Por primera vez, un país que no es Estados Unidos ni China vio nacer a un cerdo modificado y editado genéticamente para posibilitar trasplantes. Ocurrió en Argentina y, puntualmente, en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires. El animal había sido pensado y diseñado (por investigadores de esa casa de estudios y de la UNSAM) para avanzar en investigaciones relativas a xenotrasplantes; es decir, para el uso de órganos, tejidos y células de animales en seres humanos.

Se trata de un hito científico nacional, ya que, según los investigadores, es el primer caso documentado fuera de China y Estados Unidos (las grandes usinas mundiales en materia biotecnológica) en que un cerdo con tres genes desactivados (un llamado “triple knockout”) es producido in vitro para reducir el rechazo inmunológico en humanos.

El desarrollo fue realizado por un consorcio integrado por la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA y el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la UNSAM, junto a la startup CrofaBiotech. El objetivo final es explorar una alternativa frente a la escasez de órganos disponibles para trasplante.

El dato sanitario explica la relevancia del avance: según el INCUCAI, hoy 7.385 personas necesitan un trasplante en la Argentina, con 1.032 trasplantes realizados en lo que va del año y una tasa de 10,18 donantes por millón de habitantes. A nivel global, la Organización Mundial de la Salud advierte que los trasplantes cubren apenas alrededor del 10% de la necesidad mundial.

El cerdo es considerado uno de los animales más promisorios para este tipo de investigaciones, dada su similitud anatómica y fisiológica con el ser humano, además de su rápida reproducción. Pero el principal obstáculo sigue siendo inmunológico: el cuerpo humano reconoce el órgano animal como extraño y puede destruirlo en minutos.

Para intentar evitarlo, el equipo de la UNSAM, liderado por Adrián Mutto, generó células porcinas modificadas en las que se desactivaron tres genes vinculados a esa reacción inmune agresiva. Luego, el equipo de Veterinaria de la UBA se ocupó de la etapa reproductiva: preparar a la cerda receptora, implantar los embriones editados y sostener la gestación hasta el nacimiento.

La Facultad de Veterinaria se ocupó de la parte reproductiva. Foto UBA

“Somos los responsables del mantenimiento de la gestación y el parto, es decir, somos el eslabón final del proyecto, pero también el inicio de la etapa de crianza de los lechones”, explicó, en el parte de prensa, Marcelo Acerbo, veterinario especialista en reproducción porcina y profesor de la Facultad de Veterinaria de la UBA.

La intervención incluyó una técnica quirúrgica poco invasiva para implantar 120 embriones editados genéticamente. El primer lechón nació en abril pasado y, según los investigadores, ya hay otras dos cerdas preñadas con nuevos clones en desarrollo. La meta inmediata es contar con cinco clones más hacia fines de junio.

Es importante destacar que el proyecto todavía está lejos de una aplicación clínica. Los científicos planean sumar nuevas modificaciones genéticas -conocidas como knock-in- para incorporar genes que aumenten la compatibilidad con el organismo humano. Entre otros objetivos, buscan controlar el crecimiento de los órganos porcinos para adaptar su tamaño al cuerpo humano.

“Esto incluirá el bloqueo de hormonas de crecimiento para moldear y adaptar el tamaño del hígado o el corazón porcino, que en animales adultos de más de 200 kilos excede la capacidad del cuerpo humano”, detalló Acerbo.

Antes de pensar en pruebas en personas, deberán realizarse estudios preclínicos que demuestren seguridad, funcionalidad y ausencia de rechazo. En Argentina, llegado ese punto, el INCUCAI será el organismo que deberá evaluar y certificar las condiciones para avanzar.

AS