-¿Por qué cáncer? De todas las áreas de la salud humana, ¿por qué eligió oncología?
-Todos los seres vivos somos susceptibles de tener cáncer. El primer signo de cáncer se vio en una tortuga del Triásico, 200 millones de años atrás. Tenía tumor de mandíbula. Es el ser vivo, el tema. Animales, plantas, peces, todos son susceptibles. El cáncer ha aumentado su incidencia. Una de cada tres o cuatro personas va a tener cáncer. Y por una razón: vivimos más años. Más vivimos, más riesgo hay. En 1950, era uno cada ocho. La gente vivía, en promedio, 50 años. Hoy, por el agua potable, los antibióticos, antihipertensivos, la medicina cardiovascular, la expectativa de vida ronda los 80. Ahí el cáncer emerge como enfermedad saliente. La gente se moría de infecciones, de diarrea. Ahora, de cáncer.
-¿O sea que es una enfermedad de adultos y adultos mayores? ¿En los jóvenes no cambiaron las cifras?
-Los números en pediatría se mantienen estables a lo largo de los últimos 30 años. No tenemos casuística de lo que causan los agroquímicos y demás, eso sí. Es cierto que hay un tema con el cáncer de colon y de mama, en gente más joven. Se ven más casos. Ahí falta que la ciencia explique por qué pasa. Son capítulos abiertos, llenos de especulaciones e hipótesis. La mirada epidemiológica es crucial porque con pocas medidas amplias de prevención primaria, las cifras disminuyen hasta un 40%. Quiere decir que ocho millones de personas a nivel mundial podrían no desarrollar cáncer.
-¿Cómo está el tema cáncer en Argentina?
-A ver, el problema es general. Hablamos de la segunda causa de muerte del ser humano. Veinte millones de personas por año se enferman, aproximadamente, y cerca de 10 millones mueren. En Argentina no hay registros apropiados. Se estiman unos 130.000 nuevos casos, y las muertes, entre 65.000 y 75.000 anuales. Son estimaciones de la IARC (N. de la R.: Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, dependiente de la OMS, organismo que Argentina ya no integra).
Chacón explica que como las personas vivimos más, hay también más casos de cáncer. Foto Ariel Grinberg
-¿Cómo evalúa el funcionamiento de los registros y abordajes provinciales?
-Algunas provincias tienen registros. Hay leyes ya desde 1960, pero lamentablemente no se cumplen y hacen que no tengamos un censo correcto del tema cáncer. Sería de vital importancia: si sabés cuántos pacientes hay por año y su distribución geográfica, podés destinar recursos apropiados, y lo más importante, prevenir. La mitad de los casos se puede prevenir. Es un número muy grande. Requiere maniobras muy sencillas y baratas.
-¿Cuáles son?
-No fumar, evitar el exceso de peso, el sedentarismo, el exceso de alcohol y vacunarse, específicamente contra el virus de papiloma humano (VPH), que puede causar cáncer de cuello uterino. Es uno de los tipos de cáncer más frecuente en los países con recursos económicos y educativos bajos. También hay que sumar educación en el tema exposición solar. Todo esto es prevención primaria. Es gratis y dura toda la vida.
-Hay quienes señalan una falta de campañas sanitarias, ¿qué opina?
-Yo me defino como apolítico. Sólo comparto que participé del eje consultivo del Instituto Nacional del Cáncer y me manifesté críticamente. Pero el problema no es este u otro gobierno sino la continuidad de las políticas sanitarias, que deben ser independientes de las gestiones de turno. Si uno mantiene una política adecuada con el paso de los mandatos, es otra cosa. Estados Unidos tiene registros de cáncer que abarcan al 100% de los casos, por vía ministerial y agencias. Tienen registros por barrio, región, caso por caso. En Argentina, siendo un país con una vasta territorialidad y distribución poblacional compleja, falta continuidad política que establezca que el registro del cáncer sea prioritario. Muchas provincias tienen leyes de cáncer y de registro pero no se ejecutan. Tenemos falta de adherencia a los tratamientos, por la no continuidad de las políticas.
Para el oncólogo, es prioritario tener un registro de casos de cáncer. Foto Ariel Grinberg
-Con prevención se ahorraría gran parte de la carga económica que recae en el sistema de salud, además. Quienes gestionan las políticas públicas, ¿ignoran u obvian este fenómeno?
-Lo que yo sé es que, más allá de que esté el tema de que las drogas oncológicas suelen ser de alto costo, sin una conducta lineal a lo largo del tiempo, vamos a tener falta de adherencia a los tratamientos. Argentina no tiene planes de largo plazo. Para diseñar políticas apropiadas tenés que tener datos reales.
-¿Por qué cree que la pandemia (cuando la falta de datos fue grave y clara) no fue una oportunidad para mejorar eso?
-Vos lo mencionás. Llegamos a tener un mapa mundial de lo que pasaba con el Covid; datos en tiempo real de los que se infectaban, curaban, morían... En cáncer, eso debería ser incluso más sencillo. Tener una foto del cáncer en Argentina sería simple, desde el punto de vista logístico. Tenemos que tener políticas para mejorar las métricas. Es un gran desafío por delante. En 2018-2019 fui presidente de la Sociedad Argentina de Oncología Clínica. Entonces, con el Instituto Nacional del Cáncer tratamos de establecer puentes sólidos para lanzar planes que después no se ejecutaron. Te quedás en la puerta de algo: pasan el tiempo, las personas, los grupos políticos, las sociedades científicas y las cosas no se cumplen. Tenemos que aprender de ciertos países centrales y tener los datos de los pacientes y destinar los recursos hacia donde se necesita.
-Hablemos de acceso. La industria farmacéutica se empieza a preguntar por el sentido de desarrollar terapias innovadoras que luego nadie podrá pagar. ¿Qué opina?
-Lo primero es el acceso a la información sobre cáncer; acceso a los factores de riesgo y a educación en estos temas para todo el plantel sanitario (no sólo los oncólogos), con miras a tratar mejor a los pacientes. Además, acceso a metodología diagnóstica: no podés tratar un cáncer de mama si no tenés metodología diagnóstica. Y después, buen acceso a la terapéutica. No siempre es el medicamento de alto costo. El principal pilar de tratamiento contra el cáncer en 2026 sigue siendo la cirugía. Hay enfermedades que se tratan con medicamentos específicos (linfomas, leucemias), pero cáncer de colon y próstata y pulmón son las más prevalentes y el tratamiento más importante con carácter curativo sigue siendo la cirugía.
-Siempre y cuando sea oportuna. No es inusual que el paciente llegue tarde...
-Sí. Para eso se precisa educación. El sistema debería tener las colas de espera contempladas como métrica, para ir mejorándolas. Por eso el alto costo no es el principal obstáculo. El tema del acceso es el buen tratamiento. Esto es, diagnóstico, cirugía, la consulta con el cirujano... Ahora bien, no creo que haya que parar el avance farmacéutico. Uno debe seguir conociendo. Desde que se descifró el genoma humano, la corrida es al lado de un tren. Uno se puede caer en el camino, pero el desarrollo debe seguir. Argentina tiene recursos humanos para hacer realidad el avance tecnológico, pero tenemos ciertas limitaciones. El ejemplo más concreto, hablando de médicos y oncólogos, es la falta de tiempo protegido para poder desarrollar investigación.
-¿Quiere decir tiempo para estudiar, leer papers o participar de investigaciones científicas?
-Sí, por ejemplo. Y no sólo estudiar. Es desarrollar ideas, tener espacio para desarrollar investigaciones propias, quizás en alianza con la academia. El tiempo protegido es muy escaso acá. El pluritrabajo del médico es un gran problema.
En su consultorio. Reconoce que los médicos deberían tener "más tiempo protegido". Foto Ariel Grinberg
-Volvamos a los medicamentos de alto costo. Se debatió mucho sobre la ANEFITS, el organismo que debería evaluar qué drogas deben cubrir los financiadores y para qué pacientes. ¿Quiénes deberían integrar ese crucial panel evaluador?
-Ante todo, en Argentina tenemos un ente superior que es ANMAT. Llevado a la práctica, el médico no decide. Si el financiador no quiere pagar, la decisión o resolución de ese hiato o grieta debe tomarla una agencia regulatoria. Ahora bien, siempre que haya una decisión, se tiene que cumplir. Debe ser multidisciplinaria y consecuente. O sea, debería ser armónica coherente, transversal a todas las áreas.
-¿Cómo se lidiaría con los pacientes que precisan el tratamiento y no lo obtienen?
-El nivel de la auditoría lo tiene ANMAT. Si dice que sí, en la consulta, claramente uno le tiene que decir al paciente que esa tecnología está aprobada para su enfermedad, más allá de quién le pagará. Después están los problemas de las estructuras intermedias: auditorías, obras sociales, PAMI, prepagas. Pero si el ente dice que sí, el médico tiene la obligación de informarle al paciente que eso está disponible. Después, los tiempos a veces se estiran con recursos de amparo, que son cuesta arriba para el paciente. Pero las aprobaciones deberían ir todas consensuadas.
-¿Pero usted cree que la ANMAT debería decidir si autoriza un tratamiento antes, en simultáneo o después de que la agencia evaluadora defina la cobertura?
-En simultáneo, como en los países centrales.
-Traducido, no ofrecer en el país lo que no se va a poder cubrir. Demasiado seguido le debe tocar dar malas noticias a los pacientes. ¿Cómo hace para no derrumbarse?
-Varió mucho con los años. Si bien hay historial de cáncer ya desde 1900, la oncología clínica surgió como especialidad en Argentina a fines de los 60. La información que circula entre médico y paciente fue cambiando. Cuando empecé, el paciente a veces no quería saber y también culturalmente era otra época. Ahora la transmisión de la verdad diagnóstica tiene otro valor. Hay gente que puede recibir la información en forma sencilla y a otra le cuesta. Es un desafío tremendo para el médico. Se habla con mucha cautela, con la verdad diagnóstica y la verdad pronóstica. Pero es complejo porque hoy, pacientes con metástasis tienen potencial de cura, de modo que esa verdad diagnóstica también es relativa. Con las nuevas terapias, hoy se puede tener la certeza diagnóstica pero no saber qué va a pasar. No les puedo decir a los pacientes que no está la cura, si no sé qué va a pasar mañana. Sin crear falsas expectativas, la esperanza es una vía real porque existe una incertidumbre cierta.
A la sombra de un grande y con luz propia
“¿Qué es lo lindo de enseñar? Es tener muchos hijos que hablan el mismo idioma. Y que los hijos sean mejores que uno. Que cada generación sea superadora y se integre a las otras especialidades. Lo hemos transmitido de forma continua, y no sólo a los profesionales de la salud: también, a colegios primarios y secundarios para que desde temprana edad sepan del cáncer y puedan focalizarse en la prevención”. Es difícil encontrar la hendija por la que mirar a Matías Chacón sin su indeleble traje de médico, actividad que lo captura día y noche, en un estrecho camino ascendente.
La de este destacado oncólogo (director del servicio de Oncología Clínica de Fleming) es en realidad la historia de un hombre de 57 que corre. Se la pasa corriendo un certamen largo y a su medida: la competencia por la competitividad, dos términos que entremezcla varias veces en la entrevista. La marcha de Chacón es firme y persistente. La meta, atravesar el desafío. Para Chacón, una forma de existir. Para sus pacientes, ganarle al cáncer es vivir.
Chacón asumirá la presidencia del Comité de Asuntos Internacionales de ASCO, la asociación de oncología estadounidense: es el primer oncólogo argentino en alcanzar este nivel de liderazgo en la organización, que es referencia mundial en el abordaje del cáncer. Competir es la pasión de este médico, le dijo a Clarín. Los obstáculos se imponen pero ganan el esfuerzo, la inteligencia estratégica y una vocación de servicio a la que, en su relato, vuelve como un mantra.
Chacón es padre de discípulos. Es, también, hijo. Su padre, pilar en la historia de la oncología argentina, es Reinaldo Chacón. Mismo apellido, misma profesión, misma especialidad, misma institución, donde Chacón padre es director académico. “Yo ahora soy su jefe”, se ríe Matías, tras expresar las muchas formas de la admiración por su padre: “Por su trayectoria y porque lo que hizo y hace es vocación de servicio”.
“Mi padre fue un pionero ya en los años 60 y desde chico nací con el signo de cáncer del lado de la familia, en esto de ayudar. Pero personalmente lo tomé como desafío porque mi padre no deseaba que fuéramos médicos. Yo asumí el desafío, en esto que él no quería”, reveló, y sentenció: “Perdió. Yo soy médico, mi hermana es médica y mi otra hermana es psicóloga. Decidí hacer esto de manera competitiva. Hacer lo mejor posible para los pacientes”.
Recuerdos sobre su escritorio. Foto Ariel Grinberg
En cuanto a sus hijos, “es una alegría que la profesión no sea un legado sino que cada uno haya elegido lo que le gusta. La medicina, más allá de todo el tiempo que insume investigar, estudiar, atender pacientes, trabajar en organizaciones, hace que la vida sea bastante más compleja desde lo social. Por eso los empujé a que no hicieran la carrera, cosa que he logrado y me enorgullece. Uno aprende de ellos todos los días”, reflexionó.
Todos los meses, hace más de una década, Chacón se toma un avión a Misiones. “Es otra cosa que hice a lo largo de los últimos 13 años: asumir como director académico del Instituto Misionero del Cáncer, que funciona de manera interdisciplinaria con profesionales del Hospital Escuela de Agudos 'Ramón Madariaga'”, compartió con orgullo de servicio. Luego, completó: “Ahí soy director académico. Lo que hacemos es formar oncólogos en una provincia que lo necesita. Hace 15 años me lo propuso el director del hospital. Voy mensualmente y sigo formándome. Acepté el desafío”.
Itinerario
Matías Chacón, médico especialista en Oncología Clínica por la UBA, es jefe del Departamento de Oncología Clínica del Instituto Alexander Fleming (IAF), subdirector de la carrera de Especialista en Oncología en esa institución y director académico del Instituto Misionero del Cáncer. Fue presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica y ahora asumió ese cargo en el comité de Asuntos Internacionales de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), donde liderará iniciativas en materia de educación médica, cooperación científica internacional y acceso global a la salud.
Al toque
Un líder: Manuel Belgrano.
Un prócer: Domingo F. Sarmiento.
Un libro: "Un capitán de quince años" (Julio Verne).
Una película: “Amadeus” y “Cinema Paradiso”.
Una serie: Tengo poca memoria para los títulos de las series.
Un equipo: Racing Club, sin dudas.
Una comida: Paladar muy simple.
Una bebida: Cualquier bebida sin alcohol.
Una sociedad (que admire): No existe el idealismo completo.
Un lugar: Algo cerca del mar.
Una pasión: La competencia.
Un logro: Educar profesionales.
Un sueño: Que en Argentina se priorice la prevención y se establezca un registro de pacientes de cáncer.
Un recuerdo: Mi adolescencia en el Colegio Nacional de Buenos Aires.
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