Durante 46 años, dos mujeres llevaron adelante sus vidas sin saber que el día que nacieron habían sido entregadas a familias equivocadas. La historia comenzó el 25 de mayo de 1977, cuando sus madres parieron en la misma maternidad provincial de Córdoba. Por un "error o negligencia del personal", como determinó la Justicia, fueron intercambiadas.

Cada una creció con la familia que creyó que era la propia. Pasaron la infancia, la adolescencia y buena parte de la adultez sin conocer que existía otra mujer que había nacido el mismo día y en el mismo lugar, y que sus historias habían quedado cruzadas desde el comienzo.

La verdad recién apareció cuatro décadas más tarde. Una de las mujeres inició una investigación ante la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), después de que los primeros estudios genéticos determinaran que no existía vínculo biológico con quienes la habían criado.

A partir de esa investigación se logró identificar a la otra mujer, que había dado a luz el mismo día en la misma maternidad. Nuevos estudios de ADN permitieron reconstruir los vínculos biológicos y confirmar que las dos habían sido intercambiadas al momento de nacer.

El descubrimiento significó mucho más que conocer un dato sobre el propio origen. Para las protagonistas implicó revisar una trayectoria construida sobre una "falsedad" y asumir que las personas que habían ocupado el lugar de padres y hermanos no eran, desde el punto de vista biológico, su lugar de origen.

Nicole, la madre de una de las bebas intercambiadas

“Se la llevaron, llegué a ver su espalda, blanca. Y después vi a una enfermera que pasaba buscando a otra madre. Yo le pregunto por mi hija, que no me la trajeron, y me dice: ‘¿Ah, no te la trajeron? Tomá. Y me la dio. Sentí un rechazo...que no era mi hija. Después creció y no se parecía a ninguno de sus hermanos”, describió al eldocetv Nicole, la madre que crió a “M”, una de las mujeres.

Las dos Nicole y "L" se reencontraron y abrazaron. “Nos quieren pagar una miseria, queremos Justicia”, agregó sobre la indemnización por lo ocurrido en la Maternidad Provincial de San Vicente.

Una verdad que llegó demasiado tarde

El caso llegó a la Justicia y terminó con una condena contra el Estado provincial. El juez en lo Civil y Comercial de 35° Nominación de la ciudad de Córdoba, Mariano Díaz Villasuso, consideró que la Provincia debía responder por el funcionamiento defectuoso del servicio de salud.

La sentencia estableció indemnizaciones de entre $ 25 millones y $ 30 millones, más intereses, para las dos mujeres que fueron intercambiadas y para la madre de una de ellas, que durante toda su vida crió a una niña que no era su hija biológica.

Para el magistrado, la responsabilidad de una maternidad no termina con el nacimiento. También existe la obligación de garantizar que cada recién nacido sea entregado a su familia correspondiente. En el fallo, esa obligación fue considerada especialmente relevante frente al derecho a la identidad.

El juez remarcó además la dimensión del daño provocado. Las dos mujeres descubrieron que habían crecido en una familia diferente de aquella a la que pertenecían en realidad.

La situación se volvió todavía más dolorosa por el paso del tiempo. Según surge de la sentencia, dos padres y una de las madres de las familias involucradas ya habían fallecido cuando se conoció la verdad.

Eso significa que, aunque el descubrimiento permitió reconstruir los vínculos biológicos, algunas posibilidades de revinculación llegaron cuando ya era imposible concretarlas.

El derecho a saber quién se es

El fallo puso el eje en el derecho a la identidad. Para la Justicia, el daño no estuvo solamente relacionado con el error cometido en una maternidad hace casi medio siglo, sino con las consecuencias que ese error tuvo durante toda la vida de las personas afectadas.

Las mujeres no solo fueron privadas de crecer con sus familias biológicas. Al mismo tiempo, fueron incorporadas a otras familias y desarrollaron allí sus vínculos afectivos, sus recuerdos y sus propias historias.

La sentencia señala que esa afectación tiene una dimensión particularmente profunda porque involucra prácticamente todo el recorrido vital de las damnificadas. El descubrimiento, por lo tanto, no se produjo durante la infancia ni permitió corregir rápidamente el error: ocurrió cuando habían pasado 46 años.

El caso también tuvo una particularidad vinculada con el contexto histórico en el que ocurrió. La maternidad donde nacieron las mujeres había formado parte del circuito represivo de la última dictadura, pero la Justicia descartó que el intercambio de las bebés tuviera relación con ese período.

Según la información oficial del Poder Judicial de Córdoba, las mujeres que dieron a luz habían ingresado al hospital de manera libre y voluntaria para sus respectivos partos. Además, los perfiles genéticos analizados no arrojaron coincidencias con familiares de personas secuestradas o desaparecidas incluidos en el Banco Nacional de Datos Genéticos.

La resolución judicial, con fecha del 6 de agosto de 2026, corresponde a la causa iniciada por las personas afectadas por el intercambio. La condena alcanza al Estado provincial y contempla el daño moral producido por una situación que permaneció oculta hasta ahora.

Un error que cambió dos vidas

Una de las madres, Nicole, sintió cierta desconfianza justo después del nacimiento, estando todavía en la clínica. Se llevaron a su beba a las 4 de madrugada y tardaron 18 horas en volver a entregársela. Cuando la vio, le dijo a su marido: “No se ve muy parecida”. Él entendió que podía ser un efecto psicológico en su esposa, que acababa de pasar por el estrés de parir, y no le dio mayor importancia.

Pero la duda persistió.

Cuando "M", a quien crió Nicole, cumplió 46 años, en 2021, se acuerda de esa duda que le había contado su mamá, y empieza a buscar su identidad. Ella se hace un ADN y descubre que sus papás no son sus progenitores biológicos.

“M” sigue buscando en el pasado, acude a un estudio de abogados y obtiene la información de los bebés que nacieron el 27 de mayo en ese hospital de Córdoba. Consigue seis nombres de mujeres. Cuatro dan su ADN y una de ellas, descreída de que hubiera confusión pero con ganas de ayudar a esa mujer que buscaba respuestas, descubre que sus padres verdaderos tampoco eran quienes creía. Era la otra beba intercambiada, "L".

Pero en su caso, sus progenitores biológicos, habían fallecido tiempo atrás. Y en el caso de “M”, sólo está viva su madre biológica.

“En el entorno familiar surge esta conversación sobre la duda, hasta que un día M toma coraje y se hace un ADN con su mamá. Ven en el resultado y se llevan la sorpresa de que no tienen ningún lazo biológico”, cuenta a Clarín Fernando Rodríguez Mendoza, abogado de ambas bebas intercambiadas.

“La provincia de Córdoba apeló el fallo. Cuando esté firme la sentencia, el próximo paso será la corrección de las partidas de nacimiento. Pero nosotros también apelamos, porque es irrisoria la tasa de los intereses que se fijaron”, detalló.

“Las tres (por la madre que sigue viva) están devastadas. Quien creías que era tu mamá, no lo es. Y en el caso de L, lloró la muerte de sus padres, cuando en realidad no lo eran, y tiene a su madre viva”, describe Mendoza. En principio, sostiene el abogado, el intercambio “habría sido un error, no habría ningún tipo de mala intención ni vínculo con la dictadura, que es lo primero que buscamos”.

Respecto a la indemnización, Mendoza consideró que es “baja” y que, de todas formas, “mil millones podría ser poco también cuando pasan situaciones de este tipo, en las que no se puede volver atrás”. Según pudo saber Clarín, el monto no permitiría comprar un departamento de 3 ambientes en la ciudad de Córdoba.

¿Qué pasará con la herencia? "Heredarán de forma cruzada. Pero en el caso de 'L', no hay bienes, sólo una casa. Durante su infancia vivió en la calle. De ambos lados, son familias humildes, aunque 'M' pudo desarrollarse y es muy emprendedora hoy, una profesional", detalla Mendoza.

El intercambio de las recién nacidas ocurrió en un momento en que los mecanismos de identificación y control dentro de las maternidades eran muy diferentes de los actuales. Pero el paso del tiempo no eliminó las consecuencias de aquella falla.

La investigación iniciada décadas después permitió establecer que no se trataba de una sospecha aislada. La identificación de "M", cuyos padres fallecieron, se realizó a través de hermanos.

Para la Justicia, esa reconstrucción fue suficiente para establecer la responsabilidad estatal y reconocer que el daño excedió ampliamente el momento en que las bebés fueron entregadas a las familias equivocadas.

Aunque habrá una reparación económica, la propia sentencia reconoce que la dimensión del daño resulta difícil de medir, porque no permite devolver el tiempo perdido ni reconstruir las relaciones familiares que pudieron haber existido desde el comienzo.

SC