El lugar donde nace un niño puede determinar sus oportunidades de vida. La conclusión se desprende del nuevo Índice Provincial de Niñez que presentó UNICEF este jueves, que muestra una mejora general en la última década, pero también profundas desigualdades entre las 24 jurisdicciones. Educación, condiciones materiales, salud y violencia construyen un mapa donde no todas las infancias tienen las mismas oportunidades.

¿Se puede hablar de una “infancia argentina” o tenemos que hablar de distintas infancias según el territorio y las condiciones socioeconómicas? “Podemos hablar de una infancia en términos de sus derechos, pero de múltiples infancias en términos de las condiciones de vida”, dice a Clarín Sebastián Waisgrais, Especialista en Inclusión Social de UNICEF Argentina.

El nuevo Índice Provincial de Niñez (IPN) reúne por primera vez información sobre cuatro dimensiones centrales para el bienestar de niñas, niños y adolescentes: condiciones materiales, educación, salud y violencia. La medición permite comparar la situación de las 24 jurisdicciones y analizar su evolución entre 2016 y 2025.

El resultado -de 0 a 1- combina una buena noticia con otra que obliga a mirar el mapa con atención. El promedio nacional pasó de 0,569 en 2016 a 0,630 en 2025 y 22 de las 24 provincias mejoraron su índice durante la década. Pero esa mejora no significó que las brechas territoriales desaparecieran. En 2025, Tierra del Fuego y la Ciudad de Buenos Aires superaron los 0,8 puntos, mientras Formosa quedó en 0,349.

No hay una única desigualdad que explique las condiciones de vida de niñas, niños y adolescentes. Precisamente, uno de los principales hallazgos del Índice es que las oportunidades y privaciones surgen de la combinación de múltiples dimensiones con las que se cuenta con información: condiciones materiales, educación, salud y violencia”, explica el especialista de UNICEF.

Las oportunidades y privaciones surgen de la combinación de múltiples dimensiones. Foto: UNICEF

El índice no busca establecer simplemente qué provincias están “mejor” o “peor”, sino identificar cuáles son las dimensiones que explican esos resultados y, a partir de allí, orientar políticas públicas. Dos jurisdicciones pueden tener un resultado general parecido y, sin embargo, enfrentar problemas muy diferentes.

Norte y Sur

En el mapa de 2025, las provincias patagónicas tienen varios de los valores más altos. Tierra del Fuego, CABA, Neuquén, Chubut, Río Negro y Santa Cruz aparecen por encima del promedio nacional. En el extremo inferior se ubican provincias del norte, entre ellas Formosa, Chaco, Misiones y Corrientes.

“Si se busca identificar cuáles aparecen hoy como los factores más condicionantes, el índice muestra tres grandes cuestiones. En primer lugar, las desigualdades territoriales vinculadas a condiciones materiales de vida siguen siendo muy relevantes. Las diferencias en pobreza extrema y necesidades básicas incompletas continúan marcando brechas provinciales. Incluso cuando mejoran los ingresos, persisten privaciones estructurales”, señala Waisgrais.

“La educación emerge como uno de los principales desafíos transversales. Es la dimensión que presenta el valor agregado más bajo dentro del índice y la que muestra una evolución más débil entre 2016 y 2025. Los datos muestran que no alcanza con garantizar la asistencia escolar: persisten brechas en terminalidad educativa, aprendizajes y acceso a recursos digitales, aspectos que condicionan las trayectorias futuras de niñas, niños y adolescentes”, asegura.

La dimensión educativa alcanzó apenas 0,477 en 2025, por debajo del valor de 2016. El dato muestra que el problema ya no pasa solamente por lograr que los chicos entren a la escuela, sino por garantizar que permanezcan, aprendan y terminen la secundaria.

El lugar donde se nace sigue siendo determinante. Foto: UNICEF

“Las desigualdades en salud y violencia siguen siendo significativas, especialmente en algunas provincias. Las diferencias en mortalidad infantil evitable, cobertura de vacunación, bajo peso al nacer y embarazo de niñas menores de 15 años muestran que el lugar donde se nace y crece continúa influyendo fuertemente en las oportunidades de desarrollo”, agrega el especialista.

Mejorar no es lo mismo que igualar

Algunas de las provincias que más avanzaron durante la última década continúan entre las que presentan peores condiciones generales. El caso más evidente es Chaco. Fue la jurisdicción que registró el mayor incremento del índice entre 2016 y 2025, pero todavía permanece entre las provincias con valores más bajos.

“Una provincia puede mejorar mucho en el índice y, aun así, seguir entre las que tienen peores condiciones para la infancia porque mejorar no es lo mismo que reducir brechas”, explica Waisgrais.

“Los datos del índice muestran que varias jurisdicciones que partían de niveles muy bajos lograron avances importantes entre 2016-2025, pero esos progresos no siempre fueron suficientes para alcanzar al promedio nacional o a las provincias que ya se encontraban en posiciones más favorables, que muchas veces también siguieron avanzando”, agrega.

“Considerando los datos del índice, se puede observar que las diferencias entre el norte y la Patagonia no pueden atribuirse exclusivamente a factores económicos ni únicamente a las capacidades estatales y las políticas públicas. Por el contrario, son el resultado de la combinación de ambas dimensiones y de procesos acumulados en el tiempo”, explica el especialista.

“Por un lado, se evidencia que las provincias con resultados más desafiantes suelen presentar mayores privaciones materiales, vinculadas a ingresos más bajos, mayores niveles de pobreza extrema y una mayor incidencia de pobreza estructural”, detalla.

Las políticas públicas sostenidas en el tiempo influyen en las infancias. Foto: UNICEF

Y agrega: “Por otro lado, las diferencias también reflejan capacidades institucionales y políticas distintas. Algunas jurisdicciones logran mejores resultados en educación, salud o prevención del embarazo en niñas menores de 15 años, lo que sugiere diferencias en la capacidad de sostener políticas, coordinar sectores y garantizar servicios”.

Las políticas públicas

El índice también permite ver que detrás de algunas mejoras hay políticas sostenidas en el tiempo. “Los datos del índice sugieren que una parte importante de las mejoras observadas está asociada a la implementación y sostenimiento de políticas públicas, aunque se advierte que los resultados suelen ser acumulativos y dependen también de condiciones económicas y sociales más amplias”, explica Waisgrais.

En salud, por ejemplo, la reducción de la mortalidad infantil evitable está relacionada con controles prenatales, atención oportuna, infraestructura sanitaria y fortalecimiento de la atención primaria. La vacunación, a su vez, requiere campañas sostenidas, disponibilidad de insumos y capacidad para llegar a poblaciones dispersas.

En educación, las políticas necesarias son más amplias. “Los avances requieren políticas que vayan más allá de la ampliación del acceso. El acompañamiento de trayectorias escolares, la prevención del abandono, la promoción de la terminalidad secundaria, el fortalecimiento de los aprendizajes y la reducción de las brechas digitales son áreas de intervención clave”, asegura el especialista de UNICEF.

También las condiciones materiales necesitan respuestas que excedan los ingresos. “Superar las privaciones estructurales exige políticas públicas sostenidas en vivienda, infraestructura y acceso a servicios básicos”, señala.

Las condiciones materiales exceden los ingresos. Foto: UNICEF

El índice incorpora una dimensión vinculada con violencia, pero no hay datos provinciales suficientes y comparables para medir de manera integral todas las formas de violencia contra niñas, niños y adolescentes.

El indicador del embarazo en niñas menores de 15 años muestra una evolución favorable, pero no hay mucho más. La falta de información es un problema para las políticas públicas: lo que no se mide de manera sistemática resulta más difícil de dimensionar, prevenir y atender.

“Los resultados del índice evidencian que el lugar de residencia continúa asociado a diferencias significativas en las condiciones materiales, las oportunidades educativas, los resultados sanitarios y la exposición a situaciones de violencia. Es decir, las brechas reflejan que las experiencias de la infancia son muy diferentes según el territorio en el que los niños nacen y se desarrollan”, asegura Waisgrais.

“Garantizar que el lugar donde nace un niño no determine sus derechos requiere una combinación de políticas nacionales y provinciales, recursos adecuados y estrategias territoriales diferenciadas, capaces de compensar las desigualdades estructurales entre provincias”, plantea.

UNICEF convocó a los gobiernos provinciales a firmar un Compromiso por la Niñez y la Adolescencia para priorizar la agenda de infancia y mejorar indicadores centrales de bienestar.

“Contar con información periódica y comparable, como es el caso de este índice, permitirá monitorear brechas y orientar políticas -concluye el especialista-. Para que el lugar de nacimiento no determine los derechos de chicas y chicos es necesario construir una agenda que garantice estándares mínimos y en donde la niñez aparezca en el centro de las políticas”.