Hay artistas cuyos bises se esperan casi tanto (quizás más) como el programa anunciado. Juan Diego Flórez es uno de los pocos capaces de provocar esa expectativa: uno podría ir a escucharlo pensando más en lo que vendrá después, sin despreciar a Mozart, Rossini, Donizetti y compañía. Pero Flórez tiene algo más: carisma, presencia, elegancia. Un aura que no se explica únicamente desde la voz, y vibra con más fuerza en el repertorio latinoamericano.

El recital del martes 22 de septiembre en el Teatro Colón tuvo un desarrollo de menor a mayor en cuanto al desenvolvimiento vocal. Tras un primer desbalance entre el piano de Vincenzo Scalera y la voz de Juan Diego Flórez en Misero! O sogno... Aura che intorno spiri, rápidamente corregido, el tenor fue ganando soltura. Su registro medio conserva la ligereza y frescura características, aunque en los agudos se percibió cierta pérdida de brillo y una emisión más tirante.

Su oficio para administrar la voz y el fiato le permitió afrontar las exigencias del repertorio, en particular las de Rossini, con sus amplios saltos y desplazamientos entre registros. Las piezas para piano solo, entre ellas Une caresse à ma femme, ofrecieron un respiro al tenor y una oportunidad de lucimiento para Scalera, sin quebrar la continuidad del programa.

El punto más alto de esta primera parte llegó con Una furtiva lagrima, de L’elisir d’amore, de Donizetti. Flórez evitó el énfasis patético que suele imprimirse a esta aria para construir una interpretación que mezcla erotismo y ternura: Nemorino descubre que es correspondido y siente casi físicamente el latido del corazón de su amada, en una intimidad donde suspiros y respiración se confunden.

El fraseo, la precisión técnica y la claridad de dicción sostuvieron esta lectura, en la que el deseo ocupó el primer plano.

Un tenor suelto en el Colón

Juan Diego Flórez hizo gala de la enorme conexión que tiene con el público argentino. Foto: Juanjo Bruzza

En la segunda parte, Flórez se mostró mucho más suelto. Bella enamorada, de El último romántico, Suena, guitarrico mío, de El guitarrico, y el fragmento de La alegría del batallón dieron paso a un repertorio de zarzuela que permitió otro acercamiento a su voz. Luego, Vainement, ma bien-aimée, de Le roi d’Ys, precedió a uno de los momentos más destacados de la noche: Ah, lève-toi, soleil, de Roméo et Juliette, de Gounod. Allí el tenor encontró una mayor libertad para desplegar la línea, con un fraseo sostenido y una resolución técnica que hicieron de esta interpretación el punto más celebrado de la segunda parte.

Después de Verdi, el recital todavía tenía algo más. Y fue entonces cuando aquella provocación inicial sobre la expectativa de los bises encontró su lugar. Flórez tomó la guitarra y recorrió canciones latinoamericanas: El día que me quieras, de Gardel y Le Pera; Te amo, Perú, de Polo Campos; La flor de la canela y Fina estampa, de Chabuca Granda; Zamba de mi esperanza, de Profili, y Cucurrucucú paloma, de Méndez.

El público acompañó el momento con entusiasmo y, entre los gritos de "¡Viva Perú!", se hizo presente ese lazo histórico de hermandad entre argentinos y peruanos.

El público argentino acompañó a Flórez con una complicidad que también habla de una afinidad latinoamericana y del orgullo con que aborda el repertorio de esta geografía. Sobre esa complicidad, para muestra basta un botón: cuando Flórez contó que era el cumpleaños del pianista, toda la sala se sumó espontáneamente a cantarle el feliz cumpleaños. La celebración dio paso a las dos últimas canciones, Mattinata, de Leoncavallo, y Amapola, de José María Lacalle, ambas con acompañamiento de piano.

Y así, entre Mozart, Rossini, Donizetti, Gounod y las canciones que el público aguardaba, el recital dejó una imagen que excede el balance de sus momentos vocales. Flórez no estuvo siempre en idéntico estado de comodidad, pero su oficio, su presencia y esa capacidad de establecer una relación inmediata con la sala explican buena parte de su singularidad: si existiera una competencia de farmear aura para artistas líricos, difícilmente encontraría rival.

El pianista Vincenzo Scalera y el tenor Juan Diego Flórez, en la despedida del concierto en el Teatro Colón. Foto: Juanjo Bruzza

Ficha

Ciclo Grandes Intérpretes

Calificación: Muy bueno.

Intérpretes: Juan Diego Flórez, tenor; Vincenzo Scalera, piano Programa: obras de Mozart, Rossini, Donizetti, Soutullo y Vert, Pérez Soriano, Serrano, Lecuona, Lalo, Gounod, Godard y Verdi Función: martes 22 de septiembre Sala: Teatro Colón.