Los casos de hepatitis A, una enfermedad infectocontagiosa prevenible por vacunación, volvieron a mostrar -en una población particular- una tendencia hacia arriba en Argentina, lo que reavivó la atención de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud, que por tercera vez en sólo medio año destacó el tema en el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN). Pero, además de impulsar el refuerzo en la vigilancia sobre esta enfermedad, el informe destacó otro virus mucho menos conocido, la hepatitis E, cuya circulación fue alta en muestras de aguas residuales del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
Por fuera de que el subregistro de casos positivos es un punto ciego difícil de saldar, los registros de hepatitis A y E no son muchos. Pero, particularmente en la primera, la clave está en la aceleración de los contagios. No por nada las autoridades sanitarias vienen posicionando el tema dentro de los “eventos priorizados y emergentes”, según expresa el boletín que emite semanalmente la cartera que maneja Mario Lugones. Y se suma ahora el virus de la hepatitis E, que como se verá debajo, en más de un punto se parece al A. Tanto, que son una suerte de mutuo "alter ego".
En sólo cinco años (2021 a 2025), los diagnósticos de hepatitis A pasaron de 2 a 53. Y en el primer cuatrimestre de 2026 (o sea, hasta abril pasado inclusive), el registro ya había alcanzado los 34 casos, casi una promesa de que este año se superarían las cifras previas.
Las provincias con más positivos fueron la Ciudad de Buenos Aires (12 en todo 2025 y 12 en el primer cuatrimestre de 2026), la Provincia de Buenos Aires y Salta, provincia que tuvo 10 casos el año pasado, pero en menos de la mitad de 2026 ya llevaba 7 positivos.
Desde la Dirección de Epidemiología destacan que, “durante el primer trimestre de 2026, la cantidad de casos confirmados ha superado la zona de seguridad, ubicándose sostenidamente por encima de los valores esperados a partir de la Semana Epidemiológica 5”.
El aumento de contagios se da en un segmento específico de la población, los mayores de 20 años, que no fueron alcanzados por la estrategia de la vacunación obligatoria iniciada en 2005. Ahora bien, ¿cómo se contagia el virus y qué importancia tiene que, como el tipo E, haya sido encontrado en aguas residuales?
Hepatitis A: las claves del contagio y dónde circula
Muchas veces se critica la pobre generación de datos sanitarios en el país. Vale destacar positivamente el aprovechamiento que se hizo de la pesquisa en aguas residuales, resultado de un trabajo conjunto (iniciado en 2021) entre el Instituto ANLIS “Dr. Carlos G. Malbrán” y la empresa AySA, que abarcó -explica el BEN- “plantas depuradoras de residuos cloacales ubicadas en diferentes puntos del Conurbano bonaerense y que sirven a diferentes partidos de Buenos Aires y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”.
En ese sentido, el área nacional de Epidemiología subraya que “la detección viral en aguas residuales permite abarcar a poblaciones numerosas mediante un único análisis, incorpora a individuos asintomáticos o presintomáticos, y brinda señales tempranas sobre la evolución de epidemias, complementando los indicadores convencionales de salud y aportando información complementaria al sistema de vigilancia tradicional”. Se entiende que los hallazgos son importantes, pero no suficientes, y deberían ser seguidos por políticas de prevención a nivel municipal, provincial y nacional.
El aumento de contagios se da en los que no fueron alcanzados por la estrategia de la vacunación obligatoria iniciada en 2005. Foto Shutterstock.
Aunque a diferencia de los virus que causan las hepatitis B y C, la A no produzca formas crónicas (es una enfermedad con un tratamiento asociado, o sea, curable), el tema preocupa porque, como el contagio se da principalmente por vía fecal-oral, la mirada viene estando puesta en dos problemas que, según el lugar del país, pueden ser más o menos difíciles de abordar.
El primero es la seguridad del agua y los alimentos que se consumen, una problemática que no debería existir, pero las condiciones de vida empeoradas por la crisis económica no son auspiciosas, en ese sentido. El segundo es la falta de protección e higiene adecuadas en los contactos sexuales.
De hecho, los brotes que se vienen detectando ocurren mayormente en “varones adultos jóvenes, con mayor carga de enfermedad en el grupo etario de 30-39 años”, un segmento que, como se dijo, no fue alcanzado por la vacunación neonatal obligatoria.
Las particularidades de la hepatitis E
Las hepatitis más conocidas son de origen viral y las causan virus distintos (por eso se las nombra con letras diferentes). Su único parecido real es el de causar inflamación (y eventualmente disfuncionalidad) en el hígado, lo que a su vez puede acarrear otros problemas. Ahora bien, ¿para qué sirve el hígado exactamente?
Diego Flischman, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS-Conicet), explicó que “el hígado es el laboratorio del cuerpo. La sangre pasa por ese órgano, que se ocupa de limpiarla y procesarla, de modo que una mala función del hígado puede alterar -entre otras- la coagulación. Así, cuando no funciona bien, afecta indirectamente al resto de los órganos”.
Una buena regla mnemotécnica que compartió para recordar lo esencial de los distintos tipos de hepatitis es que “la A y la E, que empiezan con vocales, son de transmisión entérica; o sea, fecal-oral, tanto por agua o alimentos contaminados como por vía sexual asociada a sexo anal. Esto esto as así porque estos virus se ubican en el tracto digestivo, es decir, desde la boca hasta el ano”.
En cambio -y tal como ocurre con el virus del VIH-Sida-, los virus de las hepatitis “B, C y D (la última no está reportada en el BEN), que son consonantes, se transmiten por vía parental". Esto es, por vía sexual (no sólo anal) y sanguínea, lo que incluye varios problemas: la preocupante caída en el uso del preservativo, los malos hábitos asociados al uso de drogas endovenosas, las transfusiones inseguras y el contacto desprotegido con heridas.
Aunque el BEN reporta menos de cinco casos de pacientes confirmados con hepatitis E, también se aclara que “una proporción importante de las infecciones se cursa de manera asintomática y, en el caso del genotipo 3, puede transmitirse de forma zoonótica”.
Veamos un dato complementario (para tomar con pinzas pero que le pone otro color asunto): aunque la muestra es chica y muchos la considerarían “sesgada” (por basarse en una población específica: los donantes de sangre), un paper liderado por Flischman estimó en 2020 que la seroprevalencia de hepatitis E en ese segmento llegaba nada menos que el 11,3%.
Como es sabido, uno de los problemas con quienes no manifiestan síntomas es que son buenos contagiadores para terceros que podrían tenerlos. Y se suma ahora la presencia del virus en aguas residuales, una señal de atención para los expertos.
Flischman apuntó que el virus de hepatitis E tiene “poca incidencia en Argentina y en el mundo”, pero, por su carácter de "alter ego de la hepatitis A", quizás merezca otro nivel de atención. En particular, "por la forma como se transmite", y que por muchos años (hasta la introducción de la vacuna que la previene desde el primer año de vida), la A fue “foco central en cantidad de casos y cuadros que causaba”. Como los virus se mueven “por nichos” y la hepatitis E evidentemente está dando vueltas entre nosotros, la vigilancia, en un marco de terreno epidemiológico libre o con poco cuidado, quizás tenga bastante razón de ser.
Además, según el BEN, si bien el análisis de la positividad acumulada mostró, para hepatitis A, “una detección discontinua y restringida a algunas plantas, con bajos porcentajes de positividad (mínimo de 0% en el Jagüel y máximo de 22% en Hurlingham)”, el virus de la hepatitis E “fue detectado en todas las plantas estudiadas, con mayores porcentajes de positividad (mínimo de 49% en Planta Sudoeste y máximo de 76% en el Jagüel)”.
La vacunación y otras hepatitis en la mira
La cobertura de vacunación para hepatitis A (dosis única al año de vida) rondaba el 82% a nivel país en 2024, último dato informado por el Ministerio de Salud de la Nación. Es un porcentaje relativamente bueno, pero todavía lejano del ideal, más cercano al 90%. Es importante informar que quienes no la hayan recibido oportunamente, pueden dársela (previa indicación del médico), y de hecho el Ministerio de Salud lo recomienda especialmente para ciertos segmentos.
Los “varones que tienen relaciones sexuales con otros varones, mujeres trans, trabajadoras y trabajadores sexuales; personas con desórdenes de la coagulación, enfermedad hepática crónica; personal de laboratorio que manipula muestras de virus de la Hepatitis A; personal gastronómico, de maestranza que manejen residuos y servicios sanitarios; de jardines maternales que asiste a niños menores de un año de vida; y personas que viajan a zonas de alta o mediana endemia”.
En cuanto a la hepatitis E, queda agregar que, aunque no es un problema perceptible en el país, lo es en naciones como China o India. Según Flischman, “para ellos es un problema sanitario y por eso tienen una vacuna”. Por ahora no está disponible en Argentina.
Para no dejar afuera de este panorama a las (potencialmente crónicas) hepatitis B y C, hay que recordar que la B, que también tiene una vacuna efectiva que da inmunidad de por vida (como aquella que protege de la A), tiene las coberturas en el límite.
En este caso son varias dosis. La primera se debe dar dentro de las primeras 12 horas desde el nacimiento, pero no todos los bebés la reciben. Según los datos de 2024, sólo 8,4 de cada 10 tenía esa vacuna. Las otras que completan el esquema se dan dentro de la vacuna quíntuple (o séxtuple, según el caso), y son cuatro pinchazos. A los 2, 4 y 6 meses de vida (las coberturas están entre el 78% y el 85%) y además un refuerzo al año y medio del bebé: menos del 69% de los chicos la recibe.
No son datos menores a la luz de que, si bien la mediana de casos acumulados entre 2021 y 2025 fue 203, en 2026 ya se registraron 237 casos. El Ministerio de Salud lo califica por ahora “dentro de lo esperable”. Hay que remarcar que los nacidos antes de 2000 podrían no haberla recibido, y que, desde 2014, la vacuna es gratuita para todos los segmentos.
En cuanto a hepatitis C, infección que no tiene una vacuna asociada y que se contagia por vía sexual y sanguínea, los casos también suben ligeramente, pero “dentro de lo esperable”, tranquiliza el Ministerio, con 433 confirmaciones en lo que va de 2026.
MG
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