Este jueves se estrena la miniserie Mis muertos tristes, en Netflix, y el más allá ya envía sus señales a la cotidianeidad. La doctora Ema (Mercedes Morán) puede comunicarse con los muertos, atender sus quejas, y su hija Carolina (Dolores Fonzi) también tiene una conexión con ellos. Viven en la casa de la abuela, que acaba de fallecer, y enfrente está el complejo Piedrabuena, en Villa Lugano: hay violencia, tiros, y más muertos tristes que Ema puede ver.
¿Podrá ella desligarse de escuchar tantas voces del más allá? ¿Tendrá paz emocional? Para colmo, la jubilaron forzosamente del hospital público en el que trabajaba, y puso en venta su casa en Recoleta para vivir en el chalet de su madre, donde confluirá también Carolina, una fotógrafa y cineasta con la que no se lleva del todo bien. ¿Qué va a suceder cuando la hermana de Ema (interpretada por Alejandra Flechner), su cuñado (Carlos Portaluppi) y su sobrina Julie (Carolina Álvarez) lleguen de los Estados Unidos para tratar a Julie por su obesidad y su supuesta psicosis?
Lo que ella sufre, en realidad, es puro goce: tiene sexo con los muertos y no lo disimula a altas horas de la noche. Pero sus padres la internan en el Moyano, un día se fuga y todos los conflictos de la serie -los sociales, los familiares, los vinculares y los del más allá- se tensan alrededor de Ema: una gran composición de Mercedes Morán. Éste es el planteo de Mis muertos tristes, que adapta elementos de varios cuentos de Mariana Enríquez, como el que le da nombre a la serie, además de Julie, Un lugar soleado para gente sombría y Cuando hablábamos con los muertos.
Mercedes Morán se luce como Ema, la médica jubilada capaz de hablar con los muertos. Y de irritarse con los vivos. Foto: Netflix.
De San Sebastián a Netflix
De hecho, la propia Enríquez es una de las guionistas de la miniserie y su creador y director es el chileno Pablo Larraín (el mismo de los filmes Jackie, Maria y Spencer). Y, previamente a su estreno mundial, fue exhibida el 20 de septiembre, en formato película, en la competencia de la Sección Oficial del 74º Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Allí hubo ovación para las tramas paralelas de Mis muertos tristes. Además de la conexión entre Ema y su sobrina Julie -con sus formas tan distintas de conectar con los muertos: una desde el pesar y la otra desde el sexo- habrá una trama policial que tendrá en vilo a Piedrabuena.
¿Cuál? El asesinato de tres adolescentes, que Carolina conocía, desencadena una serie de sucesos inexplicables que rompen el equilibrio entre el mundo de los vivos y el de los muertos. “Los asesinos son los transas del barrio”, dice alguien, y casi nadie duda en querer hacer justicia por mano propia. También golpean, casi al borde del linchamiento, a rateros de poca monta, y Ema se enfrenta con los temores de los vecinos, azuzados por las políticas de mano dura y por los discursos de odio. En tanto, no deja de consolar a los muertos que se le cruzan, así como a su propia madre fallecida, en el chalet.
Alejandra Flechner, Pablo Larraín, Carolina Álvarez, Mercedes Morán y Dolores Fonzi posaron en San Sebastián antes de la proyección de "Mis muertos tristes" en formato de película (dura tres horas y 17 minutos). EFE
“Yo sé dónde está Julie”, parece decir alguien, y lo que ignoran los personajes lo sabe el espectador: ¿Podrá la joven que tiene sexo con los muertos encontrar paz y ser aceptada por sus padres? “Yo quería una hija normal como yo”, dice su madre (Flechner). Lo macabro y lo terrorífico se combinan en Mis muertos tristes de una manera natural, y, si bien a veces se entremezclan demasiado las tramas y se desordenan los hechos, nunca se pierde de vista el conflicto central: el punto de vista de Ema y su relación con los fantasmas. Es ella el catalizador para que todos peleen por sus deseos: los vivos y los muertos.
Pero Ema se muestra hastiada de todo, no intenta llevarse mejor con su hija Carolina, rechaza a los fanáticos del barrio que quieren ajusticiar a los ladrones y les brinda calma a los fantasmas de las tres chicas asesinadas. ¿Acaso se lleva mejor con los muertos que con los vivos? Por momentos eso queda claro en las reuniones del barrio por el tema de seguridad: Ema es cáustica y mordaz. Aunque la presencia -o la ausencia- de su sobrina Julie será un elemento que la desestructurará por completo. ¿Qué ve en ella como espejo de sí misma?
Alejandra Flechner compone a la hermana de Ema (Morán). Foto: Netflix.
La asociación narrativa entre Larraín y Enríquez fluye aquí con naturalidad: ambos son expertos en explorar mundos oscuros, ominosos, donde el desgarro social y la lucha de clases son permanentes, y hasta el tono desaturado de la miniserie acompaña ese clima. Larraín y Enríquez entienden que sus personajes tienen, siempre, algo de muertos. O de fantasmas en pena por las dolencias que les tocó atravesar, sea en dictadura o en democracia. Las ánimas están allí para el que las quiera escuchar, y es Ema la encargada de hacerse eco de sus problemas.
La palabra de Mariana Enríquez
Así, lo sombrío se desliza con soltura en Mis muertos tristes, cuyos cuatro episodios se pueden ver de una sola vez. Y también aparecen otros tópicos de la obra literaria de Mariana Enríquez -los vecinos fascistas, la cumbia, las bandas barriales y los códigos populares-, atravesados por los aditamentos fantásticos y macabros de sus fascinantes relatos. Allí es donde Larraín también se siente cómodo. Por eso, el 21 de septiembre, Mariana Enríquez le dijo a Clarín: “Creo que hubo una comunicación increíble con Pablo Larraín”.
El director y guionista Pablo Larraín junto a la escritora Mariana Enriquez en San Sebastián, donde su material compite como filme. EFE
Especialmente “en la creación del ambiente, que es algo que a mí me preocupaba bastante porque, por más que él sea chileno, hay algo del barrio en el que pasa la historia, y de la cuestión visual de lo urbano, que yo laburo y que para mí condiciona mucho a los personajes”. Es decir, “esos personajes son, de alguna manera, como una respuesta a ese elemento visual, y creo que él lo encontró. Y tengo que decir que eso lo encontró sólo porque yo no trabajé con él en ese momento de la serie. Cómo se ve el color, cómo es la textura; esos elementos los siento muy cercanos y siento que funcionó muchísimo ahí”.
También dijo Enríquez: “Cuando hablamos con Pablo la primera vez, él me dijo: ‘Yo quiero hacer un audiovisual que tenga como base este relato, Mis muertos tristes’. O sea, esta mujer, que tiene la capacidad de resolver una posvida de la gente. Pero además dice que, cuando lee mis cuentos, no ve sólo esa historia, sino que todos son un universo y que, más allá de que para mí se comuniquen o no, porque a lo mejor uno fue escrito en este momento y otro en otro, me dijo: ‘Yo siento que transcurren en un mismo universo y que se pueden encontrar las relaciones’”.
Entonces, Larraín fue armando una conexión entre la familia de Mis muertos tristes y la sobrina Julie: “‘¿Qué pasa si a esa hija en realidad la movemos un poco y pasa a estar en la misma familia de la otra narración?’, decía él. Y después usamos un elemento que está en otro cuento mío, pero que en realidad es de la vida real, que es la chica que se suicidó en un tanque de agua”, cuenta Enríquez. Y ella le contestó a Larraín: 'Probemos'. ¿Qué sentía la escritora? “Tenía muchas ganas de trabajar con Pablo, pero también de trabajar en una colaboración”. Entonces confluyeron las historias, se combinaron las tramas y los muertos comenzaron a aparecer una y otra vez: ellos, al final, son el motor emocional de este relato.
Ficha
Mis muertos tristes
Calificación: Buena
Drama sobrenatural Elenco: Mercedes Morán, Dolores Fonzi, Alejandra Flechner, Carlos Portaluppi, Germán de Silva, Luz Jiménez y Carolina Sánchez Álvarez, entre otros Dirección: Pablo Larraín Guión: Mariana Enríquez, Guillermo Calderón, Anastasia Ayazi y Pablo Larraín. Emisión: Cuatro episodios en Netflix.
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