El estreno de la cuarta temporada de la antología "Monstruo: La historia de Lizzie Borden" en Netflix ha revivido uno de los crímenes más enigmáticos -y sangrientos- de la historia estadounidense. La nueva parte creada por Ryan Murphy e Ian Brennan, busca reconstruir el brutal doble homicidio a hachazos ocurrido en 1892 en Fall River (Massachusetts) y situar en el centro de la escena una relación cargada de tensión sexual, manipulación y complicidad criminal entre la acusada, Lizzie Borden (interpretada por Ella Beatty), y la empleada doméstica de la casa, Bridget "Maggie" Sullivan (encarnada por Vicky Krieps).

Hell hath no fury like Lizzie 🪓

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— Netflix (@netflix) August 20, 2026

En la pantalla, la serie presenta a Bridget como una figura calculadora que incita a Lizzie a rebelarse contra el yugo familiar, presentando encuentros íntimos en los cuartos del servicio, baños rituales de jugo de cereza e incluso el uso de "audaces dispositivos" para la época victoriana. Sin embargo, detrás del despliegue dramático y el suspenso que caracteriza a las producciones de Netflix, la realidad es que la relación entre ambas mujeres fue fría, distante y estrictamente profesional.

¿Quién fue realmente la verdadera Bridget Sullivan? Entre la distancia social y la lealtad doméstica

Nacida hacia 1866 en la empobrecida parroquia minera de Allihies, en el condado de Cork, Bridget Sullivan perteneció a esa generación de jóvenes irlandesas que emigraron a Estados Unidos tras las secuelas de la Gran Hambruna. Tras desembarcar en Newport en 1883 con apenas dieciséis años y trabajar en el servicio doméstico en Pensilvania, Bridget se trasladó en 1889 a la próspera ciudad industrial de Fall River. En noviembre de ese mismo año, el acaudalado empresario Andrew Jackson Borden la contrató como única empleada interna por un salario semanal de tres dólares.

Una foto real de Bridget 'Maggie' Sullivan. Foto: Diana Porter/Colección Barbara Knightly Hockaway/Lizzie Borden Warps and Wefts

A pesar de la enorme fortuna de Borden, la casa del número 92 de Second Street carecía de comodidades básicas como agua corriente, iluminación a gas o agua caliente. Bridget debía realizar en soledad extenuantes tareas físicas que incluían cargar agua en cubetas, hornear, lavar ropa a mano y cocinar tres comidas diarias (cuatro si contamos la merienda u "hora del té").

Su lugar en la casa estaba relegado a una pequeña buhardilla sin calefacción en el tercer piso. La distancia con sus patrones era abismal: mientras Abby Borden era la única que la llamaba por su verdadero nombre, Lizzie y su hermana Emma se dirigían a ella bajo el apodo genérico de "Maggie", la denominación con la que llamaban a la sirvienta anterior. Aunque el ambiente sofocante y las tensiones familiares la llevaron a intentar renunciar en varias ocasiones, Bridget permaneció en el puesto por lealtad hacia Abby, a quien definió tras la tragedia como una mujer encantadora.

¿Bridget Sullivan y Lizzie Borden tuvieron un romance en la vida real? El origen del mito sobre la supuesta aventura lésbica

A pesar de la apasionada aventura que retrata la serie de Netflix, no existe un solo documento histórico, carta o testimonio de la época que sugiera que Lizzie Borden y Bridget Sullivan mantuvieran una relación sentimental o sexual. Para historiadores y expertos en el caso como Cara Robertson, autora de "El juicio de Lizzie Borden" (The Trial of Lizzie Borden), la idea del romance es una construcción puramente sensacionalista que responde al deseo recurrente de la literatura y el cine de insertar un interés amoroso para explicar la violencia o justificar la dinámica del crimen.

Contraria a la serie, no existe un solo documento histórico que sugiera que Lizzie Borden y Bridget Sullivan mantuvieran una relación sentimental o sexual. Foto: Netflix

Las especulaciones sobre la sexualidad de Lizzie surgieron principalmente debido a su soltería a los 32 años -una condición observada con severidad por la sociedad victoriana, que la catalogaba de "solterona"- y a sus posteriores y cercanas amistades femeninas tras el juicio, en particular con la famosa actriz Nance O'Neil. Esta mitología del romance prohibido entre la patrona y la criada fue popularizada décadas más tarde en la ficción, primero por el novelista Evan Hunter en su libro de 1984, "Lizzie", y posteriormente por el thriller cinematográfico de 2018 protagonizado por Kristen Stewart y Chloë Sevigny. En resumen, la producción de Ryan Murphy toma estas licencias creativas del imaginario popular y las lleva al extremo para intensificar el conflicto dramático en la cuarta temporada de "Monstruo".

El misterioso episodio de vómitos y el pánico a un envenenamiento: diferencias entre la realidad y la ficción de Netflix

En los días previos a la tragedia ocurrió un hecho insólito que se convirtió en una de las piezas centrales de la investigación policial. El martes 2 de agosto de 1892, Abby Borden acudió en estado de pánico a la consulta del médico familiar, el doctor Seabury Bowen, manifestando su sospecha de que alguien intentaba envenenar a la familia tras haber pasado la noche sufriendo vómitos violentos junto a su esposo. Para el miércoles 3 de agosto, las náuseas, dolores abdominales y mareos se extendieron a toda la casa, afectando también al cuñado visitante John Morse y a la propia Bridget Sullivan, quien declaró haber vomitado mientras intentaba preparar el desayuno.

Las investigaciones médicas de la época determinaron que la causa probable de la dolencia fue un caldo de cordero y pez espada que se había preparado días antes y permaneció en una despensa caliente sin refrigeración adecuada durante una intensa ola de calor. Sin embargo, los rumores de envenenamiento cobraron fuerza cuando el farmacéutico local Eli Bence declaró que esa misma tarde del miércoles Lizzie Borden intentó comprar ácido prúsico (cianuro) alegando que lo necesitaba para limpiar un abrigo de piel de foca.

Además del hecho en sí, existe otro factor curioso y fundamental cuando se busca comparar la línea de tiempo entre la historia ficticia y la real. Mientras que en la serie de Netflix transcurre un período considerable de tiempo entre el episodio de intoxicación gastrointestinal y el desenlace fatal, la realidad es que la intoxicación ocurrió apenas 24 y 48 horas antes del sangriento doble homicidio.

El testimonio de Bridget Sullivan en el estrado: la rutina matutina del 4 de agosto de 1892 y la risa en las escaleras

La mañana del jueves 4 de agosto, aún debilitada por la afección estomacal, Bridget se levantó a las seis de la mañana para encender la estufa de carbón y preparar el desayuno. Tras servir la comida a Andrew, Abby y John Morse, la ama de llaves recibió órdenes directas de Abby para lavar todas las ventanas de la casa por dentro y por fuera. Mientras Bridget llenaba cubos en la bomba del patio y arrojaba agua sobre los cristales exteriores, el supuesto asesino —a quien la investigación policial y la fiscalía señalarían posteriormente como la propia Lizzie Borden— atacó brutalmente a Abby en el dormitorio de invitados del segundo piso con diecinueve impactos de hacha, sin que Bridget escuchara gritos debido al constante ruido del agua.

En la serie, Bridget Sullivan ayuda a Lizzie a planear el asesinato del matrimonio Borden. Al igual que el romance, no hay prueba de que ella haya sido partícipe activa del crimen. Foto: Netflix

Alrededor de las 10:40 de la mañana, Andrew Borden regresó de hacer sus trámites en la ciudad. Al encontrar la puerta principal trabada por tres cerrojos distintos, Bridget acudió a abrirle desde el vestíbulo y, al soltar una exclamación de frustración ante la dureza de las cerraduras, escuchó con claridad una risa proveniente del piso superior: era Lizzie Borden situada en lo alto de las escaleras, un detalle que la fiscalía utilizaría más tarde para demostrar que la joven ya sabía que su madrastra yacía muerta a pocos metros.

El cuerpo de Andrew Borden, al padre de Lizzie Borden, encontrado en la sala de la casa por la policía el 4 de agosto de 1892. Foto: The Herald News

Minutos después, tras indicarle Lizzie que saliera a descansar por el sofocante calor, la sirvienta subió a su buhardilla. Apenas diez minutos más tarde, el grito de Lizzie quebró el silencio: "¡Maggie, baja rápido! ¡Papá está muerto; alguien entró y lo mató!". Al bajar, Bridget encontró el cuerpo mutilado de Andrew en el sofá de la sala, observando que Lizzie se encontraba serena y sin una sola mancha de sangre en su vestido azul.

El secreto que Bridget Sullivan se llevó a la tumba

Durante el histórico juicio de junio de 1893 en New Bedford, el testimonio de Bridget Sullivan fue el pilar sobre el cual se construyó el marco temporal de la causa. Bajo el astuto contrainterrogatorio del abogado defensor George Robinson, Bridget mantuvo una compostura inquebrantable, confirmando que nunca había presenciado discusiones violentas en la casa y declarando de manera objetiva sin dejarse llevar por especulaciones. Su testimonio demostró que la casa estuvo sellada contra intrusos externos, pero la falta de pruebas físicas directas que vincularan a Lizzie con la manchada arma del crimen llevó al jurado a emitir un veredicto de no culpabilidad en solo una hora y media.

Tras la absolución de la acusada, Bridget cobró sus salarios atrasados y rompió definitivamente todo vínculo con Fall River. Viajó brevemente a Irlanda y en 1897 se instaló en Anaconda, Montana, donde se casó en 1905 con el obrero John M. Sullivan. Durante cuatro décadas, Bridget llevó una vida modesta de clase media en la calle Alder, manteniendo un pacto implícito de silencio absoluto: jamás volvió a hablar del crimen de los Borden con vecinos ni periodistas.

Un recorte de periódico de 1893 tras la absolución de Lizzie Borden por haber asesinado con hacha a su padre y su madrastra. Foto: Library of Congress

Las teorías posteriores sobre un "dinero para silenciarla" pagado por las hermanas Borden o una confesión en su lecho de muerte han sido totalmente desmentidas por los registros de propiedad y por el testimonio de sus familiares directos. Bridget Sullivan falleció el 25 de marzo de 1948 a los 82 años en Butte, Montana, llevándose a la tumba los últimos secretos de aquella trágica mañana.

Con los ocho episodios de "Monstruo: La historia de Lizzie Borden" disponibles en Netflix, la serie utiliza las grietas y los vacíos de la historia oficial para crear un potente thriller psicológico. Si bien la complicidad romántica entre Lizzie y Bridget pertenece al imaginario de la literatura y la televisión, el retrato de las dinámicas de poder en la casa del número 92 de Second Street ofrece un espectáculo adictivo que permite disfrutar de la ficción sin perder de vista lo que sucedió en la vida real.