Muchos se preguntaban qué efectos podía tener la muy fuerte caída en los presupuestos de educación y ciencia de los últimos años. Algunas pistas se pueden empezar a ver en los resultados del último ranking global sobre universidades que se conoce este lunes y que muestra que todas las universidades argentinas cayeron con respecto al año pasado.
Se trata de la clasificación CWUR, del Center for World University Rankings, con sede en Arabia Saudita, que es el único ranking que no usa estudios de percepción y toma solo datos duros, con el acento en la producción científica.
Siete universidades argentinas quedaron entre las 2.000 mejores del mundo en este ranking, pero todas ellas -incluida la UBA- perdieron posiciones.
Los autores de este estudio -uno de los más observados en rankings universitarios- atribuyen el retroceso al menor desempeño en investigación producido por “años de financiamiento insuficiente y la desvalorización de la ciencia y la educación como bienes públicos”.
Investigadores en un centro científico de la UBA. Foto: UBA
Así se lo dijo a Clarín el presidente del CWUR, Nadim Mahassen, quien agregó que “para mejorar la competitividad de las universidades argentinas, el Gobierno debería aumentar el financiamiento de largo plazo destinado a la investigación y la innovación, e implementar políticas que reduzcan la fuga de cerebros mediante la atracción y retención de talentos de primer nivel."
Los números del ajuste
El contexto es, efectivamente, el de una muy fuerte caída en la inversión en educación y ciencia. Entre 2023 y 2025 el presupuesto ejecutado a nivel nacional en Educación y Cultura cayó 47,7% en términos reales y la caída proyectada para 2026 -si sigue sin cumplirse la Ley de Financiamiento y no se hace un nuevo recorte- es de 54,4%. En Ciencia, la caída fue de 45% entre 2023 y 2025 y se proyecta que sea de 55,7% en 2026.
El ajuste en estas áreas es mucho mayor al de la Administración Pública Nacional en promedio, que registra una caída de 28,8% entre 2023 y 2025 y proyecta que sea de 36,5% al terminar 2026, señala a Clarín Javier Curcio, economista e investigador de la UBA y el CONICET.
En tanto, la inversión que llega a las universidades desde la Secretaría de Educación -para funcionamiento, salarios, investigación y hospitales universitarios -es la más baja de los últimos 20 años.
“Creo que, efectivamente, hay una relación directa entre la caída en la posición relativa en este ranking y el financiamiento”, dijo Curcio a Clarín, aunque relativizó los estándares que usan los rankings universitarios internacionales en general.
La UBA denunció este año que peligra la atención en sus hospitales universitarios. Foto Martín Quintana
El experto subrayó que “es extraño que la universidad siga funcionando con estos niveles de ajuste. A la corta o larga vamos a una situación de reacomodamiento y no sé de qué manera”, dijo.
Curcio agregó que “la caída en el ranking también se puede explicar porque seguimos demorando reformas que necesitamos, que son urgentes, pero que, con este ajuste, son imposibles de encarar. Esto nos condena de alguna manera al subdesarrollo”.
Misión imposible
Los autores del ranking CWUR evaluaron 21.291 universidades de 95 países. El puntaje se obtiene de cuatro parámetros: educación (25%), empleabilidad (25%), cuerpo docente (10%) e investigación (40%).
Como ya es costumbre, el primer puesto de este como otros rankings volvió a quedar en manos de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), a la que le asignaron 100 puntos. A partir de esa vara y en función de los resultados obtenidos, los autores del estudio determinaron el puntaje de las otras universidades. En el “top five” quedaron el Massachusetts Institute of Technology (MIT), Stanford, Cambridge y Oxford, en este orden.
La mejor ubicada de América Latina es la Universidad de São Paulo, de Brasil (puesto 119). La UBA quedó sexta en la región (puesto 423).
Investigador de la Universidad Di Tella, Marcelo Rabossi es especialista en educación superior y le dijo a Clarín que “para comprender la caída de las universidades argentinas en el ranking CWUR, ante todo hay que tomar en cuenta que la función de investigación representa el 40% del puntaje final”, en este ranking.
“A diferencia de otras mediciones, CWUR no se basa en encuestas de percepción, sino en datos duros que correlacionan negativamente con el modelo adoptado por las instituciones nacionales. Mientras el sistema argentino está diseñado pensando en la inclusión masiva de alumnos, las universidades que lideran las primeras posiciones son de carácter fuertemente selectivo y de investigación. Las nuestras son con investigación, no de investigación. La diferencia es sustantiva y hace que escalar, aunque sea para que se posicionen dentro de las primeras 200, sea una misión casi imposible”, señala el especialista.
Retroceso de larga data
Rabossi agrega que “esta asimetría de modelo se profundiza aún más al analizar los recursos con los que las nacionales cuentan. Actualmente, casi el 90% del presupuesto de las universidades públicas argentinas se destina al pago de salarios, dejando apenas un 10% para distribuir entre gastos de capital, infraestructura, mantenimiento e investigación".
"Por ejemplo, las 72 universidades nacionales invierten en investigación y desarrollo el equivalente a unos U$S 1.400 millones anuales, mientras que solo la Universidad de Pennsylvania (EE. UU.), 7ma. en el ranking, que tiene 29.000 alumnos entre grado y posgrado (menos estudiantes que la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA), maneja un presupuesto de U$S 1.700 millones solo para investigar”, dice Rabossi, que es licenciado en Economía y doctor en educación.
Un investigador en el Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (INRAD) de CONICET-UNRN
Otro dato que juega en contra de la Argentina es la muy baja proporción de docentes con dedicación exclusiva -alrededor del 10% en contraste con el 75% a 90% que exhiben las instituciones líderes en el plano internacional-, y que hace que “intrínsecamente la función de investigación no sea prioritaria, más allá de la voluntad de los buenos investigadores con los que contamos”, dice Rabossi.
Pero señala que “la caída en la producción de conocimiento no es una particularidad que haya comenzado con la era de Milei, más allá de que las actuales políticas, si se sostienen, terminarán agravando la situación de nuestra producción científica”.
Marcha Universitaria de este año por la Ley de Financiamiento Universitario. Foto Federico Lopez Claro
“Lo que nos sucede es el resultado de un retroceso estructural de larga data. Por ejemplo, a mediados de la década de 1990 en América Latina, Argentina ocupaba el tercer lugar en la producción de papers científicos, ubicada solo detrás de Brasil y México. Para 2024, el país cae al quinto lugar, superado también por Chile y Colombia”, dice.
“Si bien durante los gobiernos de los Kirchner se registró un aumento en la cantidad de fondos distribuidos al sistema de ciencia, gran parte de la asignación de esos recursos careció de un enfoque estratégico y/o se limitó a informes con muy bajo impacto internacional”, señala.
El ranking
Con sede en Arabia Saudita, la consultora CWUR comenzó a hacer su ranking en 2012. Al principio informaban sobre las mejores cien universidades, desde 2014 las primeras mil. Ahora ya son las primeras 2.000.
Además de CWUR, hay otras organizaciones que hacen rankings globales, como QS o Times (inglesas) o Shanghai (China). Muchos expertos relativizan estos resultados. Señalan que difieren tanto metodológicamente que es muy difícil tomarlos como parámetros únicos de calidad, pero de todos modos son muy observados a nivel internacional.
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