"Andate a tocar a la luna, la luna la vamo' a copar". Entre llantos, risas y abrazos las ricoteras y los ricoteros se fueron juntando este viernes por la tarde en la esquina de la casa de Carlos "Indio" Solari (77), en Parque Leloir, donde el mítico músico murió por la mañana en un presunto accidente junto a la pileta.
Tímidamente, durante la mañana fueron llegando los primeros fanáticos. Como si fuera la previa de uno de sus recitales, la famosa "misa ricotera", la calle Rubén Darío al 4200 comenzó a llenarse.
El ambiente gris recién recién tomó un poco de color cuando comenzaron a sonar las primeras estrofas de "Preso en mi ciudad", una de las canciones más cantadas de Oktubre, el segundo disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Las lagrimas de tristeza de hombres y mujeres, de distintas edades, se transformaron en canciones, en agradecimiento a la obra de Indio Solari.
"El rock como todo llanto", sonó en los parlantes el estribillo de la canción, que fue entonada con aplausos y con fuerza.
Los seguidores del músico empezaron a llegar temprano y con sus banderas desde distintos puntos del AMBA.
"Gracias Indio", gritó una joven que llegó para despedirse del ex líder de "Los Redondos" y "Los fundamentalistas del aire acondicionado".
Daniel, de 54 años y de Merlo, fue uno de los primeros que llegó al lugar. La primera vez que lo vio en vivo fue en Cemento en 1987, "y de ahí a todos lados".
"Fui a verlo en auto, en moto, en avión, en barco, a dedo. La canción que me marcó fue 'Todo un palo'", dijo a Clarín, aún sin caer en la noticia. Y remarcó: "Como dijo el Indio, la tribu va a salir a la calle para darle el pésame como se merece".
A metros de él, junto a la bandera que había colgado, estaba Guillermo y su hijo Felipe, o "Cucu", cariñosamente. Padre e hijo llegaron desde Salta para una prueba del niño en las inferiores de Argentinos Juniors.
"Nos topó la noticia acá. Tengo 40 años, toda la juventud con el Indio. Quería estar acá con mi hijo", dijo Guillermo, quien no pudo seguir hablando por las lágrimas. Junto a él, "Cucu" llevaba una flor roja para dejar como homenaje frente a la casa.
Padre e hijo unidos para rendirle homenaje al "Indio". Cristina Sille.
Los temas seguían sonando. "Como no sentirme así, si ese perro sigue allí, ¿Qué podría ser peor?, eso no me arregla, eso no me arregla a mi", era coreada por cada vez más gente que llegaba al lugar con una cerveza o un vaso de fernet en mano.
"El Indio era todo para nosotros como para cualquier ricotero. Somos del Jagüel y vinimos hasta acá. Mi recuerdo es la comunión de juntarnos todo el tiempo. Hace dos semanas nos juntamos en un casa a ver el recital de Los Fundamentalistas", recordó Romina, todavía conmocionada por la triste noticia.
Las banderas, los tatuajes, las remeras de Indio o de Los Redondos fueron vistiendo las ligustrinas de las casas vecinas. Por unas horas, Parque Leloir se convirtió en un lugar similar a las previas que los ricoteros hicieron en ciudades como Tandil, Salta, Gualeguaychú u Olavarría.
"Vamos los redó, vamos los redó". No solo cantaban los fanáticos que fueron llegando, sino también que se los vio entonando a periodistas que les tocó cubrir, seguramente, una de las muertes que serán recordadas por su impacto en la sociedad.
Vine porque me crio mi mamá con el rock y el Indio es el padre del rock. Lo estoy procesando, más allá de que sabíamos lo mal que estaba, es duro. No hay palabras para expresar el dolor que siento", dijo Débora, quien llegó con su madre hasta la casa de Indio, en cuyos alrededores se veían banderas de Isidro Casanova, Merlo y Sarandí.
Muchos de los ricoteros tenían previsto de trasladarse por la tarde a la Plaza de Mayo, donde se están autoconvocándose para rendirle homenaje al "Míster" Carlos Solari.
Como era de esperarse, el momento más fuerte fue cuando sonaron los acordes de "Jijiji", bautizado como "el pogo más grande del mundo" por el propio Solari.
Las calles de tierra comenzaron a vibrar. El Indio era despedido por su gente, quien nunca lo olvidará.
AA
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