La imagen parecía imposible. Araceli González yendo al teatro para aplaudir a Adrián Suar. Sonrisas. Abrazo. Buen clima "familiar". Un hijo en común, adulto y famoso, que celebra el momento, y la hija de ella, que también sonríe. Y, sin embargo, pese a todos los títulos del pasado en los portales, sucedió. No es una foto hecha con IA.

La actriz fue al estreno de Sottovoce, la obra protagonizada por su ex pareja, acompañada por sus hijos, Tomás "Toto" Kirzner y Flor Torrente. Después dio notas y puso en palabras algo que sorprendió hasta dentro del mundo del espectáculo. "Nos estamos revinculando como familia", dijo.

El verbo lo dice todo. Es la acción que invierte el "des". Después de años de distancia, reclamos y heridas de novela (porque las se las enteró un país).

Cinco meses antes, Araceli se había quebrado hasta las lágrimas en la mesa de Mirtha Legrand cuando la “Chiqui” la pinchó un poquito: “Yo solté, trabajé mucho para soltar es un hombre que amé con toda mi alma. Y tuve que soltar”.

Araceli González, con sus hijos, en el estreno de Suar. Foto: Movilpress

Por eso el giro de la trama fue tan inesperado. No porque sugiera una reconciliación amorosa (“Ara” está en pareja con el actor Fabián Mazzei, aunque hay rumores de crisis, al que también en su momento celebró por su valentía: “Cuando él que se acercaba a mí no trabajaba más en Pol-ka)". Es una reconciliación emocional.

La posibilidad de que dos personas que compartieron una vida dejen de estar enfrentadas. Que un ex vuelva a ocupar un lugar en la propia historia sin el remate sexoafectivo. Otra forma de volver.

Este shippeo (de dos ex) -como le dicen en redes al deseo de que dos personas tengan una relación- no es el primero. Es el de la pareja más icónica que los 90 nos dejó (y quitó).

Varias celebrities más actuales protagonizaron procesos similares. Pampita y Benjamín Vicuña, cuya separación estuvo marcada por uno de los episodios más mediáticos de la farándula local, hoy comparten cumpleaños y celebraciones familiares vinculadas a sus hijos, y también el duelo por Bianca.

Wanda Nara y Maxi López, que pasaron años intercambiando acusaciones públicas y disputas judiciales, encontraron una forma mucho más armónica de vincularse en torno a la crianza. Y en Master Chef, (porque el beso en la serie vertical que protagonizan sí es con IA)

El apasionado beso que se dieron Wanda Nara y Maxi López en la ficción. Foto: Telefe.

Nicole Neumann y Fabián Cubero atravesaron una transición que los llevó desde los conflictos mediáticos permanentes hacia acuerdos más estables alrededor de sus tres hijas. Pero ellos no están revinculados (para nada).

Las historias son distintas. Pero todas parecen responder a una misma pregunta. ¿Qué tiene que pasar para que un enemigo antes tan bien querido ahora pierda esa maldad?

El ex que deja de ser un extraño

Las separaciones suelen pensarse como finales. Pero puede ser que siga en otro capítulo. Sobre todo cuando existen hijos o proyectos compartidos.

“Esta es una historia como la de cualquier familia, con encuentros y desencuentros, donde uno trabaja desde la profundidad de su alma (...) Me separé en 2002 y hasta el 2017 nunca dije nada, y siempre guardé mi dolor y mi proceso. En 2017, una persona habló muy mal de mi marido (Mazzei), que no trabajaba porque era mal actor y desde entonces tuve que salir a capa y espada a defender a mi familia. A mí no me interesa más estar parada ahí”, remarcó ahora Araceli y dio a entender que quería terminar con los conflictos mediáticos.

Araceli y Suar, cuando eran pareja.

A la vez, explicó que la muerte de su primer marido y padre de Florencia fue determinante para que se diera un acercamiento con Suar. “Este año tuve también que sobrellevar el duelo de mi hija, con todo lo que eso significa. Y en el medio uno tenía que seguir resolviendo los temas con Adrián, que íbamos, que volvíamos, juicio y todo lo que eso conlleva, que saben que es espantoso. No hay nada más feo. Y la verdad es que no había nunca encuentro con él”, señaló.

María Fernanda Rivas, coordinadora del Departamento de Pareja y Familia de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), explica que existen separaciones que se vuelven "profundamente destructivas", en las que padres e hijos sufren "daños emocionales severos", y las que logran "encapsular" el conflicto con la ya ex pareja y el vínculo que va a seguir como familia.

"Las buenas separaciones son aquellas en las cuales existe en los ex la capacidad de discriminar entre las aptitudes conyugales, que son las que llevan a la separación, y las parentales, que son para toda la vida", dice Rivas. La diferencia parece sencilla. No lo es.

Porque cuando una ruptura se vuelve traumática, quien hasta hace poco era la persona más cercana puede transformarse en alguien completamente desconocido. Rivas nota que en esos momentos aparecen frases frecuentes en los consultorios.

"No sé con quién me casé.". "¿En qué se convirtió?". "Saca lo peor de mí." O peor: que siempre fue alguien distinto de quien parecía ser.

Paradójicamente, la psicología sostiene que las rupturas más conflictivas no son necesariamente las que muestran menos vínculo. Muchas veces se da exactamente al revés. "El odio es el afecto que produce ligaduras más intensas y difíciles de disolver", remarca Rivas. No porque sigan enamoradas. Sino porque continúan emocionalmente atrapadas en la herida.

Un estudio publicado en 2023 en Journal of Social and Personal Relationships y titulado "Explicación de un modelo exhaustivo de malestar post-ruptura", analizó precisamente qué mantiene vivo el sufrimiento después de una ruptura.

Los investigadores concluyeron que las personas no quedan fijadas únicamente a la pérdida del amor romántico. También permanecen atrapadas por emociones como el resentimiento, la humillación, la sensación de injusticia o la necesidad de reparación.

La relación terminó. Pero el desacuerdo sigue vivo. Y mientras siga presente, el o la ex continúan ocupando un lugar central o lateral en el día a día. Si eso se neutraliza, también la figura "doliente" o "causante del dolor".

Porque el odio es más fuerte

Entonces, ¿es un deber lo de dar vuelta la página? ¿Qué pasa si no nos pasa? La psicóloga Adriana Guraieb dice a Clarín que la revinculación puede resultar beneficiosa cuando surge de una reflexión genuina y no de una obligación.

"La revinculación siempre es buena si se trata de un sentimiento real y que haya atravesado una profunda reflexión acerca de las responsabilidades mutuas y compartidas que hicieron que se llegara a una situación tan difícil", sostiene. Para la especialista, el objetivo no consiste en olvidar. Ni en negar el dolor.

"Se puede dar vuelta la página en el sentido de dejar atrás rencores y resentimientos, apostar por la concordia y no por la discordia", dice. La idea aparece también las recomendaciones de Rivas.

Según explica, muchas veces la culpa queda completamente depositada en el o la ex. Toda la responsabilidad es atribuida al otro. Las discusiones vuelven sobre los mismos episodios. Los mismos reproches. Las mismas heridas.

En cambio, cuando existe "autocrítica, la culpa puede transformarse en responsabilidad". Y esa transformación suele ser una condición necesaria para cualquier acercamiento posterior.

Uno de los errores más frecuentes es creer que revincularse implica reconstruir lo que existía antes.

Una investigación publicada este año en la revista Family Process analizó las llamadas "relaciones post-disolución", es decir, como en Estados Unidos llaman a los vínculos que continúan más allá de la pareja.

La conclusión fue clara: las revinculaciones más exitosas construyen algo nuevo. Encontrar una forma diferente de relación compatible con la realidad actual.

Rivas coincide: "Cuando esto sucede, se genera entre ambas partes una apuesta a renovar la relación, que no tiene por qué llevar al restablecimiento de la convivencia, sino a una nueva forma de vínculo". Como Araceli y Suar.

Los hijos como puente

La presencia de hijos no garantiza la reconciliación. Pero obliga a mantener algún nivel de contacto. Y las consecuencias del conflicto trascienden a la ex pareja.

Rivas advierte que cuando la madre o el padre limita emocionalmente el acceso de los hijos al otro, también restringe algo fundamental para el desarrollo psíquico. La posibilidad de circular libremente entre ambos mundos afectivos.

Por eso sostiene que, desde el punto de vista psicológico, el escenario más saludable es aquel en el que la familia no se destruye completamente después de la separación.

"Es importante que los padres puedan seguir funcionando como equipo desde el punto de vista operativo y emocional en la crianza y el sostén de los hijos", explica. No siempre se logra. Y, de nuevo, tampoco es una obligación.

Aclara que hay rupturas atravesadas por violencia, humillaciones o traiciones que algunas personas consideran imperdonables. Y es legítimo. Pero cuando la hostilidad deja de ocupar el centro de la escena, puede aparecer algo distinto o "más maduro".

¿Los ex se revinculan más si una infidelidad fue lo que los separó o si la herida de la discordia tiene que ver con el dinero?

"En la práctica clínica es frecuente que cuando no se solucionan problemas económicos, en muchos casos con juicios, es un obstáculo bastante serio como para que ex parejas se revinculen. La falta de orden financiero y acuerdos que no se cumplen generan desconfianza", responde a Clarín Charo Maroño, doctora en Psicología e integrante del Departamento de Niños y Adolescentes de APA.

Las infidelidades también son una estafa, pero sin papeles que mostrar entre abogados. Quedan asentadas en los recuerdos. Y también por eso son menos tangibles.

"La sensación de injusticia y de que se traicionó o se fue traicionado son sentimientos fuertes que perturban una revinculación. Hay que realizar todo un trabajo personal para poder soltar y retomar eso que se soltó. Como se dice ahora a perdonar", detalla.

Aclaración: primero hay que agarrar y poner las cosas en orden.

"Los hijos, y especialmente los nietos, que sus nacimientos son la principal razón que hace que las exparejas se contacten otra vez después de años, son las causas más comunes de revinculación y de eventualmente llevarse bien. Se ablandan actitudes y se generan oportunidades para el perdón. Permiten procesar el dolor, priorizar otras cosas y ver la situación desde otra perspectiva", sigue.

Es usual, dice la experta, que sea "uno de los dos" quien que de el primer paso para abrir el diálogo y recomenzar la relación desde un lugar mas amigable. No siempre es quien se la mandó -si ese fuese el caso- porque, de nuevo, es más fácil perdonar que pedir perdón.

AA