“Estoy aquí para cumplir órdenes”, anuncia de entrada Jorge Silva al presentarse como capitán de la fuerza aérea, mientras su rostro refleja la impotencia de estar reprimiendo cuestionamientos a ese mandato. Hangar rojo, debut en la ficción del documentalista chileno Juan Pablo Sallato, se centra en el dilema moral que se esconde detrás de la cadena de mando marcial: la obediencia debida, principio que en la Argentina sirvió, tras el regreso de la democracia, para eximir a los mandos medios de responsabilidades durante la dictadura, hasta que la ley fue derogada, anulada y, finalmente, declarada inconstitucional por la Corte Suprema.

La película comienza el 10 de septiembre de 1973, apenas unas horas antes del golpe de estado de Augusto Pinochet contra Salvador Allende, pero Hangar rojo nunca se mete de lleno en esa historia, prefiere quedarse en una escuela militar para contar, en un arco narrativo que transcurre durante poco más de un día, la biografía del militar Jorge Silva, aquí interpretado con delicadeza por Nicolás Zárate.

Esos instantes previos al alzamiento de Pinochet, durante el derrocamiento de Allende y el primer ratito posterior a la muerte del presidente son suficientes para sumergirse en la vida del protagonista.

Poco sabemos de él antes de esas horas: apenas se menciona que es un admirado paracaidista, que fue relegado a instructor luego de haber dirigido el servicio de inteligencia y que es mirado con recelo por buena parte de sus compañeros de cuartel por haberle salvado la vida a Allende tres años antes del golpe.

Silva queda expuesto frente a sus compañeros por la caída del gobierno de Allende y, en el acotado tiempo en que transcurre el filme, deberá pronunciarse y tomar una serie de decisiones que condicionarán su carrera e incluso su vida.

Sallato sigue a Silva con obsesión y por lo general lo persigue con la cámara, mostrando la prolija nuca del militar mientras recorre los pasillos de esa escuela a punto de devenir en centro de detención clandestino.

Los planos cerrados, centrados casi siempre en el rostro del militar, transmiten la sensación de encierro y agobio que vive el protagonista, en un estilo visual vertiginoso que enseguida recuerda al cine de los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne.

Cadena de mando. "Hangar rojo" debate sobre el principio de obediencia debida.

Un hombre austero

La cara del protagonista expresa en su ascetismo que para él la procesión siempre va por dentro. Una orden acatada con un segundo de demora dice más que cualquier gesto de indecisión dentro de la lógica militar, donde dudar de un superior es imperdonable. Silva está forzado a aceptar con la misma firmeza con la que siente que debería oponerse a los pedidos de su nuevo jefe (y antiguo enemigo), el coronel Jahn.

Zárate se luce al actuar ese margen de expresión acotado que tiene Silva como abanico de posibilidades. La profundidad de campo, acotada con un foco selectivo constante entre personajes, expresa que hay más de una mirada posible dentro del universo militar. Y ahí también se justifica la elección de ese vistoso blanco y negro de Hangar rojo, con su enorme escala de grises para recordarle al espectador que las cosas no son tan sencillas: hay un mundo entero a retratar en el medio de esos extremos opuestos que representan luz y oscuridad o al bien y el mal.

Las tensiones afloran en ese gris cada vez más sombrío en el que se mueve Silva. Los nervios se pueden crispar por un teléfono que suena persistente sin que nadie lo atienda. Mientras intenta dar con el paradero de su esposa, una profesora universitaria de historia que quedó en medio de una operación militar, el capitán debe decidir con urgencia en medio de la incomodidad de estar tironeado entre obedecer y lo que siente como su deber.

Hangar rojo cuenta la historia de un militar en medio del golpe casi sin armas. Apenas un disparo, a traición, alcanza para graficar la violencia, exponer la aberración de la dictadura y poner en crisis moral esa obediencia debida que es el corazón de la película.

El paracaidismo es la metáfora recurrente que usa el cineasta, con el eje siempre puesto en ese miedo previo a saltar al vacío para lograr esa sensación de libertad que menciona Silva. El paracaidista necesita dar ese paso en el aire para saltar del avión o hacerse responsable de las órdenes que sigue como una decisión consciente.

La nuca del protagonista de "Hangar rojo". Es como si la cámara quisiera meterse dentro de su cabeza.

Hangar rojo es una película tan atractiva como incómoda, con un punto de vista poco tradicional por donde se la mire, ya sea desde lo formal con su escala de grises y una cámara inquieta que intenta meterse en la cabeza, literal, del protagonista; desde lo narrativo en ese puñado de horas que alcanzan para contar una vida entera; y desde lo moral, al alejar al espectador de los protagonistas del golpe o de sus víctimas para ponerlo en las pesadas botas de un militar que no está de acuerdo con el derrocamiento y, mucho menos, con sus implicancias.

Ficha

Hangar rojo

Calificación: Muy buena

Thriller / Biografía. Chile - Argentina - Italia, 2026. 82'. SAM 13. De: Juan Pablo Sallato. Con: Nicolás Zárate, Boris Quercia, Marcial Tagle y Catalina Stuardo. Salas: Cinépolis Recoleta, Atlas Patio Bullrich, Cine Lorca, Cine Gaumont (Espacio INCAA), Multiplex Belgrano, Showcase Belgrano.