos con eso puesto. Ya nacemos con los pensamientos puestos. Sólo hay que saber cómo ir abriendo la cajita", dice.
En "Rumbagenarios", el espectáculo de Albert Pla, hay también música electrónica.
-Más allá del show festivo y de las canciones largas que decís que hacés, ¿qué te gustaría que se lleve quien vaya a verte a Niceto?
-De verdad que me cuesta muchísimo hablar de esto, ¿sabes? Yo creo que en un concierto mío, y también cuando voy a otros conciertos, lo que busco son sensaciones. !Hostia, es muy difícil de explicar! Lo que quiero es que salgan con sensaciones. Que ocurra algo.
-Bueno, pero que ocurra algo no es poca cosa. No en tantos encuentros de la vida ocurre algo.
-Cuando uno sube a un escenario, sea quien sea, hace su trabajo. Lee su guion, interpreta un personaje, intenta una canción. Uno puede tener toda la predisposición, pero también creo que es mucho más importante la predisposición del público. El público trae una cosa que va variando y entonces yo me muevo con eso. No sé explicarlo, pero creo que en mis conciertos el público es más importante que yo.
Y quizá ahí esté la mejor definición posible de Albert Pla. No tanto en sus canciones largas, en sus personajes, en la provocación o en la incomodidad que provoca. Sino en esa necesidad de que algo ocurra.
Que entre el escenario y el público suceda algo que no estaba del todo escrito. Que una canción deje de ser solamente una canción. Que una entrevista deje de ser solamente preguntas y respuestas.
Todavia no hay comentarios aprobados.