Con una enorme paciencia y sin perder nunca la sonrisa, Riccha intenta bajar lo más posible al llano la tarea que están llevando adelante desde hace poco menos de una década en este edificio, prolijo y sobrio, escondido en un silencioso ecorefugio dentro de la caótica Chennai, la urbe industrial que marca el ritmo del sur de la India. El trabajo, a pesar de contar con la tecnología más vanguardista que se pueda imaginar, es casi tan antiguo como la civilización: aquí un grupo de científicos está confeccionando un mapa.

Afuera, pasando el parque, saliendo del continente, a casi medio planeta de distancia en Silicon Valley, las principales empresas de tecnología se apuran por lograr el cableo de una inteligencia artificial que reemplace la mente humana. Aquí están haciendo todo lo contrario: Riccha y su equipo quieren entender cómo funcionan por dentro los caminos del cerebro. El original, el que viene de fábrica. La misión es desafiante y titánica. Para resumirla, encontraron una idea que entra en cualquier cabeza: "Queremos crear un atlas que sea como el Google maps del cerebro humano".

Quien lo explica es Riccha Verma, jefa de la oficina de científicos del Centro de Estudios del Cerebro Sudha Gopalakrishnan (SGBC, por sus siglas en inglés), un centro de investigación dependiente del Instituto Indio de Tecnología Madras (IIT Madras), una de las principales universidades públicas del país.

Riccha Verma, jefa de la oficina de científicos (Gentileza Sudha Gopalakrishnan Brain Centre)

Inaugurado a comienzos de 2020, el SGBC trabaja para crear mapas a nivel celular del cerebro humano en distintas etapas, desde fetos de apenas semanas hasta adultos mayores, para entender mejor cómo se interrelacionan sus distintas áreas y ayudar a resolver incógnitas médicas vinculadas a las enfermedades neurodegenerativas.

Para ello, el SGBC montó un laboratorio que entrecruza perfiles médicos con desarrolladores de software y científicos de datos, por el que Verma guía a una comitiva de 30 periodistas de toda América Latina, en la que participa Clarín, invitada por el gobierno de India.

Una veintena de profesionales, en su mayoría sub-35, analizan enormes monitores donde comienzan a desparramarse tendidos neuronales, hileras de puntos y planillas de Excel. Con sus mesas verde manzana circulares y su estilo descontracturado, podrían ser las oficinas de cualquier startup en carrera por sacar otra app, excepto por los ejemplares de cerebros reales en frascos rotulados que hay en una de las mesas laterales.

El techo está decorado con una extensa guarda que replica unas dendritas gigantes en bordó, las ramificaciones de las neuronas que captan información para entrelazarla. Precisamente, lo que ejecutan los técnicos que se encuentran debajo.

Para alcanzar el grado de especificidad que demanda el mapeo que aquí sueñan, el SGBC realiza escaneos post mortem sobre cerebros humanos de distintas edades, que van desde fetos de apenas 14 semanas hasta adultos mayores. Según precisan, ya digitalizaron más de 100 y tienen en espera una colección que ronda los 400 ejemplares, que fueron donados al Centro para su estudio.

Analizar cada ejemplar demora cerca de cuatro meses(Gentileza Laura Fernanda Bolaños)

Los cerebros llegan a través de una red de hospitales e instituciones médicas, que se acercan a los familiares de los fallecidos a ofrecerles la posibilidad de donar para investigación científica. Hay una ventana corta que deben aprovechar los médicos forenses para hacer la extracción tras la muerte de los donantes.

Además del visto bueno de la familia, el IIT Madras tiene un tribunal de ética propio que estudia el caso. Luego, llega el ejemplar con la historia clínica y se realiza una observación en profundidad. Se escanean con cámaras y sensores para crear moldes 3D a medida que permitan una mejor conservación. Los órganos son preservados a -80° C a la espera del momento del estudio.

El análisis es un proceso milimétricamente delicado. Consiste en seccionar el ejemplar en finísimas láminas, que luego entran a un escáner de alta resolución. "Tomamos cortes de 5, 10 o 20 micrones de grosor. Así que, de un ejemplar adulto, obtenemos 10.000 de estos cortes. Estamos obteniendo imágenes con una resolución muy fina: 10 micrones", ejemplifica Verma.

Un cabello humano, para dimensionar, mide entre 70 y 80 micrones de grosor. Escanear uno solo les puede demandar entre cuatro y ocho meses de trabajo, dependiendo del tamaño.

Secciones de diferentes partes del cerebro (Prensa Sudha Gopalakrishnan Brain Centre)

Una de las mayores dificultades que encontraron fue cómo preservar láminas tan finas y frágiles para evitar que se desintegren, o que al dañarse devuelvan información que no sirva para el mapeo.

Para ello, los cerebros adultos pasan por un proceso de "fijación", en el cual son conservados durante cuatro semanas en un medio líquido que fija sus partes y evita que los tejidos blandos se desmoronen al ser manipulados.

A la resolución que trabajan, los datos de cada digitalización son colosales. La imagen de cada lámina pesa unos 150 GB. Un solo ejemplar les insume entre 1 y 1,5 petabytes, el equivalente a unas veinte millones de fotos en calidad profesional.

"Se trata de conjuntos de datos muy grandes. Por eso se necesitan herramientas computacionales incluso para almacenarlos y analizarlos, a fin de determinar cómo se ve afectada una región cerebral específica por una enfermedad y cómo está organizada en un cerebro sano", apunta Verma.

En el laboratorio se trabaja en la preservación de los ejemplares y su análisis (Gentileza Sudha Gopalakrishnan Brain Centre)

Por la especificidad del trabajo, gran parte del equipo técnico estuvo vinculado a crear software propio que les permita avanzar de manera totalmente autónoma, incluyendo algoritmos que vuelvan a unir los fragmentos y corrijan los posibles errores producto del corte para consolidar un mapa 3D.

"En primer lugar, nuestra misión en este momento es comprender la organización del cerebro humano", avanza Verma. "Gran parte de nuestro conocimiento proviene de modelos de monos y ratones. Aunque estos modelos aumentaron nuestro conocimiento del tema, muchos de ellos no se pudieron aplicar correctamente a los humanos", comenta.

Por eso, primero buscan comprender cómo se organiza desde las primeras etapas prenatales hasta la adultez. "Queremos estudiar cómo se desarrolla y cuántas regiones diferentes se forman. Hay algunas regiones que tienden a desaparecer a medida que el cerebro madura", describe Verma.

A la par, están haciendo estudios de ejemplares con trastornos del desarrollo, enfermedades neurodegenerativas o accidentes cerebrovasculares, donde observan entre 50 y 60 marcadores químicos para saber cómo se comunican las regiones entre sí cuando cursan una enfermedad, o qué grupos de células son las que quedan comprometidas. "Queremos establecer comparaciones para determinar cómo una región en particular se ve afectada. Ese es nuestro gran objetivo", sintetiza.

Ciencia de datos, innovación y animales sueltos

El SGBC tiene un área especializada de científicos de datos para procesar el volumen de información que se saca de cada ejemplar (Gentileza Laura Fernanda Bolaños)

El SGBC nació a partir de un proyecto filantrópico de Kris Gopalakrishnan, fundador de Infosys, una empresa de consultoría y servicios de tecnología que es considerada una de las seis más importantes del país en un rubro donde India es potencia: Tecnología de la Información (IT).

Tras dejar la silla de CEO en 2011, comenzó una actividad filantrópica junto a su esposa Sudha, cuyo nombre bautiza el centro. Ambos decidieron financiar tres cátedras de investigación en cerebros en el IIT Madras, el instituto en el que Gopalakrishnan había estudiado.

“Una mejora en la comprensión del cerebro es lo que ha llevado a los recientes avances en computación, al desarrollo de arquitecturas de redes neuronales, al aprendizaje automático y a la inteligencia artificial. Estaba convencido de que, si llegáramos a comprender aún mejor su funcionamiento, surgirían modelos de computación más nuevos y mejores", dijo en una entrevista reciente al sitio The Indian Express.

Uno de los primeros en sumarse al proyecto fue el neurocientífico Partha Mitra, quien venía fantaseando con la idea de poder tener un mapeo específico y dejar de lado los modelos basados en animales de laboratorio. En el IIT Madras contactó con otros profesionales del área de ingeniería e informática que lo acompañaron en la idea de llevarlo a la práctica.

El Centro cuenta con más de 400 ejemplares(Gentileza Sudha Gopalakrishnan Brain Centre)

En 2018 se volvió una idea concreta: fragmentar y escanear cerebros de distintas edades y condiciones médicas para mapear parte de las millones de neuronas que este contiene.

El SGBC se puso operativo para 2020, poco antes de la pandemia del Covid-19, con apenas un staff de cinco personas. Hoy son más de 200 profesionales.

En apenas cuatro años de trabajo pudieron lanzar DHARANI, un atlas tridimensional del cerebro de un feto humano durante el segundo trimestre, que atraviesa cinco edades gestacionales. Fue la primera vez que India ofrecía a la comunidad neurocientífica un trabajo de vanguardia, según cuentan orgullosos desde el Centro. DHARANI, un acrónimo en inglés, también es un mantra en sánscrito que se utiliza para la protección y el cuidado.

En junio de 2026 presentaron el mapa ANCHOR, el primer atlas del tronco encefálico, el área responsable de conectar el cerebro con la médula espinal, además de controlar funciones vitales del cuerpo humano como el pulso, la respiración o la coordinación motriz.

Pero el último lanzamiento fue uno de los más auspiciosos: se trata del atlas C-STROKE, un mapa con más de 1000 secciones de un cerebro afectado por un accidente cerebrovascular. "Al mapear marcadores celulares críticos, entre ellos la salud neuronal, la neuroinflamación, la alteración de la barrera hematoencefálica, la hipoxia y la lesión axonal, el atlas revela por primera vez los detalles de las características clínicas de las imágenes a nivel celular microscópico", explican a Clarín.

La presentación de C-Stroke fue realizada a comienzos de octubre de este año por el primer ministro de India, Narendra Modi, quien recorrió las instalaciones del Instituto y anunció la misión de mapear al menos otros 100 cerebros.

Mohanasankar Sivaprakasam, director del SGBC, junto al Primer Ministro de la India, Narenda Modri, durante una recorrida en octubre de 2026 (Prensa IIT Madras)

El SGBC es, a su vez, una de las joyas que tiene el IIT Madras, rankeada como la universidad de ingeniería más importante que tiene la India. No solo eso, también es uno de sus motores en materia de innovación, gracias a una incubadora de startups que ayuda a llevar las ideas que les surgen a sus alumnos de la investigación académica a proyectos de impacto.

El campus del instituto forma parte de un pulmón verde de casi 5 kilómetros cuadrados que se encuentra en el corazón de Chennai, y donde conviven algunos edificios gubernamentales con el Parque Nacional Guindy, una reserva natural protegida única en su estilo: la encapsula una ciudad de 12 millones de personas. Por eso, al recorrer las calles que unen los distintos centros de investigación del Madras se cruzan en el camino animales salvajes como antílopes, ciervos, pelícanos o monos, paseándose entre alumnos o docentes.

Un ciervo blanco y un venado caminan por el campus del IIT de Madras (Prensa IIT Madras)

El Madras tiene 18 departamentos que incluyen Ingeniería Aeroespacial, Biotecnología, Química, Ciencia de datos e Inteligencia Artificial, Ciencia y Tecnología Médica o Física.

El instituto tiene un presupuesto anual de 335 millones de dólares, según explica a Clarín Veezhinathan Kamakoti, director del IIT Madras. Entre el 60% y el 70% de sus fondos para investigación proviene de tres vías: contratos con la industria, fondos públicos de ministerios gubernamentales y donaciones de Responsabilidad Social Corporativa (RSC).

Este último es un sistema que rige por ley en la India y pide a las empresas destinar el 2% de sus ganancias a proyectos de impacto social e investigación que las compañías elijan. "No es un impuesto, más bien una responsabilidad. El impuesto es cuando es el Gobierno el que te lo demanda", explica Kamakoti.

La mayor parte del presupuesto del instituto se va en investigación y desarrollo. El gobierno central aporta una subvención directa de aproximadamente 100 millones de dólares anuales para salarios e infraestructura.

Cada ejemplar demanda el equivalente de casi 200 millones de fotos

Apenas el 3% del presupuesto sale de la cuota de los alumnos, aunque un 30% paga una matrícula subsidiada y el 20% del alumnado estudia de manera gratuita. Quienes pagan el valor total abonan una matrícula anual de 2.200 dólares.

La articulación del Madras con el gobierno funciona de manera coordinada. El instituto es el que acerca líneas de desarrollo o áreas de estudio que pueden ser relevantes para el país en las próximas décadas, tales como IA, chips, tecnología cuántica o ciencia aeroespacial, algunos de los sectores donde hoy tienen proyectos activos.

A la par, el centro se encuentra a la búsqueda de alumnos para viajar a la India a especializarse en alguna de las distintas ramas que ofrece. Una de ellas es el programa de cooperación técnica y económica (ITEC), dependiente del Gobierno de India, que ofrece más de 400 cursos al año que van desde IA a comercio exterior pasando por agricultura e incluso yoga. "Esperamos sumar pronto estudiantes de América Latina, puede ser atractivo para ellos venir a un programa de un semestre, que tenemos decenas de opciones. Queremos que nos conozcan", pidió Kamakoti.

Mapa abierto

Así luce ANCHOR, el mapa que desarrollaron tras analizar un centenar de cerebros (Gentileza Sudha Gopalakrishnan Brain Centre)

En el SGBC, Verma muestra en la pantalla de una computadora cómo funciona ANCHOR en la práctica. Un cerebro digitalizado aparece girando en el aire, mientras con el mouse comienza a hacerle zoom. Las células neuronales se expanden por todos lados, como estrellas en una galaxia.

El SGBC además decidió que sus mapas estén abiertos a la comunidad internacional y puedan ser de consulta pública para colegas de todo el planeta.

"Queremos garantizar que esta investigación de vanguardia beneficie a los investigadores, los médicos y los pacientes de todo el mundo", plantean desde el Centro, al presentar ANCHOR durante una reunión de los BRICS. El mapa hoy ya se puede visitar de manera pública ingresando en el sitio web del Madras. Actualmente, es utilizado como referencia por instituciones en Alemania, Croacia, Rumania, Sudáfrica, Estados Unidos y Australia.

Confían en que a medida que puedan seguir sumando nuevos datos, serán otros profesionales los que utilicen esta tarea de base para hacer descubrimientos que lleguen a los pacientes. No esperan necesariamente que sea el SGBC el que logre avances, pero sí que sean médicos que se apoyaron en las herramientas que se crean en este laboratorio.

"Esto tendrá un impacto en la práctica clínica dentro de algunos años", se esperanza Verma. El destino al que arribarán otros con el mapa que ellos están confeccionando.