Era una tarde más en la costa de Venezuela, cuando de pronto la tierra tembló. Menos de dos minutos fue el tiempo que necesitaron los dos sismos consecutivos para dejar a su paso un paisaje de caos y devastación. Edificios destruidos, miles de personas bajo los escombros y familias separadas. En unos instantes, muchos lo perdieron todo. ¿Cómo sería verlo con los ojos de un niño?
Según informa UNICEF, 3.9 millones de chicas y chicos viven en las áreas afectadas y 680.000 fueron impactados directamente por el desastre. Tras los letales efectos del terremoto, el peligro sigue. Los servicios de agua potable y saneamiento están interrumpidos. Muchos hospitales y centros de salud fueron dañados.
La emergencia aumentó los riesgos de separación familiar, violencia, abuso, explotación y sufrimiento psicosocial. Cientos de escuelas resultaron dañadas o funcionan como refugios temporales. En medio del desastre, las chicas y chicos vieron cambiar sus vidas para siempre.
Ayuda desde el primer momento
UNICEF respondió desde el inicio, brindando apoyo humanitario integral: hasta el momento distribuyó al menos 82 toneladas de suministros, incluyendo kits de salud de emergencia, vacunas, equipos de purificación y almacenamiento de agua, y carpas para espacios amigables para la niñez.
También está presente en el lugar con kits de salud mental, servicios de protección a la infancia, apoyo psicosocial en emergencias y desarrollo infantil temprano. Además, coordina con las autoridades la continuidad de los servicios educativos en los municipios con escuelas afectadas. Esta respuesta se verá reflejada en la próxima emisión del programa Un Sol para los Chicos, el sábado 8 de agosto a las 17 horas por eltrece.
"No sé cómo mantuve la calma”
El 24 de junio, Gabriela, de 16 años, cuidaba a su sobrino de un mes cuando la cama en la que estaban comenzó a moverse. “Pensé que mi sobrino mayor estaba pateándola", cuenta. De pronto, todo se sacudió. “Una de las paredes de mi casa se cayó y pude ver cómo la tierra se tragaba una de las casas de enfrente. Nunca había vivido algo así. No sé cómo mantuve la calma", recuerda.
Guiada por su instinto, tomó al bebé en brazos y buscó refugio junto a su hermana y su otro sobrino. Hoy, los cuatro viven en uno de los campamentos transitorios habilitados para las familias que perdieron sus hogares.
A las pérdidas materiales se suman las huellas emocionales. Gabriela participa de actividades especiales para adolescentes en un Espacio Amigable para la Infancia promovido por UNICEF en la localidad de Catia La Mar. “También me gusta apoyar con los grupos de los niños más pequeños", dice. Su vocación por ayudar se convirtió en una forma de empezar a sanar.
Gabriela, de 16 años, logró escapar, salvando su vida y la de su sobrino. Ahora vive en un refugio temporario, donde recibe apoyo psicosocial y colabora con los grupos de niños. Foto: UNICEF
Pero su historia de reparación, como la de miles de sus compatriotas, recién está comenzando, y para ayudarlos es clave que la presencia humanitaria continúe.
El desafío de reconstruir
Tras una primera fase centrada en la estabilización y el apoyo vital, UNICEF despliega una segunda fase para restablecer los servicios esenciales y los sistemas de largo plazo, especialmente en agua, salud y protección. Para esto, sigue siendo imprescindible contar con financiación sostenida y flexible para llegar a cada niño y cada niña que aún espera ayuda.
Un vuelo con 47 toneladas de ayuda humanitaria provista por UNICEF aterriza en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar. Foto: UNICEF
Para poder continuar apoyando esta respuesta, el compromiso solidario es clave. Todas las personas que quieran ayudar pueden sumarse a la campaña, llamando al 0810-333-4455 o ingresando en unicef.org.ar/unsol. Quienes comiencen a donar o refuercen su donación mensual, participarán por el sorteo: Renová tu casa con Naldo. Ver bases y condiciones en unsolparaloschicos.com.ar.
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