Si algo dejó en claro la visita del papa León XIV a Uruguay es que no esquiva los temas álgidos de cada país que visita acerca de los cuáles la Iglesia católica tiene una posición fundada en el Evangelio, su teología moral y su doctrina social.

La pobreza, la inseguridad, el aborto y la eutanasia -recientemente legalizada en el vecino país- estuvieron presentes explícitamente en sus homilías y discursos, pero siempre desde el plano de los principios, sin imputaciones a nadie.

Sin embargo, sus posiciones fueron siempre matizadas. Cuando habló de pobreza, señaló la necesidad ante todo de que se genere riqueza -un concepto que muchos economistas le reclaman a la Iglesia-, pero que luego los beneficios lleguen a la gente, siempre destacando el valor del trabajo y que la ayuda inmediata debe ser transitoria y abarcar a todos los actores de la sociedad civil.

Se animó, incluso, a hablar de hambre, al decir que no puede faltar el pan en ninguna mesa.

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El Papa destacó el rol de las mujeres en la fe.

Si de gestos se trata, fue el primer pontífice que caminó varias cuadras dentro de una villa, una forma de expresar que no hacía una visita desde un escenario, dejando unas cuantas palabras, sino en medio de la gente, con sus precariedades, abrazándolas. Pero también reconociendo las obras de los humildes vecinos que, con la ayuda de la Iglesia, levantaron sus viviendas que, dijo, más que un techo, son un hogar.

No faltó tampoco la referencia a la inseguridad que cada vez castiga con mayor intensidad a los uruguayos, especialmente en los barrios precarios y que está cambiando la fisonomía de un país tranquilo.

“Que ningún niño deje de ir a la escuela por temor a no volver”, clamó en la villa Casavalle, donde el sueño en la noche de sus habitantes es con frecuencia interrumpido por el ruido de las balaceras entre narcos y ladrones.

Pero el Papa no se quedó en señalamientos críticos. Le reconoció a Uruguay su convivencia política -aquí lo recibieron, junto al presidente, los últimos ex presidentes y la esposa del fallecido José "Pepe" Mujica- e incluso les pidió a sus políticos que, a partir de que Montevideo es la sede permanente del secretariado del Mercosur transmita ese espíritu a los países de la región en momentos de fuertes desavenencias.

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León XIV: “Vengo como peregrino para compartir la fe”.

Precisamente, la insistencia del Papa con una política más dialogante y menos polarizante -como lo evidenció en España- se descuenta que también aparecerá con fuerza en sus mensajes en la Argentina, donde la grieta es muy profunda. Y que el presidente Javier Milei no se priva de cavar continuando una saga que inició el matrimonio Kirchner durante la crisis del campo cual política de Estado.

Pero no todo serán referencias políticas y sociales. También vinculados a un aspecto clave de la Iglesia: el matrimonio y la familia. Los fuertes cambios culturales se reflejan, por caso, en una brutal caída de la demografía en muchos países, incluida la Argentina, más allá de las limitaciones económicas.

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El Papa Léon XIV pidió rezar por los gobernantes.

En Uruguay les dijo a los jóvenes: “Atrévanse a dar el paso casándose y formando una familia. ¡No le teman al “para siempre”! Matrimonios, abran su casa a la vida, incluso cuando el mundo les diga que un hijo es una carga”.

Y, por supuesto, antes que nada, el Papa como Vicario de Cristo en la tierra para los católicos llega a confirmarlos en la fe y alentarlos a vivir el Evangelio no sólo en su vida personal, sino también a proyectarlos a la sociedad en momentos en que la Iglesia católica está perdiendo fieles en Occidente y la Argentina no escapa a esa realidad: de declararse católico más del 90% de los argentinos en 1960 a alrededor de un 60% actualmente es una disminución sensible.

Además, la práctica religiosa y la observancia de los preceptos también exhibe una pronunciada baja. En Uruguay, el país menos religioso de América Latina y fuertemente secularizado, León XIV afirmó: “Dios puede ser considerado innecesario y la fe confinada al ámbito privado, como si nada tuviera que aportar a la vida en común”.

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Las claves de la visita de León XIV

En ese sentido, advirtió que “cuando se pretende construir un mundo sin Dios, se corre el riesgo de dejar también al hombre sin lugar”.

Así las cosas, su paso por Uruguay constituye un anticipo de lo que pueda decir en Argentina, un país ciertamente más problemático en materia social y política y con mucha grieta.

Habrá que ver si sus definiciones no quedan en medio de las disputas políticas y son realmente escuchadas. Por lo pronto, un oasis de espiritualidad surcará por estos días una desgarrada Argentina. No es poco. Pero podría ser más.

EMJ