En la reja hay una camiseta de la Selección. Está estirada, mojada y rodeada de flores. Alguien llegó a colgarla atándola por las mangas y le escribió: "Gracias por ser parte de nuestras vidas"
La despedida al Indio Solari, que se pareció más a una peregrinación que a un velorio, duró 18 horas. A pesar de ser multitudinaria, hubo quienes no llegaron a ingresar a la capilla ardiente para decir adiós.
¿Cuánto puede durar un velorio colectivo? ¿Cuántas horas se despide al que musicalizó la historia de millones?
Las ofrendas para el ídolo. Foto Maxi Failla.
Está Belén, que tiene un "trapo", una bandera que llevó a todos los recitales que pudo. Escribió Puerto Deseado, Santa Cruz y lo usa de capa, de techito y de insignia. Tiene 32 años y viajó nueve horas desde Córdoba para despedir a su ídolo, que murió este viernes en su casa de Parque Leloir.
Belén es niñera y profesora de lenguas mapuche. Pidió permiso, sacó un pasaje por el día y vino "peregrinando" para "hacer lo que se puede", estar cerca y darle el adiós al que cantó las canciones que la ayudaron a "extrañar menos".
"Vivo en Córdoba Capital, pero soy de Puerto Deseado, en Santa Cruz. El Indio llegó a mi vida por mi hermano y se fue impregnando en mí cada canción, es mi infancia", dijo Belén, que tenía pasaje de regreso a las 21 y esperó hasta lo último para intentar dejar su foto al lado del féretro.
Belén (izq.) y Fátima llegaron tarde a la despedida del Indio. Foto Maxi Failla.
"Él se fue a estudiar a Córdoba y yo, para extrañarlo menos, empecé a escuchar los Redondos. Traje de ofrenda una foto de mi hermano, pero llegué hasta acá, lo considero una peregrinación y llegué hasta donde pude", afirmó a Clarín.
A Fátima la conoció viajando, pero siguiendo a Los Piojos, otro sello en la bandera que esta mañana usan de techo, de capa y de abrigo.
La calle Mitre está cerrada y cualquier techito en el cruce es refugio. En todas las vallas hay flores y en las paredes, pintadas. Los bomberos que custodian la zona se mojan y se turnan para proteger la zona, que está cerrada desde las cuatro de la madrugada.
El día después velatorio en Parque Domínico. Foto Maxi Failla.
Fátima esperó diez horas este domingo para ser una del millón que pasó por ahí a despedirlo. Quiso ser parte aunque no pudo entrar a la capilla ardiente. Es de Moreno y volvió esta mañana buscando revancha con una carta de su hermanito, de 12 años que, en su casa, no para de llorar.
"Ayer no llegué a despedirlo, vine a las 10 de la mañana y me fui a las 20 porque hoy tenía que ir a la facultad y soy de Moreno. Hoy volví, pero ya habían cerrado. Tengo la carta de mi hermanito y estoy esperando para dejársela con una flor", contó Fátima, estudiante de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA).
"El Indio suena en mi casa desde que abrís la puerta. Yo se lo inculqué desde chiquito y desde el viernes que no lo pueden consolar. El Indio me dio todo, a cada provincia que voy tengo una casa, un amigo, un lugar para quedarme, y eso me lo dieron los Redondos", agregó.
Beatriz (68) y Bárbara (22) son de Berazategui, trajeron el mate y muchas ganas de estar cerca. Llegaron a las cinco de la mañana con la esperanza de poder despedir al Indio, el músico que atravesó a su familia.
Beatriz y Bárbara, madre e hija, dos generaciones que veneraron al Indio Solari. Foto Maxi Failla.
Beatriz escuchaba a los Redondos desde que "no ponían ni afiches en la calle" y se enteraba de los recitales "de boca en boca" cuando algún amigo o vecino le avisaba.
Comparte, desde siempre, sus canciones en casa. También con sus cinco hijos, dos varones y tres mujeres. El mayor tiene 50 y -cuenta- no puede parar de llorar. Bárbara es la menor y escucha a los Redondos desde que ni sabía caminar.
"Ayer la gente salió a la calle de manera pacífica, solamente por ese fervor que le da el arte, a seguir reconociéndolo", dice emocionada. Se saca una foto y de fondo, las vallas, las cartas y las flores. Una camiseta que alguien dejó señala: "Gracias por ser parte de nuestras vidas", lee y repite.
"Es eso", señala Juan, que viajó desde Mar del Plata y, por la lluvia, llegó a las cinco de la mañana, cuando ya habían cerrado. "Mi viejo laburaba 14 horas por día y cuando llegaba ponía los Redondos, se ponía feliz. Eso es el Indio: mi casa, la felicidad de los míos".
EMJ
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