En el avión --lleno a reventar-- resonaba "pongan huevo huevo Argentina / pongan huevo, huevo sin cesar / que esta tarde cueste lo que cueste / esta tarde tenemos que ganar". El partido entre Argentina y España no había empezado aún y todo era entusiasmo en el vuelo que había salido horas antes del aeropuerto de Estambul con destino final Buenos Aires, con escala en San Pablo.

Fueron casi tres horas a 10 mil metros de altura, cruzando el Océano Atlántico a puro nervio. Mientras las pantallas de cada asiento mostraban la transmisión de la final del Mundial de Fútbol 2026, se canto el himno argentino, se coreo pidiendo la victoria y se contagio a los pasajeros que fueron sorprendidos por la final sin comerla ni beberla.

Analia Gonzalez Simonetto, antropóloga y arqueóloga forense, era una de las pasajeras de ese vuelo. Vivió el entusiasmo, los nervios y finalmente la tristeza, en su regreso a casa luego de un extenuante trabajo de más de 10 días en Georgia. En el mismo vuelo también iba la delegación sub 20 de la Unión Argentina de Rugby (UAR).

Territorio de disputas políticas y étnicas desde hace décadas, Georgia tiene más de 2.300 personas desaparecidas. "Anita" --como todos conocen a Simonetto-- fue en misión humanitaria tras un acuerdo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) con la Cruz Roja. Nunca hizo el cálculo de que ese viaje podía ponerla en medio del cielo durante la final del Mundial. Pero pasó.

La foto de la puerta de embarque, y la ilusión.

Futbolera fanática, poco antes de abordar el vuelo en Estambul --cerca de las 3 de la mañana hora argentina-- posteo una historia en Instagram como para ilusionarse: la puerta de embarque era la D 10. Una buena señal sin dudas. ¿De Diego, tal vez?

No pudo ser. Al menos esta vez.

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La final contra España desde el aire

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