"Colocó al niño desnudo, mirando hacia la pared a modo de castigo. Le impedía sentarse retirándole la silla... Le demoraba la comida adrede", denunció ante la Justicia un empleado del hogar Remedios de Escalada, en Formosa.

Allí viven chicos que atraviesan situaciones familiares complejas y quedaron bajo el cuidado del Estado. Puertas adentro, quienes alguna vez vivieron o trabajaron en ese lugar cuentan otra historia: castigos, maltratos, drogas para mantenerlos dopados. Y, a pesar de las denuncias, nadie hace nada.

I.J.M. tiene 11 años y llegó al hogar en octubre del año pasado después de un hecho de violencia. Su padrastro quiso golpear a su mamá, Elena, y el nene se metió para defenderla. La mujer, totalmente fuera de sí, se equivocó y mordió a I.J.M.

En medio de ese contexto, el chico fue institucionalizado. Una semana después, su padrastro murió de un ACV, pero I.J.M. no volvió a su casa, con su mamá y sus hermanas chiquitas, sino que decidieron su permanencia en el hogar.

"La institucionalidad tiene que ser transitoria y extraordinaria. La escuela cuenta que Elena siempre estuvo presente, no condice los hechos con los que hay en los expedientes y cómo actuó la Dirección de Niñez", explica a Clarín Gabriela Neme, diputada provincial alineada a La Libertad Avanza y abogada de Elena.

Durante los primeros meses que I.J.M. estuvo en el hogar, Elena no pudo verlo. Recién en marzo empezó a visitarlo todos los viernes. Los encuentros eran supervisados: el nene siempre estaba acompañado por un empleado o un psicólogo del hogar.

"Hasta las comunicaciones con la asesora que eran por Zoom porque nunca lo fue a ver personalmente, estaba acompañado por un operador que es nulo porque lo marca la ley y constan en las actas. Ahí también está escrito que pedía estar con su mamá", cuenta Neme.

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Los gritos desgarradores del I.J.M

En junio, I.J.M. fue internado por una neumonía. Y en la habitación del hospital, lejos del hogar, le contó a su mamá el calvario que vivía puertas adentro.

"Baños con agua fría, los ponían desnudos en los pasillos, los castigaban con la comida, lo dejaban sin comer y lo sobremedicaban. I.J.M. contó que le metieron la cabeza en el inodoro y que cuando se portaban mal le daban una inyección que los hacía dormir. Hasta le pegan con cintos, el nene tiene una cicatriz en la pierna y moretones en las nalgas", describe la diputada.

Y agrega que I.J.M. también describió a sus agresores, que le decían que su mamá no lo quería, que era un chico abandonado.

Al mismo tiempo, se conoció la denuncia que un trabajador presentó dos meses antes contra un compañero. "El Gobierno de Formosa decidió trasladar al operador que denunció los maltratos y no a los agresores, por lo que los chicos siguen viviendo bajo el mismo techo", confiesa Neme.

En la denuncia, a la que accedió Clarín, el hombre acusó a uno de sus compañeros de privar de alimentos a los chicos, como método de castigo.

"Observé de manera directa que él retiraba la comida del plato de tres niños, mientras los mismos se encontraban comiendo. Observé como les quitaba la comida del plato con sus propias manos" dice un extracto.

Según relata, intentó servirle una nueva porción a los menores, pero el agresor "se lo prohibió expresamente".

Además, confesó que presenció actos de hostigamiento y castigo contra un niño con discapacidad, que no hablaba y que se alimentaba con botón gástrico.

"El operador colocó al niño desnudo mirando hacia la pared, a modo de castigo. Al que también le impedía sentarse retirándole la silla", dice parte de la denuncia. A este nene también se lo castigaba con la comida.

Cuando Elena se enteró de lo que estaba pasando con su hijo, hizo la denuncia. En vez de escucharla, decidieron suspenderle las visitas. La mujer recurrió a la Justicia, pero pasaban los días y seguía sin poder visitar a su hijo. No le quedó otra que ir a la oficina de la Niñez con su abogada y acuartelarse hasta conseguir la autorización para volver a verlo.

"En el expediente decía que la mamá no tenía interés en ver a su hijo", confiesa Neme.

El día que escapó del hogar del horror

Tras ese episodio, Elena retomó el contacto con I.J.M. Sin embargo, cansado de los maltratos, el nene se escapó del hogar el 4 de septiembre.

"Memorizó el teléfono de su mamá, escapó y se encontró con una vecina. Le pidió que llamara su mamá con la excusa que Elena le había encargado algo y que se olvidó. Ahí fuimos a buscarlo", explica la abogada.

I.J.M. estuvo casi un año en el hogar de Remedios de Escalada, de Formosa.

Ya en los brazos de su mamá, I.J.M contó todo lo que había sufrido en el hogar. Y nombró a Lionel. "Dijo que se escapó porque quería volver con su mamá y sus hermanas. También dijo que quería adoptar a Lionel porque la estaba pasando muy mal ahí adentro. Estábamos horrorizadas", revela.

Sin embargo, la jueza ordenó que el menor volviera a la institución. "Nosotros le dijimos que no íbamos a llevarlo. Resistimos el fin de semana y el lunes recibimos la citación de la jueza Nadia Caballero que decía que iba a escuchar a I.J.M.", dice.

Su mamá y Neme hablaron con él y le explicaron que era importante que vaya al juzgado y cuente todo, porque confiaban que eran mujeres y que se iban a dar cuenta de que el nene no podía seguir en ese lugar.

Llegó el día, fueron al juzgado, pero solo dejaron ingresar al I.J.M. De repente, escucharon los gritos del menor: "Auxilio, me van a encerrar, mamá te están mintiendo". Según relata la abogada, Elena entró para tranquilizarlo y la jueza le dijo que iba a hablar con los dos.

"Los metieron en distintas habitaciones y luego sacaron a I.J.M. en una camioneta con vidrios polarizados, mientras su mamá estaba encerrada en otra habitación", sostiene.

I.J.M. fue llevado al hospital, acompañado por una psicóloga y una enfermera. Cuando Elena se dio cuenta, lo siguió en su auto. "Gritaba de forma desgarradora. Después lo sacaron en una camilla totalmente dormido. Un médico nos dijo que le pusieron medicamentos para un caballo. Siempre los dopan para tranquilizarlos", agrega.

Al día siguiente, dictaron una resolución que decía que el menor tenía que ir a vivir con su abuela materna en Corrientes, a 300 kilómetros de distancia de su mamá y sus hermanas. Esta señora está denunciada por su hija por hechos de violencia.

Por su parte, a Elena la notificaron de una causa en su contra por resistirse a la autoridad. Y le imponen una medida que no puede ausentarse de Clorinda. Por ende, no puede visitar a su hijo en Corrientes.

"I.J.M. llegó de la mano de su mamá al juzgado y terminó saliendo de un hospital dopado y nunca más volvió a ver a Elena y a sus hermanas. ¿Qué vio el nene que no quieren que vuelva con su mamá?", relata Neme. Hace unos días, el nene de 11 años volvió a escaparse, pero esta vez de la casa de su abuela.

"Hoy sabemos que está bajo la tutela del Juzgado de Familia y Niñez N° 1 de Corrientes y tenemos la certeza de que esta vez el menor si será escuchado y que sus derechos y garantías serán respetados como marca la ley", dice Neme.

"Nos hacían tomar drogas"

A pocos metros del hogar donde estaba I.J.M, está la residencia para niñas que pertenecen al mismo hogar. Allí también trabajan los mismos empleados a cargo de los chicos. Sara Ramírez (18) pasó diez meses, cuando tenía 16 años.

Renacer está al lado del hogar de varones donde estuvo el menor de 11 años.

Su mamá Marcela cuenta que sus hijas mellizas atravesaban una situación de consumo problemático y conflictos propios de la adolescencia. "Nos dijeron que nosotros, los padres, éramos peligrosos para ellas porque no la dejábamos andar por la calle", explica. Así ingresaron al sistema y terminaron institucionalizadas en la residencia Renacer.

Sara recuerda los gritos, las burlas y los malos tratos. En total, eran 21 chicas en el hogar. Según explica Marcela, los empleados no tienen ningún tipo de experiencia en chicos o adolescentes.

"A mis hijas las dopaban, con esos famosos SOS (tranquilizantes) ahí mismo y eran trasladadas a la guardia psiquiátrica de los hospitales", añade.

El tiempo que las chicas estuvieron en el hogar, sus padres no pudieron verlas. Tampoco les daban información. "Ellos hacían y deshacían con mis hijas. No nos informaban nada. A una de ellas la trasladaron a tres provincias: Chaco, Corrientes y Misiones. Estuvo internada un año en una clínica psiquiátrica y yo no sabía nada", apunta.

Marcela estaba desesperada. Iba una semana tras otra a la Dirección de Niñez y Adolescencia, pero no recibía respuesta. "Inventaban cosas como que ellas atacaban a los operadores, todo para mantenerlas ahí", dice.

"Nos hacían tomar drogas como el clonazepam o el diazepam", dice Sara, todavía mortificada por esos recuerdos.

Además, revela que no las dejaban ir al colegio. "Sara me contaba que cualquier situación que pasaba dentro del hogar con las demás chicas, pedían un auto y la trasladaban a la guardia del hospital y darle el famoso SOS", confiesa.

Sara explica que la atacaban y que ella se defendía. Entonces, la trataban mal, la insultaban y luego la mandaban a la clínica para que la tranquilicen. La psicóloga le terminaba diciendo que ella era la culpable de todo.

"Todo un maltrato psicológico tremendo. Nos decían que nuestra mamá no nos quería y que nunca íbamos a volver con la familia", afirma.

Sara también cuenta que la encerraban durante semanas en una pieza con cámaras. "Nos llevaban la comida, pedíamos ir al baño y daban vueltas. Nos decían que nosotras éramos el problema", cierra.

EMJ