La Justicia de la provincia de Buenos Aires condenó a una Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART) a pagar una indemnización millonaria a un trabajador que sufrió un infarto mientras cumplía funciones en una fábrica de autopartes. El fallo se basó en la desatención médica por parte de la empresa y no en las razones que pudieron causar el infarto.

El Tribunal de Trabajo N°3 de La Plata dictaminó que Federación Patronal Seguros debe pagarle 351 millones de pesos a César Gustavo Fernández, quien era empleado de la empresa Albano Cozzuol S.A. desde 2009 y el 24 de noviembre de 2021, pasadas las 6, sufrió un infarto mientras realizaba sus tareas en la fábrica de componentes plásticos para la industria automotriz.

Fernández, que tiene 54 años y dos hijos, quedó con cuadriparesia, una condición que afecta severamente la movilidad de las extremidades, que lo obliga a estar de por vida en una silla de ruedas, además de padecer problemas neurológicos "producto de que la empresa minimizó su estado de salud, porque hoy César podría tener una vida normal con stents, pero se encuentra postrado en una cama porque se lo mandó a un sanatorio en remís en lugar de llamar a una ambulancia", le cuenta a Clarín el abogado Matías Martínez.

La falta de un desfibrilador en la fábrica, sumado a que la reacción de la empresa demorara la atención médica, afectaron aún más la salud de Fernández, quien desde hacía días venía nervioso, acumulando estrés, porque Albano Cozzuol S.A. le insistía realizar horarios rotativos, algo que alteraba la vida de sus dos hijos menores que estaban a su cargo. El empleado venía desarrollando su trabajo entre las 6 y las 14 horas.

Una foto familiar reciente. César, en la silla de ruedas, junto a Alejandra, con el perrito, y los cinco hijos (3 de ella, 2 de él).

"En lugar de recurrir a una ambulancia equipada, la empresa le envió un remís que demoró media hora en llegar y otros quince minutos en llevarlo al Sanatorio Argentina (La Plata), cuando sólo a cuatro minutos de la fábrica se encontraba el Hospital San Roque. Mandó a un compañero de trabajo para acompañarlo, sin ningún conocimiento para hacer RCP en el trayecto. Cuando llegó al sanatorio, César presentaba una hipoxia (falta de oxígeno), que derivó en una muerte súbita y fue revivido en el sanatorio a través de electroshocks", describe el letrado.

La Justicia falló en favor de Fernández, calificando la causa como "accidente de trabajo por ocasión", algo que lo hace histórico "porque los infartos no están dentro del nomenclador de los que serían accidentes de trabajo, ya que la Justicia siempre fue reticente ante este tipo de patologías y se han rechazado numerosas demandas. Aquí se puso el foco en el concepto 'por ocasión' y en la desatención y el abandono que sufrió César", remarca Martínez.

"Un ratito de alegría"

Alejandra Mir (54) es la mujer de César. Se conocieron en un colegio industrial de La Plata y se reencontraron en 2016. Solteros, cada uno con sus hijos de parejas anteriores, empezaron un vínculo "cada uno en su casa", hasta que después de la internación de un año que tuvo que atravesar él, ella lo llevó a su casa luego de varias charlas y reuniones con los hijos. César tiene a Lucas (21) y Camila (19), y Alejandra a Verónica (34), Ignacio (30) y Valentina (22).

Un imagen de César en 2021, antes del infarto.

"Hoy vivimos en una casa hospital, que está equipada y adaptada a todas las necesidades que tiene César. Tenemos todo lo necesario para evitar, dentro de lo posible, que haya que internarlo en un hospital, con los riegos del contagio de virus y bacterias que un traslado representaría. Acá tenemos tubos de oxígeno, kit de corticoides, oxímetro, mascarillas y hasta un elevador hidráulico que ayuda a levantarlo de la cama y de la silla de ruedas", cuenta Alejandra.

Durante la semana, el hogar del barrio Variadores, entre Ensenada y Tolosa, es una romería de médicos y especialistas: una clínica, un kinesiólogo, un enfermero, un terapista ocupacional y una fonoaudióloga. Además, cuenta con un cuidador todos los días,

Alejandra y César empezaron su relación en 2016.

Serena, optimista y dueña de una fuerza de voluntad admirable, Alejandra confiesa que, después de todos los inconvenientes padecidos por el cuadro de salud de César, eligió estar al lado de su pareja: "Es una elección que tiene que ver con el amor, yo lo amo profundamente y en su momento hablé con mis tres hijos y con los dos de César para comunicarles que yo voy a estar, voy a poner el cuerpo y la mente". La madre de los hijos de César los abandonó en 2008 y desoyó siete pedidos de la Justicia.

"Lucas y Camila no son mis hijos, pero yo los cuido y los guío como si fuera la madre. Tengo una guarda legal de ellos y compartimos un hermoso vínculo. Ellos eligieron estar conmigo, y saben que yo les insisto y los estimulo para que estudien y progresen, porque son ellos los que el día de mañana tendrán que cuidar a su papá. Hoy están presenten, ayudan, le cambian los pañales, y dentro del panorama que tenemos, me pongo una coraza e intento enseñarles a reír y a desdramatizar", afirma.

"El amor familiar ayuda mucho en el día a día de César", cuenta Alejandra Mir, su pareja.

Sobre el fallo histórico de la Justicia, que la Suprema Corte bonaerense deberá ratificar, Alejandra sonríe cómplice: "Se habla de la plata, de los más de 300 millones de pesos... ¿Sabés todo lo que hay que pagar? No te das una idea. ¿Sabés los préstamos que tuve que pedir porque debí hacerme cargo de cirugías y tratamientos? Sinceramente, lo que yo más rescato es la sentencia es la asistencia médica de por vida. Eso es fundamental. También hay un sueldo simbólico que paga la ART".

Recuerda el hecho dramático sufrido por su compañero de vida y no hay enojo ni resentimiento aunque reconoce "haber pasado por todos los procesos. Lo que más me duele es la desidia, el abandono hacia los trabajadores... A la empresa no le importaba nada, le daba lo mismo que la enfermería estuviera cerrada, que el encargado de César le dijera 'tomá agua, no es para tanto' cuando el se agarraba el pecho... y que termine llamando a un remís y no a una ambulancia".

"Con una reacción humana -prosigue la mujer- hoy César estaría con un stent, haciendo una vida normal. De hecho, el corazón le funciona perfecto, el tema es que César se murió literalmente en el remís, cuando tuvo el segundo infarto y cayó en los brazos del compañero que no tenía la menor idea qué hacer. Entre ese infarto y los electroshocks que le dieron, estuvo unos minutos muerto, literal. El cerebro estuvo sin oxígeno, las secuelas que tiene hoy son por la desidia, no por un tema cardíaco".

No hubo tiempos para acumular broncas ni lamentos, había que arremangarse para el único objetivo familiar- "Que César tenga buenos momentos, porque su situación motriz no va a cambiar, pero el amor y la atención que le damos no te imaginás cómo lo levanta". Más allá de la casa-hospital, Alejandra se propuso que su pareja tenga vida de hogar. "Dormimos juntos en la misma habitación y yo estoy atenta a su respiración como si fuera un bebé. Hace 70 apneas por hora por eso duerme con una mascarilla que abre sus vías respiratorias", añade Alejandra.

César no sabe qué le pasó, tampoco se queja, ni se deprime. "Cuando está conectado neurológicamente vemos series, partidos... la familia busca que tenga ratitos de alegría. El otro día vimos juntos Argentina-Inglaterra y estaba muy metido con lo que pasaba y cuando hablaron los jugadores lloró... Fue la primera vez en todos estos años que lloró. Fue muy fuerte. ¿Si me reconoce? A veces sí, sabe que soy la que está siempre a su lado, a la que obedece sin chistar y a veces me llama mamá. Otras me agradece dulce acariciándome el pelo moviendo su mano muy lentamente", lagrimea la mujer.

En tono intimista cuenta "lo gran padre que fue y que es César". En 2008 fue abandonado por la madre de sus hijos Lucas y Camila, que eran bebés de uno y dos años: "El siempre los cuidó, los protegió y les dio todo lo que pudo. ¿Sabés por qué no se murió César? Porque no quería dejarlos solos. Un padrazo".

Es cerca de la hora de cenar, primero es el turno de César, luego la familia lo acuesta y después cenan Alejandra y los hijos que estén. "Lo de cenar para César es una manera de decir, él no puede deglutir, tiene un botón gástrico y sólo ingiere una especie de leche en polvo que tiene todas las vitaminas que necesita. Tratamos de que cuando comemos nosotros, él no esté, porque podría desear comer una pizza o una hamburguesa, pero él no puede, es muy peligroso", describe la mujer.

Alejandra trabaja en una dependencia municipal y está absolutamente consustanciada con la causa, con su amor de la vida. "Yo elegí esta vida y estoy orgullosa y lo volvería a elegir todos los días. Mi única escapadita, que funciona como terapia es mi amor por el Pincha. Me hace bien Estudiantes, me llena, me desahoga, me desestructura. El sábado estaré como una leona alentándolo", afirma.

Y cuando se le pregunta por un sueño, ella dice con sencillez: "Poder comprar una casita modesta, con algo de verde y un patio, para que César pueda seguir con su tratamiento, pudiendo ver un poco de naturaleza".

La palabra de la defensa

Clarín se comunicó con el Estudio Lestani, representante legal de Federación Patronal, que brindó su postura después de la sentencia en primera instancia. "Entendemos que el fallo es desmedido e infundado, y vamos a tratar de que sea revertido. Se apeló porque no se trató de un 'accidente de trabajo' y no estamos de acuerdo en el modo de cuantificar la indemnización", dice el abogado Enzo D'Ambrosio Capace.

"La situación no fue minimizada por la empresa, de hecho se puede ver por un video de las cámaras de seguridad, cómo el señor Fernández se manejaba con total tranquilidad y sin presentar ningún signo de que estuviera sufriendo un infarto. La elección de ir en remís fue porque, en el momento, no parecía que se tratara de una emergencia de ningún tipo. Y el sanatorio fue elegido por el mismo Fernández; es normal que uno quiera ir al sanatorio donde se atiende normalmente", agrega el letrado.

Finalmente, la defensa le dijo a este medio que "había desfibrilador en el lugar, pero nadie pensó en un infarto. Insisto, el señor Fernández estaba lúcido, caminando con normalidad y sin presentar signos de ese diagnóstico. Fue realmente una tragedia, pero no estamos ante un accidente en ocasión laboral".

AA