Para los fieles católicos, la visita de León XIV es una oportunidad de ver al Papa de cerca. Para las monjas benedictinas de la Abadía de Santa Escolástica, en Victoria, partido de San Fernando, es otra cosa: la visita de alguien que, aseguran, ya les es “profundamente familiar”. Y aunque no saben si podrán salir del monasterio para verlo en persona, hace meses que rezan por él.
“Es el vicario de Cristo que viene a nosotros: esto significa como una visita del mismo Cristo, que viene a iluminar con su palabra nuestra vida”, explican las religiosas a Clarín, en un texto que escribieron juntas para responder a las preguntas de este diario.
En la abadía, al Papa lo escuchan todas las semanas. Cada domingo a las 7 de la mañana, antes de rezar, se reúnen para seguir su meditación mariana a la hora del Ángelus. Y lo mismo hacen los miércoles con la audiencia general. “Es como si estuviéramos en la plaza de San Pedro con todos los romanos y peregrinos”, dicen.
¿Podrán salir a verlo a alguna de sus misas acá? Las religiosas contemplativas —a las que antiguamente se llamaba “de clausura”— sólo dejan el monasterio en ocasiones excepcionales, y esta lo amerita. Por supuesto que para ellas es un gran deseo, una ilusión, pero, admiten, todo depende de la agenda que arma la comisión de obispos y, hasta ahora, el encuentro con los consagrados está previsto en Córdoba.
"Cuando vino Juan Pablo II fue distinto, pues la celebración con todos los consagrados fue en Buenos Aires: vinieron religiosas de todas las provincias, y nosotras también fuimos. Las contemplativas tenían un lugar especial, e incluso alguna de nosotras fue invitada a comulgar de manos del Papa. No sabemos exactamente si saldremos o no a alguna celebración. Lo que sí ciertamente haremos es seguirlo todo en directo, y acompañar este acontecimiento tan importante con la oración", aseguran
La oración es, justamente, su principal tarea. La jornada empieza a las 5, con las vigilias, antes de la salida del sol. Tienen la misa a las 8.30, “el centro y la cumbre de nuestra vida”, y después van a los talleres: arte, ornamentos litúrgicos, imprenta, encuadernación, hostias y la repostería artesanal que las hizo famosas. Siete veces al día se reúnen en el coro “para alabar a Dios y rezar por las necesidades de la Iglesia y del mundo”.
“Como monjas contemplativas veníamos rezando mucho por esta visita, abrigando la esperanza de que la presencia del Papa haría un bien extraordinario a todos los argentinos”, cuentan.
Elegidas por Francisco
El vínculo con el papado tiene, además, un capítulo muy concreto. En enero de 2024, Francisco, que las conocía de sus años como arzobispo de Buenos Aires, convocó a la comunidad para ocupar el monasterio Mater Ecclesiae, en los Jardines Vaticanos, donde Benedicto XVI vivió tras su renuncia. Quiso que las primeras en devolverle su función de casa de oración fueran benedictinas, en memoria del Papa emérito. Seis monjas viajaron a Roma con la idea de quedarse tres años, y León XIV, por ahora, las confirmó en esa misión.
Allí, en el Vaticano, estas seis religiosas tuvieron un primer encuentro con León, antes de que fuera Papa. Tras el funeral de Francisco, la abadesa y las monjas de Mater Ecclesiae se quedaron a la salida de San Pedro mirando el féretro. Entonces se les acercó un cardenal “sencillo y afable”, les dio sus condolencias, les preguntó por el monasterio y dijo que quería visitarlo. Era Robert Prevost. Días después, cuando fue elegido, entendieron que Francisco les había hecho “un guiño”, como diciendo: “Ahora les tocará rezar por él”.
Ya como Papa, León celebró una misa sencilla con ellas en el monasterio y le regalaron un libro del beato Eduardo Pironio. Y sus dulces ya los conoce: varias de las monjas que están en Roma trabajaban en el taller de repostería y para su cumpleaños o su onomástico le arman una canasta.
La guía del cardenal Pironio
Para prepararse para esta visita, la abadía se encomendó especialmente al cardenal argentino, beatificado y enterrado en Luján, que fue nexo clave con el Vaticano en los viajes de Juan Pablo II en 1982 y 1987. El, recuerdan las monjas, propuso hacer en Buenos Aires la primera Jornada Mundial de la Juventud fuera de Roma, que reunió a más de un millón y medio de jóvenes.
Con sus textos armaron un documento que publicaron en su sitio https://santaescolastica.com.ar/. En él, dos novicias imaginan preguntas para el cardenal y las respuestas son citas textuales suyas de aquellas visitas. “Es la primera vez que nuestra generación recibe a un Papa”, le dicen. Y Pironio responde con palabras de hace casi 40 años: “No tenemos derecho a perder la esperanza”.
“Veas más de cerca o más de lejos al Papa, el solo hecho de su venida tiene que dejar una huella en el corazón de cada uno”, cierran las monjas.
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