Primero el golpe. Después el chillido de los fierros retorciéndose. Silencio. Y enseguida, los gritos en medio de la oscuridad. El colectivo que avanzaba a 70 kilómetros por hora camino a Chajarí, Entre Ríos, había quedado atravesado sobre la ruta 12, con la parte delantera completamente destruida. Parecía un acordeón.

Así lo recuerdan, 30 años después, Daniel De la Cruz, Ricardo Fuentes y Mario Riquelme, sobrevivientes del trágico accidente que conmocionó a la música popular y a toda la sociedad argentina. Un 7 de septiembre a las 7 de la tarde murieron 7 personas: una de ellas era Gilda, referente de la cumbia argentina. Ese día comenzó a nacer su mito.

En la tragedia, también fallecieron su hija Mariel; su madre, Isabel Scioli; el chofer Elvio Mazzucco; y los músicos Quique Tolosa, Gustavo Babini y Raúl Larrosa.

“Venía durmiendo y escucho el golpe terrible. Escucho los fierros, como se retuercen y después un silencio que de repente se interrumpe por gritos desgarradores y llantos. Fue terrible. Me desperté y no entendía qué pasaba”, repasa ahora Danny de la Cruz, uno de los pasajeros que pudo sobrevivir.

Miriam Alejandra Bianchi, mejor conocida por su nombre artístico Gilda, rompió con la imagen tradicional de las cantantes de bailanta de la época y transformó el rol y el prestigio del género en los años 90. Grabó cuatro discos de estudio durante su carrera solista que marcaron un hito en la movida tropical y hasta hoy se siguen escuchando: superan los 500 millones de reproducciones.

Grabó De corazón a corazón (1992); La única (1993); Pasito a pasito con... Gilda (1994); y Corazón valiente (1995). Tras su fallecimiento, se publicó el álbum póstumo Por Siempre Gilda (1997).

La cantante con su hija Mariel, que también falleció en el choque.

Gilda era maestra jardinera, hija de un empleado público y de una profesora de piano. Se crio en el barrio porteño de Villa Devoto. Su carrera como cantante tropical había empezado pocos años antes del accidente.

“A mí no me gustaría pasar de moda”, dijo Gilda durante una de las giras, recuerda De la Cruz, trompetista de la banda y actual músico de Damas Gratis. En uno de esos viajes, Gilda le confesó que no quería ver el momento en que su carrera se apagara o su nombre quedara en el olvido. Tres décadas después de su muerte, su mayor temor nunca se cumpliría: su música ha traspasado generaciones.

Las giras eran agotadoras. “Solíamos salir los jueves y regresar los martes. A veces estábamos entre cuatro y cinco días a la semana conviviendo en la ruta. Pasábamos más tiempo juntos que con nuestras familias”, cuenta Ricardo Fuentes, uno de los plomos (asistentes) de la banda. Actualmente, Ricardo vive en Bernal y trabaja como empleado en la Municipalidad.

Ricardo Fuentes, Mario Riquelme y Daniel De La Cruz. Foto: Fernando de la Orden

El último viaje había empezado al mediodía. Gilda había hecho un show en los estudios de Canal 2 ubicados sobre la calle Humboldt, en Capital Federal. El asistente de la banda, Mario Riquelme, cuenta que con Elvio (el chofer del colectivo) se habían ido a almorzar, como hacían normalmente, antes de viajar para Entre Ríos. Mario hoy se dedica a la construcción y, los fines de semana, es árbitro de fútbol.

Lo único que le llama la atención al recordar esa mañana es que después del programa de televisión, Gilda quiso desviarse hasta Devoto y buscar a su mamá Isabel y a sus hijos Fabricio y Mariel: “No estaba programado, ese día se le ocurrió. Nos sorprendió pero no nos pareció raro”.

Los sobrevivientes contaron que cada vez que podía sumaba a los hijos a los viajes, pero remarcan que la madre de Gilda nunca viajaba con ellos: “Fue la primera vez”.

“Parecía un día normal, aunque teníamos sueño porque habíamos tocado la noche anterior y habíamos ido a la televisión --cuentan los sobrevivientes-- por eso la mayoría iba durmiendo”. Según detallan, afuera lloviznaba y en el recorrido iban charlando y descansando, como en cualquier otro viaje.

Video

A 30 años de la muerte de Gilda: hablan los sobrevivientes del accidente

Mitos y verdades del día del accidente

En el colectivo viajaban 18 personas. Algunas estaban sentadas y otras dormían en las camas cuchetas. En el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, un camión brasileño de carga intentó pasar a otro vehículo, se cruzó de carril y chocó de frente contra el micro.

Gilda estaba sentada, tenía a su hija encima. Mario estaba cerca de la puerta. Daniel dormía en la cucheta del lado derecho del colectivo. Ricardo, que tenía su cama habitual, esa tarde terminó en el pasillo porque su cuñado había ocupado su lugar. El cambio fue decisivo.

Fue tan fuerte el impacto que su cuñado sufrió una lesión medular. “Venía boca abajo. Se le cortó la médula en la quinta y sexta vértebras. Sobrevivió, pero quedó en silla de ruedas desde ese tiempo", cuenta Ricardo.

Ricardo Fuentes era uno de los asistentes de Gilda. Hoy la recuerda.

El choque generó un efecto dominó. Inmediatamente detrás del colectivo venían dos autos: un Ford Falcon y un Fiat 147.

“Había olor a quemado, como cuando calientan un fierro oxidado --recuerda Daniel--. Yo venía durmiendo y me despertó el impacto". Aturdido y descalzo, salió caminando por el frente del colectivo.

Fue un choque importantísimo. Cuando me incorporé me di cuenta de que el micro terminaba donde estaba yo, en la mitad. Tenía la trompa totalmente destruida”, relata Ricardo Fuentes.

Mario había quedado atrapado entre las cuchetas y cuenta que “todo se puso oscuro. Sentí una fuerte sensación de encierro. Se había caído todo el sonido arriba mío. Pregunté qué pasó y recuerdo que Ricardo me dijo, ‘chocamos’ pero no entendía nada. Me agarró una desesperación que me dio fuerza porque no sé cómo hice pero me corrí el sonido de encima y pude salir”.

  • El autobús de la tragedia