"Mi corazón está en este inhóspito lugar que amo tanto", expresa con emoción la hermana cordobesa María José Ramírez (61), que vive en Benín desde 2020, y confiesa que no quiere volver a pesar de que tendrá que regresar a la Argentina para tratarse unos fuertes pinzamientos en la espalda "causados por el intenso ir y venir por rutas destrozadas, casi imposibles de transitar".
Muchos argentinos nos hemos enterado de la existencia de Benín gracias al partido que este martes marcará el último tango de Lionel Messi con la Selección Argentina. "No te das una idea de la alegría que se vivió en las distintas ciudades cuando se anunció oficialmente el encuentro amistoso. Aquí adoran a Maradona y a Messi, pero no lo relacionan con Argentina, no saben mucho de nuestro país, de hecho por ser blancos nos creen europeos", hace saber María José, que vive en la aldea Kpari, a 40 kilómetros de Parakou, una de las ciudades importantes camino a la frontera este con Nigeria.
El fútbol no es el punto fuerte de María José que, sin embargo, viviendo en África se fue encariñando con la Selección. Además, resultó ser el motivo de una charla distinta. "Imaginate lo que significa para este pueblo beninés haber sido el elegido para un evento excluyente como es la despedida de Messi. No tiene precio, saben que el mundo del fútbol lo estará viendo, se sienten importantes y protagonistas pese a no ser una Selección fuerte en el continente".
María José Ramírez, la religiosa que misiona en Benín y recibe el amor de la gente de la aldea Kpari, donde vive.
Benín es un antes y un después en la vida de esta mujer que tiene como único objetivo ayudar a vivir mejor a una población de extrema pobreza, en un lugar donde no hay agua potable ni luz eléctrica. Asegura que el país africano le cambió la mirada. "Ahora todo en mi vida lo veo a partir de esta misión que me tiene con la camiseta puesta".
Vive en Kpari, una aldea perdida en la selva, desconocida hasta para los mismos benineses, ya que no aparecía en Google Maps y ahora sí gracias a una gestión de la Congregación Esclavas del Corazón de Jesús Argentinas, a la que pertenece. "Son pequeños inmensos logros".
Destaca a la gente "que es hermosa, amable y querible". Y la conmueve "vivenciar la experiencia de compartir la vida con distintas etnias y religiones tan diversas, que se tratan con respeto, tolerancia y paz", siente María José.
Cuando llueve se inundan los caminos, con lo cual María José debe subirse a una canoa y cruzar el Río Okpará.
Para ubicarla en el mapa, Benín está en el oeste de África, sobre el golfo de Guinea. Tiene fronteras con Togo hacia el oeste, Burkina Faso y Níger al norte y Nigeria al este. La capital oficial es Porto Novo, aunque Cotonú concentra buena parte de la actividad política y económica del país y funciona como su principal centro urbano y comercial. Fue colonia de Francia hasta 1960, y hasta 1975 al país se lo conoció como Dahomey.
"Sólo gratificación"
Todo es esfuerzo en la vida rural de María José. "Un esfuerzo que es bienvenido, viendo la necesidad que hay en aldeas como las que vivo. Cuando vine en 2020, tuve que prepararme casi dos años y debí aplicarme no sé cuántas vacunas: una contra la fiebre amarilla, otra contra la tifoidea, otra contra la hepatitis y una más contra el tétanos". Recuerda que cuando le dijo a su familia que se iba "a misionar a Benín", recibió preocupación y negativas, que fueron cambiando al ver a la religiosa realizada.
Sobre la tarea diaria que lleva a cabo, María José habla de "la promoción humana. Acá una se toma tiempo escuchando historias de vida y organizando todas las cosas que hay que hacer. Cuando vinimos todo estaba por hacerse, queda un largo trecho, pero hemos logrado ayudar a la alfabetización de los chicos con la escuela que pudimos abrir, que no es el sistema educativo formal, sino que es educación para adolescentes que están haciendo la primaria en cuatro años. Las clases se dan en dos salitas y los maestros son musulmanes".
María José Ramírez (61), guitarra en mano, anima las tardes en la aldea, donde el baile es una de las principales atracciones.
Viaja seguido a Parakou, la ciudad más próxima que tienen, pero a veces los viajes se hacen interminables. "Vamos en moto o en camioneta, pero no podemos superar los 20 kilómetros por hora, porque los caminos están destruidos. Yo tengo la espalda a la miseria producto de tanto trajín en cada trayecto... Pero es prioritario viajar porque en la ciudad compramos comida, ya que en la escuela les damos de comer a los chicos".
Locuaz, la hermana hace hincapié de otras labores "como la crianza de animales y realización de nuestra propia huerta. El principal sustento es el maíz y la soja. La comida principal es como una especie de polenta a base de harina de maíz blanco que se mezcla con distintas salsas. ¿Carnes? Muy rara vez, pollo cada tanto. Por otra parte hemos conseguido créditos de empresas europeas para generar trabajo en un granero para mujeres de la aldea. Yo también enseño costura y tejido"
Habla con alegría y sin quejarse María José, que describe a la aldea Kpari, donde vive junto a unas mil personas, como "un lugar de extrema austeridad, donde no hay agua potable, ni luz eléctrica. "Yo sabía dónde venía y nunca dudé más allá de las carencias".
Muchos de los traslados que realiza María José son en "moto-taxi", por caminos destrozados que le produjeron fuertes pinzamientos en la espalda.
El agua que utiliza parte de la población de las aldeas las sacan de un río con agua estancada y la hierven para reducirle las bacterias. Hay otras aldeas que la obtienen de pozos, y otras a través de bombas de agua, que son muy costosas y cuando se consiguen es gracias a fondos extranjeros. Y como no hay electricidad, se utilizan unas pantallas solares que permiten unas dos horas de luz por día. "Hay una antena un poco precaria que permite acceder cuando se puede a internet, pero la señal depende de los vientos. Después, a la noche, la iluminación que se utiliza es a través fuego".
¿Qué la motiva vivir en un lugar así? Ser útil al prójimo y compartir. No te das una idea cómo la gente valora que nosotras estemos allí, lejos de nuestras raíces, sólo con el fin de dar una mano". Se le produce una sonrisa: "Ahora tenemos una escuela de fútbol en cuatro aldeas para chicos de 8 a 14 años y la verdad es que lo disfrutan un montón... Se terminó organizando un torneo anual, que no es nada sencillo si se tienen en cuenta las distancias entre aldea y aldea. Son pequeños pasos que se han podido alcanzar estos años", dice María José, que habla francés y algunas frases en los dialectos locales.
La escuela donde enseña la hermana María José Ramírez (61), una de las únicas dos argentinas en Benín.
Cuenta que vive en una casa con otras cinco mujeres de la Congregación, una de ellas argentina. "Las únicas dos en todo el país".
¿Hay peligros, inseguridad? "Las aldeas están manejadas por una autoridad civil que se llama delegado, que es quien se encargan de responder ante los problemas habituales que hay entre los ganaderos y los agricultores. Es común que resuelvan sus diferencias a machetazos y a veces es de vida o muerte. Hay peligro, sí, pero no temo por mi vida, a pesar de que hay mucho machismo".
El fútbol llegó a la aldea de Benín, donde está la religiosa argentina y tuvo gran repercusión en la población.
Vuelve al evento que genera el partido entre la Selección Argentina y la de Benín, que en la actualidad ocupa el puesto 93° en el ránking de la FIFA. "Socialmente es esencial para un pueblo ver a su representativo en un encuentro de tanta trascendencia. Es un orgullo para la gente y para los jugadores. Es una manera de decir y de hacerles saber que existen primero como país y luego como Seleccionado Nacional. Se vive como una fiesta nacional"
Otro detalle que comparte la argentina. "En África cada país se lo identifica con un animal referente de su tierra. Los de Camerún son los Leones Indomables; los de Costa de Marfil, los Elefantes; los de Nigeria, las Águilas; los de Congo, los leopardos; los de Argelia, los Zorros del desierto y así... ¿Sabés cómo se los llamaba a los de Benín? Las ardillas y no gustaba tanto en la sociedad, encima perdían con todos los rivales. Desde hace relativamente poco a los jugadores de la Selección como los guepardos, un tema de marketing", sonríe.
Cada tanto puede verse algún beninés con la camiseta albiceleste, como sucede con este chico en la ciudad de Parakou.
De todas maneras, reconoce María José, "hay un poco temor entre la gente ante una posible goleada, como pasó hace poco en Polonia, con el Sub-20 femenino, en el que Argentina ganó 8 a 0. Van a dejar todo en la cancha, esperan hacer un papel mejor que el de Burkina Faso y volver con honores. Por lo que sé, están contentos en los días que llevan en Buenos Aires. Probaron el mate, se sacaron fotos con Di María, fueron a ver el partido de Independiente con Instituto y uno de los jugadores, Mohamed Tijani dijo que le pedirá la camiseta a Messi".
MG
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