Un buque abandonado, que estaba en un astillero en Corrientes, apareció varado frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros, producto de la crecida del río Paraná. Sin tripulantes y hasta sin terminar, los 107 metros de hierro a la deriva representan un riesgo, pero además cuentan una historia.

No es la precuela ni la secuela de la película "El Barco Fantasma", de Steve Beck, protagonizada por Julianna Margulies y Gabriel Byrne. Aquel "Titanic del terror" nada tiene que ver con el Uros-Z, aunque bien serviría para una reversión. "Remake", diría en la industria cinematográfica.

En 1990, fue diseñado para ser un costoso buque tanque químico con bodegas de acero inoxidable, recuerda en su web el sitio "Época".

La misma crónica cuenta que por la quiebra de la empresa que pidió su construcción, la obra quedó inconclusa y, por eso, no tiene matrícula oficial.

Quedó entonces en manos del Estado y hace casi 30 años que está todo firmado para retirarlo, pero nunca nadie lo retiró del astillero correntino que lo supo albergar.

El "Uros-Z", la embarcación fantasma que navegó a la deriva en el Paraná por las crecidas

Casi 40 años después del inicio de su construcción, por el Súper Niño y las crecidas que ocasiona, entre otros problemas, las amarras del buque se cortaron y la estructura quedó a la deriva. Las aguas y la correntada lo llevaron a navegar, como si fuera un barco fantasma, durante 2 kilómetros y apareció varado frente al barrio Quilmes y Los Astilleros.

107 metros de largo (eslora), 14,5 metros de ancho (manga) y 6,70 metros de alto son la causa de un estado de alarma en la zona porque el buque no cuenta con luces, boyas ni ningún tipo de advertencia visual que permita a los navegantes detectarlo a tiempo y esto representa un riesgo para otras embarcaciones.

En 2018, Roberto Galvaliz, jefe de Prefectura en Corrientes, explicó que en ese momento se tomó la determinación de ubicar el Uros-Z en el barco de arena donde encalló por última vez ante la imposibilidad de remolcarlo hasta las costas de la capital.

El medio Norte de Corrientes publicó en su crónica de enero de ese año que el dueño de Astilleros, Miguel Gutnisky, se quejó de la inacción estatal, en intercambios que involucraron al por entonces ministro del Interior, Rogelio Frigerio.

"Le entregamos una carta porque se interesó en el tema, pero también quedó en la nada", relató, a pesar que aquella vez, su "estacionamiento" sí contaba con ciertas medidas de seguridad.

Gutnisky había señalado que la nave aún tenía valor. “Se puede continuar la construcción o venderlo así como está. Tiene un motor nuevo y como iba a ser un buque químico, tiene las bodegas de acero inoxidable, que son carísimas. Todo eso vale millones, es plata del Estado que perfectamente se podría recuperar”, afirmó.

Solo el motor con la caja, estaban valuados en cerca de 2 millones de dólares.

D.D.